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La semana 'horribilis' de Rajoy

Gallardón, Echenique y el órdago de Mas. Así se vivió la frenética semana en los círculos del PP, con el viaje de Rajoy a China en la agenda.

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Gallardón, Echenique y el órdago de Mas. Así se vivió la frenética semana en los círculos del PP, con el viaje de Rajoy a China en la agenda.
El presidente, en una imagen de archivo.

Termina una de las semanas más complejas a las que se ha tenido que enfrentar el Ejecutivo en los últimos meses. Y eso que, pese al contexto, Mariano Rajoy esperaba que su primer viaje oficial a China -preparado con esmero por su equipo- se desarrollara con cierta tranquilidad. Todo se torció.

Estaba previsto que el presidente embarcara en su avión el martes por la tarde rumbo a Shanghái, su primera parada en China. Para entonces, el Ejecutivo esperaba tener ya ejecutada su calculada respuesta a Artur Mas: se habría convocado el Consejo de Ministros extraordinario y presentando los recursos ante el Tribunal Constitucional. Así, nada enturbiaría el ambiente y Rajoy podría centrarse en vender la recuperación y en buscar inversiones. Sin embargo, la Generalidad retrasó y retrasó la publicación oficial de la ley de consultas y la convocatoria del referéndum, y el lunes la Moncloa tuvo que aclarar que nada pasaba si Rajoy estaba en China cuando Mas diera el paso: Soraya Sáenz de Santamaría asumiría la presidencia, como en otras ocasiones.

Cataluña ya ensombrecía el desplazamiento hasta el punto de que algunos cargos del PP, siempre en privado, deslizaron que no entendían como Rajoy podía ausentarse en un momento más delicado. Pero ya a primeros de semana, otro rumor se repetía con fuerza en los círculos populares: la inminente dimisión de Alberto Ruiz Gallardón, el titular de Justicia.

Días antes, Rajoy confirmó a Gallardón que no había margen para aprobar la reforma de la ley del aborto, pese a los cambios realizados al anteproyecto. Ya se lo dijo antes de las vacaciones de agosto. Las encuestas cocinadas por Pedro Arriola no daban lugar a dudas: perdían muchos más votos -principalmente por el centro- si seguían adelante que si optaban por retroceder. El ministro entendió que Rajoy no le ofrecía otra salida que dimitir, pese a que Moncloa insiste en lo contrario, que sí le brindó una vía de escape. En el Comité de Dirección del PP, celebrado el lunes, se augura un desenlace inminente: algunas voces apuntan -así se hace eco este diario- que Gallardón podría desvelar su futuro político el miércoles, en el Congreso de los Diputados, con Rajoy en China.

La situación se vuelve cada hora más volátil. El martes, el presidente atiende por la mañana a los medios tras participar en el foro de la comunicación, algo completamente inusual. El Gobierno sabía a ciencia cierta que le preguntarían por el aborto, y Rajoy suelta en bombazo informativo, que no era más que la confirmación de un rumor que todo el mundo daba por cierto. La reforma se guardaba en un cajón y jamás vería la luz. Gallardón, cuatro horas después, dimite, deja su escaño y dice que abandona la política. Una cosa deja clara: asume el coste de renunciar al proyecto, pero deja claro que fue mandato de Rajoy.

A partir de entonces, en la Moncloa se viven momentos de cierto caos que dan a entender que no todo estaba atado. Las respuestas de portavoces habituales no coinciden y algunos reconocen que no saben cuando se conocerá el nombre del nuevo ministro. Se llega a decir que "no hay prisa" y que se podía esperar a la semana siguiente. Pero llegan rumores de que el presidente había retrasado su marcha -se fue a las 22.00 horas, según Moncloa- y después de varias comunicaciones confusas se da el nombre de Rafael Catalá Polo, muy próximo tanto a Rajoy como a Sáenz de Santamaría, que acumula más poder hasta que éste jure el cargo como ministro de Justicia.

Los movimientos en Moncloa -la crisis interna es la más importante en la era Rajoy, toda vez la salida de Miguel Arias Cañete no sorprendió a nadie- pillaron a Felipe VI en Nueva York. Y algunas voces gubernamentales alertaron de que el monarca estaba molesto por el procedimiento. Cuando el presidente llega a China, rehúsa hablar con los periodistas. Pero un portavoz trata de dar por saldada la crisis: "estamos convencidos de que se ha adoptado la mejor decisión, la que menos divide a la sociedad". Rajoy le dedicó a Gallardón un tuit, y fin.

El miércoles hay pleno en el Congreso, y el marianismo se revuelve contra Gallardón. La dirección del PP opta por la indiferencia: ni comunicado, ni declaraciones de sus principales espadas. Y, en privado, se suceden las críticas. "Ha provocado que el viaje a China se haya visto empañado", "podría haberse esperado"; se escucha. Muchos dan por cierto que el ya exministro había planteado un pulso a Rajoy e iba a dimitir en el Congreso y de ahí que el presidente reaccionara.

Pero, poco a poco, el rumor que se empieza a escuchar en la Carrera de San Jerónimo es otro: la crisis en RTVE se hace insoportable y Leopoldo González Echenique podría presentar su dimisión en las próximas horas. El tema de la televisión pública siempre ha sido muy delicado llegando a enfrentar a la Moncloa y Génova. Echenique era hombre de total confianza de Sáenz de Santamaría, pero no logró mantener esa relación. Y desde el PP las críticas eran continuas: las quejas de María Dolores de Cospedal eran vox populi en el organismo.

El jueves se confirma la marcha de Echenique. El PP es un hervidero. Desde Barcelona, se confirma que Mas cruzará la línea roja el sábado. La vicepresidenta, la mujer más poderosa, da un breve canutazo en el Congreso avisando de que todo está listo para actuar, con o sin Rajoy en España. Se marcha rápidamente, sin entrar en otras cuestiones. El presidente, mientras, es protagonista de varios actos en Pekín, todos de índole económica.

Por fin, el viernes, Rajoy mantiene una breve charla con los periodistas españoles en la Ciudad Prohibida de Pekín. Desvela que reunirá el Consejo de Ministros extraordinario el lunes: "a lo mejor no hay que ir tan deprisa", afirma. Intenta dar una imagen de "total tranquilidad" y asegura que Mas no se atreverá a violar la ley.

Con Rajoy volando ya a España, el sábado por la mañana, Sáenz de Santamaría asume el papel de presidenta en funciones y da orden para que se diera el primer paso para frenar a Mas: la petición de informe al Consejo de Estado, que dirige José Manuel Romay Beccaría. El aterrizaje del jefe del Ejecutivo estaba previsto a última hora de la tarde: ya el lunes, tomará el timón de la situación convocando a sus ministros.

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