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El exorcismo golpista de Trapero en el Supremo

José Luis Trapero intenta desmarcarse del golpe y defiende a los Mossos d'Esquadra en el juicio del 1-O para que la condena recaiga en los políticos.

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El exorcismo golpista de Trapero en el Supremo
El exmayor de los Mossos, José Luis Trapero | Europa Press

La quinta semana del juicio del 1-O en el Supremo ha estado marcada por el nacimiento del Trapero 2.0, el nacimiento de José Luis Trapero. Josep Lluís ya es historia. El que fuera mayor de los Mossos está procesado por rebelión en la Audiencia Nacional. La Fiscalía pide 11 años de cárcel para él. Por ello, ha culminado su exorcismo golpista frente al sacerdote Marchena.

Trapero ya no es el fiel escudero de Joaquim Forn. Lejos quedan aquellas ruedas de prensa conjuntas donde uniformado y pistola al cinto acuñaba su eslogan "bueno, pues molt bé, pues adiós", después de que un periodista le recriminase contestar en catalán las peguntas sobre los atentados de Barcelona. Unas ruedas de prensa infames en las que Forn distinguía entre "victimas catalanas y españolas".

Trapero es hoy un hombre nuevo, un hombre bueno, sin soberbia, sin altanería, sin uniforme, sin restos de golpismo por sus venas. Ya no es el "chico ye ye" del independentismo catalán, ni el William Wallace de los Mossos, todo ello tras ser modelado por su inteligente abogada Olga Tubau. Se había convertido en un icono, en un símbolo del catalanismo charnego. Sin embargo, ha colgado las botas y la pistola. Ya no es amigo del fugado Carles Puigdemont y tampoco de Forn. Es el renacido. Ahora quiere abrazar la Biblia constitucional y alejarse de los demonios golpistas.

El obediente lacayo del Estado y de la justicia española, que se puso al servicio del TSJC y de la Fiscalía para detener a Puigdemont y sus consejeros si fuera menester, tras la declaración de independencia del 27 de octubre de 2017. El operativo, dice, estaba preparado por los Mossos dos días antes.Trapero ha comenzado con su testifical en el Supremo su juicio por rebelión en la Audiencia Nacional y de paso, ha intentado cargarse la acusación por rebelión, intentando desmarcar a la Policía autonómica catalana de los planes golpistas. Lo ha intentado.

Defiende el papel de los Mossos en esos meses aciagos del golpismo y levanta una barrera inexpugnable con los miembros del Gobierno catalán rebelde. Suena mucho a la canción del grupo Presuntos Implicados: "¡Ah! Como hemos cambiado, que lejos ha quedado aquella amistad". Sin embargo, los hechos están ahí. La inacción de los Mossos en el 20-S, en el 1-O y el espionaje y enfrentamiento directo con la Policía y la Guardia Civil. Todos lo vieron. Los Mossos eran los polis buenos, la Policía y la Guardia Civil, los malos.

La acusación popular que ejerce Vox solicitó la declaración como testigo de Trapero, imprescindible decisión para probar la rebelión. No obstante, durante su interrogatorio no preguntaron por la Junta de Seguridad del 28 de septiembre a la que asistió Puigdemont. Por ello, siguiendo el principio de contradicción, Marchena impedía al fiscal Javier Zaragoza formular preguntas sobre dicha reunión, lo que ocasionó la protesta del representante del Ministerio Público.

¡Cómo han cambiado las cosas! Cuando Zaragoza era fiscal jefe de la Audiencia Nacional hace apenas dos años mantenía reuniones de trabajo con Trapero, ahora lo interroga en el Supremo.

No obstante, la picardía de Zaragoza, que es perro viejo, conseguía sortear los obstáculos y preguntar a Trapero por la Junta de Seguridad, poniendo el foco en el acta del encuentro. El exmayor de los Mossos hacía entonces un adelanto sobre las advertencias a la Generalidad hasta que el magistrado Marchena levantaba el banderín al darse cuenta de que la jugada estaba en fuera de juego.

