La ocupación de Ramala por parte del ejército israelí prácticamente monopoliza las portadas de prensa de este miércoles. Otras noticias destacadas por los periódicos son la pretensión de Garzón de que Batasuna pague los daños causados por la “kale borroka”, el cruce de acusaciones y reproches entre Aznar y Zapatero acerca del Pacto por las Libertades y el despliegue de F-18 y buques de guerra para la Cumbre de Barcelona.
Todos los diarios dedican un editorial a la ocupación israelí de Ramala y tienen el denominador común de verter toda su crítica contra los israelíes y de silenciar la responsabilidad palestina en el incremento de la violencia en Oriente Próximo. El sectarismo pro palestino que caracteriza a la prensa española tiene su cumbre en el editorial de El País que lleva por título, nada más y nada menos, que “Limpieza étnica israelí”.
No negamos que la ocupación militar israelí sea desproporcionada e inflinga derramamiento de sangre y abusos intolerables entre la población civil. Pero, por criticable que sea, silenciar que constituya una respuesta a la oleada de atentados indiscriminados que sufre la población judía o atribuirle un designio genocida es el colmo de la deshonestidad intelectual e informativa. Para intenciones genocidas, las proclamas de los dirigentes árabes de expulsar a todos los judíos al mar. No hay que olvidar que Israel es una isla en un mar árabe y que el oleaje de ese mar ha querido embullirla en repetidas ocasiones. Si no lo han conseguido es por la determinación israelí de recurrir a la fuerza para impedirlo a cualquier precio. No hay que olvidar que la llamada causa palestina ha ido de la mano muchas, demasiadas veces, con el deseo de la destrucción de Israel. Han sido sus insaciables demandas, cuya concesión a todas ellas hubiera acarreado el suicidio de Israel, las que han impedido, desde 1947, a los palestinos tener su Estado propio.
La prensa no se cansa de denunciar la intransigencia israelí pero olvidan la cantidad de veces que los palestinos han desperdiciado la oportunidad de conseguir su Estado propio sin que esto llevara consigo, claro está, la destrucción de Israel. La última ocasión perdida, en Camp David II, cuando Barak le ofreció a Arafat todo lo que pretendía que fuera compatible con la mutua coexistencia. Arafat no sólo rechazó la propuesta sino que, para desesperación de Clinton, no hizo propuesta alternativa alguna. Lo único que decidió fue lanzar la segunda y criminal intifada. Esta fue la opción de Arafat, no frente a la “intransigencia” de Sharon sino animado por las bienintencionadas concesiones de Barak. Este último no cesó de intentar restablecer el proceso de paz sin que la Autoridad Palestina impidiera, ni un solo día, los ataques palestinos.
El Mundo publica un espléndido artículo de Marcos Aguinisi que ilustra admirablemente estos hechos y se queja acertadamente del “Alzheimer del pueblo palestino”. En cuanto al editorial de este diario, aunque se escora del lado palestino, por lo menos reconoce que la táctica terrorista ha sido ya no sólo tolerada sino asumida por Al Fatah, el movimiento del propio Yasser Arafat. Este diario también critica, sin duda merecidamente, “la invasión a sangre y fuego de los campamentos de refugiados con docenas de tanques y hasta marcando con números en los brazos a sus prisioneros”; Pero este diario la enmarca al menos en esa pesadilla de hombres-bombas que tratan de doblegar a Israel a golpe de terror. Por otra parte, el condenable marcado de los prisioneros han sido denunciado por muchos israelíes, algunos de ellos miembros del Gobierno que aún llevan registrados en su piel su paso por los campos de concentración nazis.
ABC también carga las tintas contra Israel, reclamando a Europa y a Estados Unidos que “abandonen su pasividad” y presionen a Sharon para restaurar un proceso de paz. La “pasividad” que denuncia ABC es cierta, pero si se les reclama mayor activismo frente a la respuesta militar israelí tampoco está demás reclamarlo frente al terrorismo palestino. El apoyo de los países árabes a la política norteamericana frente a Irak no puede lograrse únicamente, como pretenden la mayoría de los periódicos, en concesiones unilaterales por parte israelí. No se puede pretender que el terrorismo no tenga rentabilidad política en EE UU pero sí en Oriente próximo.
