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La razón servil

Ayer concluíamos nuestra crítica al linchamiento editorial que el resto de diarios propinaron al presidente del Tribunal Constitucional, esperando a ver qué decían hoy ABC y La Razón temiendo que los complejos del PP no tardarán mucho en llevar a este partido a desmarcarse de las acertadísimas reflexiones del magistrado. Ciertamente, pasaron escasas horas para que la cobardía y los complejos de Piqué, Rato y Arenas les llevaran a desmarcarse y a criticar al magistrado.

Para colmo, sólo ABC sale hoy en defensa de Jiménez de Parga, mientras que La Razón, contrariamente a lo que se podía esperar de su línea editorial, se rinde servilmente —también, como de costumbre— a los complejos del Gobierno.

Antes de entrar a comentar ambos editoriales, hemos de dedicar, sin embargo, una reflexión sobre los titulares de La Vanguardia que afirman que “los ponentes de la Constitución censuran a Jiménez de Parga”. Es cierto que “algunos” ponentes de la Constitución como Solé Tura y Peces Barba, del PSOE, y Roca Junyent, de CiU han criticado a Jiménez de Parga. Estos políticos fueron de hecho las correas de transmisión del nacionalismo para forzar que la Constitución distinguiera entre “nacionalidades” y “regiones”. También era de esperar que se haya sumado a la crítica el entonces ponente de la UCD y actual servidor del nacionalismo vasco, Miguel Herrero de Miñón, quien no por nada ha sido recientemente “honrrado” por el PNV con el Premio Sabina Arana.

Sin embargo, ni Gabriel Cisneros, ni Manuel Fraga ni José Pérez Llorca han efectuado critica alguna al magistrado. Bien es verdad, que eso no obsta para denunciar la despreciable cobardía de estos dos últimos políticos que se negaron a expresar su opinión a ese diario. No es el caso del entonces ponente de UCD, Gabriel Cisneros, que ha salido con claridad en defensa de lo expuesto por el presidente del Tribunal Constitucional.

Echemos, pues, un vistazo a las afirmaciones de aquellos ponentes que La Vanguardia destaca en portada. Dice Gregorio Peces Barba que “La Constitución reconoció una realidad: que hay comunidades con lengua y cultura propias que pueden considerarse naciones”. La primera parte de la afirmación es cierta y nadie la ha puesto en cuestión; la segunda es rotundamente falsa. Y una verdad a medias es una mentira. Ciertamente, ¿cómo va la Constitución a reconocer que “las comunidades con lengua y cultura propias pueden considerarse naciones” si la única nación de la que habla nuestra Carta Magna, y a la que adjudica la fuente de soberanía, es a la “nación española”?.

Otro tanto podríamos decir de Roca Junyent, quien afirma que “el término nacionalidad histórica se refiere a la identidad nacional y la cuestión es cómo se articula ese hecho en un estado plurinacional”. Ciertamente “el término nacionalidad se refiere a la identidad nacional”. Precisamente por ello fue un error introducirla en un texto que reconoce taxativamente como única nación a España. Si España es una nación, su Estado no puede ser “plurinacional”. La lógica no resiste tal contradicción y precisamente por ello no se puede “articular”. “La parte no puede ser igual al todo” dijo Pujol con evidente coherencia, sólo que el dirigente nacionalista resolvió la cuestión negando el carácter de nación a España para firmar el de Cataluña . Si España no es una nación, ¿a que nación pertenencen, por ejemplo, los alicantinos?

Estas groseros afrentas a la lógica elemental, al lenguaje y a la Historia, estas simples y evidentes mentiras, más que cuestionar a Jiménez de Parga, desacreditan a sus autores. Menuda tropa...

