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El trilerismo de Sánchez y sus mayorías: del "somos más" el 23-J al "ha ganado el constitucionalismo" el 12-M

El PSOE reconstruye el relato de los resultados electorales y las posibles mayorías en función de los intereses de su líder.

El PSOE reconstruye el relato de los resultados electorales y las posibles mayorías en función de los intereses de su líder.
EFE

Que Sánchez es un político hábil, experto en dar golpes de efecto para cambiar la conversación pública cuando esta no le favorece, es algo sabido. También es sabido que es un político con una relación complicada con la verdad, por la que muestra muy poco apego, y que incluso alardea de lo que él denomina cambios de opinión, ufanándose de hacer de la (su) necesidad, virtud. Si es que alguien puede considerar virtud romper consensos entre los partidos centrales del sistema por mero interés particular, como ha ocurrido con la Ley de Amnistía.

Además, la habilidad de Pedro Sánchez no sólo se manifiesta en esos golpes de efecto, en esa forma de conseguir, gracias también a la ayuda de periodistas y medios afines, que sólo se hable de lo que a él le interesa que se hable, o con el enfoque que a él le interesa que se dé. La habilidad también queda patente en la forma en que hace suyas mayorías electorales en función de su propio interés, apropiándose de los votos de otros partidos, dando por sentado que las motivaciones de los votantes de esos otros partidos son las que él proclama: un respaldo a su política.

Elecciones generales del 23-J

De este modo, la noche del 23-J, en unas elecciones que ganó el PP de Alberto Núñez Feijóo, salió exultante al balcón de Ferraz para vociferar, micrófono en mano, "somos más".

En realidad lo que estaba diciendo es que el PP, pese a su victoria, no podría sumar, porque era inverosímil que tuviese el apoyo de Junts. Pero igual de inverosímil resultaba en esos momentos que Sánchez se apropiase de los 7 diputados del prófugo Puigdemont. Para todos era así, salvo para Sánchez, que desde esa misma noche sumó al bloque de progreso, con todo el cuajo del que hace gala día sí y día también, a un partido nacionalista y xenófobo de derechas. En el mayor caso de corrupción política de la historia de la democracia española, Sánchez hizo de su necesidad, virtud, y compró los siete votos de Junts a cambio de la amnistía.

No deja de ser curioso que una de las justificaciones de este intercambio de poder por impunidad es que había que cerrar el paso a la derecha y la ultraderecha, porque todavía quedaban muchas cosas por hacer en la agenda del Gobierno de progreso. Ese fue uno de los primeros argumentarios de la izquierda para justificar semejante transacción. Después llegaría el de la reconciliación y el de que el perdón es sanador.

Porque también las justificaciones del sanchismo van mutando en función de las necesidades del líder. Sin embargo, y visto lo visto hasta ahora, el Gobierno parece incapaz de sacar ni una sola iniciativa en el Congreso para continuar con la agenda progresista. Parece que la única ley que se va a aprobar es la Ley de Amnistía, que le permite a Sánchez continuar en Moncloa. Eso sí: aunque proclamó que eran más, cuando una ley es tumbada en el Congreso la culpa es del PP, que no tiene sentido de estado.

Elecciones gallegas 18-F

Después de las generales, vino el varapalo de las gallegas, contradiciendo los pronósticos del fiel Tezanos.

Los socialistas tuvieron un resultado catastrófico cayendo por debajo de la barrera psicológica de los 10 escaños. Como ocurre también en el País Vasco, su aspiración es tejer alianzas con los nacionalistas periféricos aunque su papel en esas comunidades autónomas se convierta en residual. Los socialistas se van diluyendo en los parlamentos de País Vasco o Galicia a favor de sus socios más radicales y separatistas.

Elecciones vascas 21-A

Poco después, elecciones en el País Vasco. Hay que decir que el PSPV de Andoni Andueza consiguió salvar los muebles, no tanto por su resultado, que mejoró en dos escaños, sino porque pese al empate en escaños de PNV y Bildu, el primero sacó más porcentaje de votos y se podía reeditar el pacto de los del PNV con los socialistas.

El auge de los herederos de la banda terrorista ETA no parece algo preocupante para Sánchez, que en la primera sesión de control tras las elecciones vascas se apropió de los votos de Bildu como parte de su éxito, pese a que durante la campaña electoral renegaron de Bildu —también lo hizo el PNV, viendo que el resultado electoral se ajustaba y Bildu podía ganar las elecciones— y de su no arrepentimiento.

¿Y qué hizo Pedro Sánchez en esa sesión de control en el Congreso? Sumar todo lo que no es PP y Vox, y celebrar que habían ganado 9 a 1. "Nueve de cada 10 votos fueron a partidos políticos que apoyaron esta investidura", afirmó el presidente del Gobierno en la sesión de control, sumando las papeletas de PSE, Podemos, Sumar, PNV y, por supuesto, Bildu. "Les ganamos nueve a uno", proclamó.

Elecciones catalanas 12-M

Las últimas elecciones que se han celebrado en este maratón de convocatorias, que culminarán el próximo 9 de junio con las elecciones al Parlamento Europeo, han sido las de Cataluña, donde los que en Madrid están dentro del muro que ha construido Sánchez, dejando fuera a la derecha y la ultraderecha, ahora pasan a quedarse fuera: son los independentistas derrotados por Illa y...

Más allá de los buenos resultados de Salvador Illa, que nadie discute, que el PSC y el PSOE alardeen de que el constitucionalismo ha ganado en Cataluña supone un acto de cinismo difícil de igualar. Y todo ello, cómo no, gracias a las políticas de apaciguamiento puestas en marcha desde Moncloa: indultos, eliminación de la sedición, rebaja de la malversación y, finalmente, amnistía, todo ello aderezado con perdones de deuda y otras cesiones de políticas como inmigración. El 12-M ha sido la constatación de que la amnistía, la reconciliación y el efecto sanador del perdón han funcionado. Eso dicen desde Moncloa.

El problema es que se olvidan del pequeño detalle de que, para sostener que el independentismo —los mismos con los que gobierna en Madrid— ha perdido en Cataluña, habrá que meter en el saco de los constitucionalistas —que han ganado— a PP y Vox para sumar los 68 de la mayoría absoluta, de lo contrario las cuentas no salen. Si quitamos a Vox de la ecuación, con PP y Comuns no llegarían a los 68, y eso sería suponiendo que los comunes apoyarían a Illa junto al PP, que es mucho suponer. Por no hablar que Junts y ERC no parecen estar muy dispuestos a esa reconciliación de la que hablan desde el PSOE.

Las cuentas no salen. Sólo salen los cuentos de Pedro Sánchez, trufados de trilerismo y trucos de magia para que los juegos de mayorías siempre apoyen su tramposo relato. Ahora toca decir que Sánchez ha conseguido derrotar al independentismo catalán, pero sin que se note mucho que eso sólo es cierto si suma a uno o a los dos partidos que él mismo dejó más allá del muro que construyó en su investidura.

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