
El Mundo
Continúa el follón de Extremadura. "Los mensajes de la ruptura PP-Vox: ‘Habéis dinamitado el acuerdo. Ya no renunciamos a una vicepresidencia’". "El cisma del Parador de Mérida: "No me llaméis si no aceptáis no entrar en gobierno"". "El órdago de Extremadura divide al PP: "Arriesgado", "estupefacción" o "tienen libertad"". Con lo ilusionados que estábamos con echar a Sánchez.
Javier Redondo dice que María Guardiola "cree que ha ganado las elecciones y opera según esas coordenadas". Vamos, que está p'allá. "Lo que prueba que no ganó los comicios es que únicamente con los votos de los diputados del PP, la Presidencia de la Asamblea ha recaído en el PSOE". Así que si no quiere los votos de Vox, que deje de dar la lata y permita gobernar a Vara, el estropicio ya no tiene remedio.
El editorial culpa a Vox, que se está poniendo en el mismo plan que Monasterio con Ayuso. "El partido radical es el responsable principal de la ruptura en Extremadura, pero el PP está sacrificando su coherencia". "Las conversaciones entre ambos partidos habían prosperado en torno a un programa común, y María Guardiola había ofrecido a Vox no solo el mando de la Asamblea, sino la designación de un senador autonómico cedido por el PP. Sin embargo, la víspera de la votación, Vox elevó sus exigencias y pasó de reclamar al menos dos consejerías, entre ellas la de Educación, a incluso una vicepresidencia en el futuro Gobierno. Con esa exigencia, el partido de Abascal dinamitó cualquier opción". Vale, pero si el caso hubiera sido al revés, es decir, que Podemos le hubiera exigido a Vara entrar en el Gobierno éste ni lo hubiera dudado en darles lo que pidieran.
"Guardiola podría haberse acogido a ese razonable argumento -la ambición desmedida de Vox- para explicar a los extremeños la necesidad de una nueva convocatoria electoral. Pero en vez de eso, se ha lanzado a un discurso rayano en el populismo, al basar su negativa en que ni su partido ni menos aún ella pueden gobernar con quienes «niegan la violencia machista, están deshumanizando a los inmigrantes y tiran a una papelera la bandera LGTBI». Con esas palabras, añadidas a un destacable afán de hablar de sí misma, la candidata popular plantea un veto existencial contra Vox que pone en cuestión el acuerdo de Carlos Mazón en Valencia". Un despropósito total. Y Feijóo ahí, de mero espectador.
Leyre Iglesias también está cabreada. "¿Por qué Vox es aceptable en Valencia y en Extremadura no? ¿Alguien en Génova lo podría aclarar? El riesgo es que el desconcierto y los tics narcisista-populistas de Guardiola alimenten al partido de Abascal, motor de Sánchez. Cabe preguntarse también si la incoherencia que tanto se le critica es la vía más legítima para vencerle". Está Sánchez como unas pascuas. Cuando todo le iba mal viene la baronesa roja a darle ánimos.
David Jiménez Torres se hace la misma pregunta. "O Vox es un partido con el que los populares pueden pactar o no lo es". "No es que Feijóo se contradiga, sino que Mazón y Guardiola se contradicen entre sí". "No puede ser que pactar con Vox sea compatible con los principios del PP y al mismo tiempo no lo sea. Porque, entonces, la pregunta es si el propio PP tiene claros qué principios son esos. Aquí no hay gato de Schrödinger que valga; no, al menos, si lo de derogar el sanchismo va en serio". Más le vale a Feijóo que se lo tome en serio o no va a tener ni Galicia para correr. De Vox ni hablamos.
El País
"Feijóo vincula las coaliciones con Vox a su porcentaje de voto". "Vox: "Tenemos que exigir entrar en el Gobierno". Guardiola (PP): "No. He comprometido mi palabra"". También El País ha tenido acceso a los mensajes.
Dice Carlos Cue que "las elecciones se juegan en muchos frentes. Pero uno de los más importantes, al que está apostando buena parte de su éxito Alberto Núñez Feijóo, es el del trasvase de votos del PSOE hacia el PP". "Para lograr que ese trasvase PSOE-PP se profundice durante la campaña, Feijóo necesita a toda costa borrar del escenario la posibilidad de una coalición PP-Vox en La Moncloa con Santiago Abascal de vicepresidente. El entorno de Feijóo lleva semanas difundiendo en todos los foros posibles, en público y en privado, que esa opción es inviable. Que el PP gobernará en solitario y no habrá coalición con Vox, sino apoyo desde fuera". Si Vox no apoya al PP para echar a Sánchez, desaparece del mapa. Pero aún no estamos en ese escenario.