Pasemos ahora al editorial de ABC que es el único diario que no se ha achicado sino que ha destacado el acierto del presidente del Tribunal Constitucional. Empieza su editorial recordando la “trayectoria académica y sus múltiples servicios a la causa de las libertades democráticas que nadie puede poner en duda”. ABC no sólo rinde un merecido homenaje a la persona de Jiménez de Parga, sino también a lo que dice. Señala ABC que, "cuando el Presidente del Tribunal Constitucional recuerda que España es el único sujeto constituyente y que la Constitución es el origen de donde dimanan los Estatutos de Autonomía interpreta correctamente la letra y el espíritu de la Norma fundamental. La fuente de legitimidad de la Constitución —continúa el editorial— es la nación española en uso de su soberanía y es España quien se constituye en Estado social y democrático de derecho”.

Recuerda también oportunamente ABC que “la jurisprudencia del TC, ya desde su primer año de funcionamiento (STC4/1981), procalama con nitidez que autonomía no es soberanía.

En la misma línea que lo expuesto por Jiménez de Parga, ABC señala que “la distinción entre Comunidades de primer y de segundo grado, manifestada en el procedimiento de acceso a la autonomía y en los plazos para ostentar determinadas competencias, se ha ido diluyendo con el paso del tiempo”. Constatar esto era precisamente la cuestión de fondo apuntada por Jiménez de Parga: la obsolescencia de un distinción que ya había disuelto el desarrollo autonómico —muchos estatutos, recordaba además el magistrado, definen a sus comunidades como “históricas”—. El absurdo de esa distinción venía además agravado, según Jiménez de Parga, por el hecho de sustentarla por la Historia. Tambien en esto le da la razón ABC que afirma que "la expresión “Comunidades históricas” es desafortunada y cae directamente en el campo de la mentira (incluso del ridículo) cuando se utiliza con la intención de convertir a las demás en Comunidades no históricas”.

En concordancia con lo expuesto, ABC critica al nacionalismo vasco y catalán, que “a pesar de la notoria generosidad de las trasferencias, no se ha logrado satisfacer la reivindicación permanente, en busca de un hecho diferencial que se sitúa siempre uno o varios pasos más de lo posible y razonable”.

ABC recuerda que “por encima de todo se sitúa el principio de igualdad ante la ley: más que un principio jurídico, es ya una conquista de la civilización”. Ciertamente esa igualdad de la ley es también lo que escuece a los nacionalistas, que siempre han reivindicado sus “hechos diferenciales” para negarse a que “el café sea para todos”.

Además del fatídico día de retraso, podríamos ponerle un pequeño “pero” al, por lo demás, espléndido editorial de ABC. Y no es otro que la falta de una crítica explícita a la cobarde y abyecta forma en la que el Gobierno del PP ha criticado a Jiménez de Parga con tal de “zanjar la polémica”. La actitud del PP ha sido patética por desmarcarse de unas declaraciones que, además de acertadas, estamos seguros que cuentan con el respaldo de una inmensa mayoría de los españoles.

El editorial de La Razón, finalmente, no sólo no critica al Gobierno, sino que suscribe las descalificaciones que desde el PP se han dirigido contra el presidente del Constitucional tras el linchamiento editorial del resto de los diarios.

Para este último diario, Jiménez de Parga “no estuvo muy afortunado en lo expuesto ni en el modo”. Sacando frases fuera de contexto hasta el extremo de la difamación, su editorial señala “el estrambote en el que Jiménez de Parga acusó a ciertos españoles de poco higiénicos”.

Más adelante, y como si planteara algo opuesto a lo manifestado por el magistrado, el editorial considera que “España necesita, por razones obvias, la unión de todas sus fuerzas democráticas, para el mantenimiento de un proyecto común y solidario opuesto al de quienes predican el terrorismo o doctrinas disolventes”. Pero ¡si son precisamente los que han arremetido contra Jiménez de Parga los que se han alineado con los que “predican el terrorismo o doctrinas disolventes”!.

Si lo que España necesita es “opuesto” a los nacionalistas que son los que predican las “doctrinas disolventes”, ¿por qué denigra entonces La Razón a Jiménez de Parga?.