El momento culmen del exorcismo de Trapero llegaba cuando el sumo sacerdote, el presidente del tribunal, decidía verter personalmente las gotas de agua bendita necesarias sobre Trapero para que éste culminara su cambio de Fe al constitucionalismo, confesando los pecados de Puigdemont, Junqueras y Forn.

Marchena tomó la palabra para preguntar a Trapero sobre la vetada Junta de Seguridad del 28 de septiembre, tal y como le permite el artículo 708 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal: "El Presidente, por sí o a excitación de cualquiera de los miembros del Tribunal, podrá dirigir a los testigos las preguntas que estime conducentes para depurar los hechos sobre los que declaren", clamaba el magistrado.

Trapero realizaba su acto de contricción confesando la preocupación que trasladó a Puigdemont antes del 1-O: "Por posibles conflictos graves de orden público y seguridad ciudadana. Iba a haber dos millones de personas en la calle y 15.000 policías y eso iba a provocar conflictos graves de orden público. Les emplazamos al cumplimiento de la legalidad, de las órdenes judiciales, y dijimos que íbamos a cumplirlas. Que el cuerpo de Mossos no iba a quebrar con la legalidad y la Constitución, que no acompañábamos el proyecto independentista". Trapero veía la luz por fin.

La confesión de Trapero, muy válida para probar el delito de rebelión, hacía mucho daño a los golpistas, y el abogado de Junqueras y Romeva, Andreu Van den Eynde presentaba a la desesperada una queja ante el Supremo contra Marchena, acusándole de "suplantar" a la acusación. En realidad, el magistrado sólo había culminado el exorcismo de Trapero, que aún así tendrá que pagar por sus pecados. Trapero se juega muchos años de cárcel y no es tonto. Definitivamente, ha nacido José Luis y ha muerto Josep Lluís. Quizá, muy tarde.

La Fiscalía exorciza las "mentiras" de los testigos

Por su parte, la Fiscalía exorcizaba las mentiras de los testigos y conseguía acreditar la malversación y la connivencia de Ómniun Cultural con la Generalidad para organizar el referéndum ilegal del 1-O. La acusación se va afianzando en el juicio.

El coordinador de acción política de ERC en Badalona y diseñador gráfico, Enric Vidal, aseguraba desconocer el famoso cartel sobre el 1-O de las vías de tren que se bifurcan. También negaba conocer que el cliente fuera la Generalidad. Posteriormente, se comprobaba que en su página web en el apartado de "trabajos recientes" figuraba el citado cartel y que además identificaba al cliente como "Generalitat". Por si fuera poco, en su propio Curriculum colgado en su página se vanagloriaba de este trabajo.

Fue entonces cuando la Fiscalía decidía estudiar el caso y plantear una deducción de testimonio contra él y otros posibles mentirosos al final de las testificales. Sin embargo, los acontecimientos se precipitaban cuando al día siguiente el que fuera responsable de Difusión Institucional de la Generalidad, Jaume Mestre, desviaba las preguntas de la Fiscalía con infinitos "no lo sé" o "no lo recuerdo".

Marchena advertía a Mestre recordándole que "en el Código Penal el delito de falso testimonio no consiste solamente en no decir la verdad". Citando el artículo 460, el magistrado exponía que también incurre en responsabilidad penal quien "sin faltar a la verdad la altere con reticencias, inexactitudes o silenciando hechos o datos relevantes".

El ex alto cargo de la Generalidad siguió adelante con sus evasivas y el fiscal Jaime Moreno daba un golpe encima de la mesa y pedía al tribunal deducir testimonio contra él por falso testimonio en el Juzgado de Guardia. Si dicho delito se consigue probar, podría ser castigado con una pena de 1 a 3 años de cárcel. El tiempo dirá.

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