Estefanía Molina no entiende el antisanchismo. "Pedro Sánchez tal vez creyó que la única gestión que juzgarían las urnas sería la económica". "Y eso llevó a minusvalorar quizás el impacto de dejar al arbitrio de Podemos carteras como Igualdad, o incluso, a dar por sentado que no había que hacer ninguna pedagogía respecto a los indultos del procés o sobre el apoyo de Bildu". Estefanía no entiende nada. No se trata de carteras ni de pedagogía. Se trata de que Podemos no entraría en el Gobierno y que con Bildu no pactaré jamás.
"La derecha ha nutrido la narrativa de que el presidente estaba radicalizado, y no casualmente". No, es que se ha radicalizado cada vez más. Ya es indistinguible de Podemos. Laminar al Gobierno de los ERTE, del mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones o del incremento del Salario Mínimo pasaba por meter miedo respecto a los socios de la coalición". Al Gobierno de los indultos, al gobierno de los insultos, al gobierno que rebaja la malversación para favorecer a sus amigos, al gobierno que gobierna contra media España. Que no, Estefanía, que no te enteras.
"El empuje del antisanchismo demuestra que los huecos identitarios que no se llenan, se ocupan, y que en política no puede hablar solo a los propios. La palabra "España" aparece en un lema reciente del PSOE. De eso irá también este 23-J". El 23-J solo va de una cosa, Estafanía, de echar a Sánchez. Aunque parece que algunos tampoco se enteran.
ABC
"La juez rastrea las cuentas del local de las fiestas de Tito Berni". Y Sánchez jugando a los periodistas en Moncloa. "Pido un aplauso para el ministro Escrivá". Este hombre no está bien de la cabeza.
"Vox se prepara para volver a las urnas en Extremadura y la Región de Murcia". A ver si hay suerte y les barren del mapa. Julián Quirós dice que "todavía no se conoce un valenciano que haya votado a PP o Vox el 28M y le parezca mal el pacto alcanzado entre ambos para desbancar a la izquierda gobernante. Si María Guardiola viviera allí quizá sería la única que se habría opuesto". "Entre quienes no han votado en Valencia a PP o Vox asalta el terror de que su acuerdo suponga llevar políticas radicales a la Generalitat, cuando las políticas radicales campan a sus anchas por la administración autonómica desde hace ocho años. Porque no se puede llamar de otra forma a castigar la escolarización en español privilegiando el valenciano normativo, que es como llaman al catalán en público para disimular". Pues parece ser que esas son las políticas que le molan a la señora Guardiola. La puso Teodoro, ¿por qué no la cambió Feijóo?
A Girauta le pasa como a mi. "Permanece en el más absoluto misterio la razón por la cual se alzó como candidata de derechas una señora con discurso podemita". Es inaudito. "Guardiola es un caso extremo –ella sí que es extrema– de ese mal que aqueja al PP con episodios más o menos vistosos: la necesidad de que la izquierda les quiera por un momento, de que su prensa les acaricie un rato el lomo". Uy, sí, es la reina de los medios sanchistas.
Según Luis Herrero, Guardiola "deja como demócratas de segunda a sus compañeros de partido que sí han pactado con Vox" (les insulta, directamente) y "conmina a los electores extremeños a hacer algo que no quieren hacer: cambiar su voto en unas nuevas elecciones. Pincho de tortilla y caña a que forzando esa jugada no gana nada. O bien se queda como está, es decir, sin mayoría absoluta, o bien le da a Fernández Vara un balón de oxígeno". A Vara le ha tocado la lotería con esta mujer.
Sostres le arrea dos tortas bien merecidas a Vox. "Cuando más Alberto Núñez Feijóo necesita calma y pocos errores no forzados para derrotar al sanchismo, Vox se pone a organizar folklores petarderos sin otro propósito que el de marcar territorio al modo animal del orín y el excremento. Esto es Vox, este balón de oxígeno a Pedro Sánchez, esta profunda dejación de España". Ya habían demostrado lo que son haciendo la vida imposible a Ayuso en Madrid. Pero cada día son peor. Esperemos que sus votantes se den cuenta de que con esa actitud solo sirven a la izquierda.
La Razón
"Vox amenaza el cambio de ciclo". "El ala menos dogmática, desplazada, advierte del coste electoral de la política de pactos: ‘Nuestro suelo va a crujir’". "El giro ultra lo simboliza Jorge Buxadé", antiguo falangista. "Vox ha desplazado en sus listas al sector menos ultra para debilitar en el Congreso a Espinosa de los Monteros. Esto también está teniendo un efecto directo en la negociación de los pactos postelectorales a nivel autonómico y puede condicionar qué sucede después de las elecciones generales del 23-J". Pues tenemos un grave problema. Si la gente vota a Vox en las generales, gobernará Sánchez con sus socios. Votar Vox es votar Sánchez, que lo tengan en cuenta los electores.