La Razón, sabiendo que se traiciona, señala que “hay momentos en los que hasta una verdad puede ser inoportuna”. Tal vez por eso su editorial la oculta y recurre a una media verdad como es decir que “las diferencias establecidas por ley entre distintas comunidades autónomas es cierto que existen”. La cuestión, sin embargo, no era esa, sino la conveniencia de mantener una distinción entre “regiones y nacionalidades” que los nacionalistas obligaron a introducir en el texto constitucional para luego negar el carácter nacional de España y la igualdad de todos ante la Ley proclamadas ambas en nuestra Constitución.

Concluye el editorial de La Razón señalando que “el presidente del más alto tribunal español debe ejercer su cargo con prudencia y con moderación dialéctica por más que la definición de comunidades históricas es discutible”. Si el propio editorial reconoce —aunque sea al final y cobardemente— que tal distinción es “discutible”, ¿como reprochar entonces a un profesor de Derecho Constitucional, uno de los más prestigiosos juristas de nuestro país, que además es el presidente del Constitucional que haga unas reflexiones sobre esta cuestión “discutible”? ¿Acaso lo que le molesta al diario de Ansón es que Jiménez de Parga haga sus consideraciones en las terceras de ABC o en conferencias en la sede de ese mismo diario competidor?

No creemos que esa sea la razón determinante. Si ayer el Gobierno hubiera defendido clara y abiertamente a Jiménez de Parga, ¿alguien tiene la más mínima duda de que Ansón hubiera hecho que su diario secundara completa e incondicionalmente al magistrado?

Ansón, que tanto ha criticado a toro pasado las concesiones a los nacionalistas durante la transición —recuerden que tras la derrota de los constitucionalistas en las últimas elecciones vascas llevó nada menos que a portada la responsabilidad de Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González y Aznar —, se pliega ahora servilmente a los complejos del PP.

Y así está el Gobierno. Timorato y franqueado por un diario que, como El Mundo lo presiona “por su bien” hacia la izquierda, y por otro que, como La Razón, aun siendo ideológicamente más próximo al programa del PP, no duda en decir amén a los complejos de sus dirigentes.

Para colmo, ABC cuando dice bien llega tarde...


Resumen de prensa

La decisión de los gobiernos francés y alemán de sellar su nueva alianza con un pacto contra la guerra en Irak, la detención en Francia del etarra que huyó de la cárcel tras suplantar a su hermano y la polémica destacada por la conferencia de Jiménez de Parga se reparten los es titulares y editoriales de prensa de este jueves.

ABC informa además de que “el 36,5 por ciento de los estudiantes es contrario a la inmigración, según un informe del Defensor del Pueblo”. El País dedica dos pequeños titulares a destacar que “Zapatero reclama a Fraga que convoque elecciones ante el desgobierno que sufre Galicia” y a asegurar que “Nunca Máis reúne a 45.000 jóvenes en una cadena humana contra la marea negra”. Este diario es el único en informar en portada de que “los democristianos ganan por un estrecho margen los comicios en Holanda”.

La Razón dedica uno de sus principales titulares a afirmar que “los agricultores cobrarán de la UE por no sembrar”. Este diario también destaca la participación de la Reina en una conferencia internacional celebrada en Lisboa en la que Doña Sofía ha pedido que se eviten los contenidos violentos en televisión para proteger a los menores.

El Mundo dedica un pequeño titular a informar de que “la gabarra hundida en Algeciras fue diseñada para no salir de puerto”.

Una noticia a la que las portadas están dedicando poca atención es a la restitución del PER. Después de que ayer sólo ABC informara de la misma, hoy El País dedica un breve en su sumario a destacar que “Zaplana niega que su plan de subsidio agrario sea una marcha atrás del Gobierno”.

Finalmente, La Vanguardia dedica su fotografía de portada al parking del Putxet donde una mujer ha sido asesinada sólo once días después de que mataran a otra.

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