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El separatismo declara el estado de excepción en Cataluña

Torra, Artadi y ERC evitan llamar a la calma a los CDR y calientan las vísperas del "desembarco" socialista en Cataluña.

(Barcelona)
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Reunión del DIPLOCAT presidida por Quim Torra | EFE

Sólo quienes no dispongan de la aplicación de whatsapp en sus móviles ignoran que los Comités de Defensa de la República (CDR) se han organizado para colapsar desde las 00:00 del viernes 21 de diciembre las comunicaciones terrestres de Cataluña. Además de por las convocatorias oficiales de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, la mayoría de los habitantes de Cataluña saben que Barcelona será una ratonera el viernes, que las carreteras serán tomadas por los encapuchados por la república y que puertos, aeropuertos y estaciones de tren registrarán incidencias.

El caos se da por descontado una vez que el presidente de la Generalidad, Quim Torra, el vicepresidente Pere Aragonès y la portavoz Elsa Artadi se hayan negado en sede parlamentaria a pedir calma a los encapuchados de los CDR y hayan avalado los cortes de vías de comunicación y los asaltos a infraestructuras públicas anunciados por los dichos CDR y las juventudes de la CUP, que amenizan las vísperas del Consejo de Ministros extraordinario en Barcelona con ataques a sedes del PSC y el PP y muñecos ahorcados con las siglas de los partidos "unionistas" en los puentes ferroviarios.

El gobierno regional y el Gobierno negocian a cara de perro el formato del encuentro entre Pedro Sánchez y Quim Torra más una "cumbre bilateral" entre representantes de ambos ejecutivos sin que desde la Generalidad se haya registrado el más mínimo gesto de apaciguamiento. La libertad de manifestación y expresión cubre todas las actividades de los CDR y su escisión, los Grupos Autónomos de Acción Rápida (GAAR). Miles de personas cambian de planes, anticipan o retrasan viajes, anulan negocios, entrevistas y reuniones, suspenden citas y dan por empezadas las vacaciones de Navidad. Los colegios cancelan clases y funciones y rectores y decanos universitarios anulan las convocatorias de obligada presencia ante la certeza de piquetes violentos en los campus. A mayor abundamiento, la ANC convoca marchas lentas en todas las carreteras e incita a provocar colapsos viarios en Barcelona al estilo de las protestas de los taxistas. Òmnium se suma y añade una manifestación cerca del edificio donde prevé reunirse el Gobierno, la Lonja de Mar.

Colapso garantizado

El separatismo ya ha conseguido alterar la agenda de la ciudadanía del 21 de diciembre. Ha decretado un estado de excepción en toda Cataluña, el colapso de las comunicaciones y por si no fuera suficiente, una huelga general de 12:30 a 14:30 y una manifestación unitaria por la tarde. El nacionalismo aspira a provocar las imágenes del 1-O, una nueva jornada excepcional para despedir el año y preparar el terreno para las movilizaciones por el juicio de los golpistas. Se trata de apretar, como pedía Torra, y demostrar que la república catalana vuelve a estar a la vuelta de la esquina, Las alteraciones del orden público están garantizadas. Los dirigentes separatistas llaman a la movilización, inflaman el ambiente al tiempo que negocian las fotos con el Gobierno y descartan una llamada a la calma de última hora que mantenga quietos y en la recámara a los CDR.

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