Los dirigentes palestinos dicen de cara a la galería que Israel utiliza el terrorismo que padece para no hacer concesiones legítimas. Pues que prueben de una vez a quitarle la “excusa”.
La farsa del Pacto por las Libertades
El Mundo comenta en otro editorial el reproche que Aznar ha dirigido a Zapatero por el acercamiento de los socialistas al PNV y por estar dispuesto a que los socialistas se manifiesten en Barcelona “del brazo” de Batasuna. Este diario también critica al secretario general del PSOE por haber dicho del presidente del Gobierno que “lo que mejor aprendió en su etapa de estudiante es a atacar a la izquierda y a los demócratas”.
El Mundo critica las dos manifestaciones por igual y considera “estériles” a ambas. De eso nada. La afirmación de Zapatero de que Aznar sabe atacar a los demócratas desde sus años de estudiantes es una manifestación que ciertamente se descalifica a sí misma. La aseveración de Aznar, por lo contrario, es un hecho cierto que exige denuncia. ¿Qué estúpida corrección política y falso consenso reclama ahora El Mundo a Aznar al censurarle que denuncie el acercamiento socialista al PNV y la impresentable presencia de los socialistas en las manifestaciones antiglobalización de Barcelona?. ¿Acaso no no son ciertos estos hechos y así lo denunció como tal el propio diario en días pasados?. No sólo es legítimo sino conveniente criticar a los socialistas, tanto por el objetivo de la manifestación como por quienes les acompañan en ella.¿Qué hacen los socialistas españoles manifestándose contra los representantes democráticos europeos, muchos de ellos socialistas, en una manifestación antisistema?. Si encima van a estar acompañados de proetarras es una razón más, no menos, para criticarlos.
La bondad del pacto por las Libertades, por otra parte, no reside en cerrar los ojos a las infidelidades al mismo, sino en que se cumpla. Afortunadamente Aznar dijo ayer que el electorado debe tomar buena nota del acercamiento de los socialistas a los nacionalistas dejando claro que no va a renunciar a hacer campaña política en este asunto si el PSOE no cumple los acuerdos. Esperemos que el PP siga en esa línea que hace ya tiempo hemos demandado. La reunión de hoy de los integrantes del Pacto no debe suponer un manto que oculte las infidelidades socialistas sino una exigencia para que estas terminen. La coherencia del PP debe primar sobre su deseo de consenso. Sino es mejor dejar clara la ruptura y no convertir el pacto en una farsa como pretende El País y su obediente Zapatero.
No basta que Arenas diga genéricamente que el pacto “es muy claro” y hay que “cumplirlo en su literalidad”. En necesario además explicar abiertamente porqué los socialistas no lo cumplen en su “literalidad” y recordar que queda vedado el acercamiento a los nacionalistas vascos.
Zapatero lo que ha seguido en su literalidad es al editorial de hace unos días de El País en donde cínicamente se equiparaba el acercamiento a los nacionalistas de los socialistas con la propuesta del PP lanzada a PNV y al PSOE para desbancar de algunas alcaldías vascas a Batasuna. “¿Por ello se va a decir –decía entonces el editorial y repetía ayer Zapatero- que el PP ha traicionado el Pacto por pretender un acuerdo con los nacionalistas?”. Pese a esta retórica e hipócrita cuestión la diferencia es abismal. Una cosa son acuerdos con el PNV contra el PP que arrastren al PSOE a la vía soberanista de los nacionalistas y otra -concretamente la opuesta- es pretender que ambos partidos utilicen al PNV para dejar sin las alcaldías a los proetarras. Lo primero pone en riesgo la apuesta constitucionalista, la segundo la fortalece. El PNV se negó consecuentemente al acuerdo. Lo grave es que tampoco los socialistas secundaron la propuesta. Esa negativa del PSOE y no la oferta del PP es la que muestra, una vez más, la infidelidad al Pacto antiterrorista y por las Libertades.
La estrategia de El País es perversa, pero peor que la maldad es a veces la estupidez. Silenciar y consentir las infidelidades, en el reciente caso de El Mundo, es muestra de ella. Nada hay más estéril que un pacto que no se cumple.
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