
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su libro Manual de resistencia cuenta como "la primera decisión" de su Gobierno (la personal fue cambiar el colchón donde dormía Rajoy) fue acoger al barco de rescate de inmigrantes Aquarius con 629 personas a bordo. La embarcación había sido rechazado por Malta e Italia. Algunos extractos de ese capítulo del libro manifiestan el alto concepto que tiene de sí mismo Pedro Sánchez.
"A mí, personalmente, el haber salvado la vida a 630 personas hace que piense que vale la pena dedicarse a la política"
"Lo que quería el Gobierno italiano era forzar a Malta a acogerlos y para lograrlo estaba planteando, de hecho, un enfrentamiento entre dos países europeos. Entonces pensé: 'Tenemos que hacer algo'. Había 630 personas expuestas a una enorme vulnerabilidad. Corrían el riesgo de morir"
"Era una forma de decir a todos nuestros amigos del continente: 'Esto es un asunto europeo y hemos de responder desde la solidaridad de todos los países de la UE. No podemos dejarlo solo en manos de uno, de aquel cuyas fronteras nacionales se ven afectadas".
"Podíamos haber mirado para otro lado, como ocurre con demasiada frecuencia respecto al tema de las migraciones. Podríamos haber dicho: 'Que se las compongan Italia y Malta'. Pero decidimos que nuestra responsabilidad como europeos era tomar una decisión que supusiera un aldabonazo en todas las cancillerías europeas"
"Salvábamos vidas de los que viajaban en él, evitábamos que se viera a dos países europeos peleando [Malta e Italia] y lográbamos que España diera un enfoque a la inmigración completamente distinto".
Para ese Pedro Sánchez recién estrenado con el que se llamó Gobierno bonito, que había llegado a Moncloa previa moción de censura a Mariano Rajoy, presentándose como el gran regenerador de la política, recibir al Aquarius era una "cuestión humanitaria y urgente", pero algo más: esa decisión lanzaba un mensaje político al resto de Europa porque "estaba en juego la misma esencia de la Unión Europea", contaba en su Manual de resistencia. El presidente del Gobierno necesita dotar a sus decisiones de un propósito presuntamente moral y elevado que va más allá de la decisión práctica inmediata. Esta vez, salvaguardar la misma esencia de la UE, signifique esto lo que signifique para Sánchez. Y eso que, aunque Pedro Sánchez presumió de promover la solución, Macron aludió a que una cooperación "franco-maltesa" solucionó el problema de los 630 del Aquarius.
Son tan altos los designios para los que trabaja Sánchez que se sintió muy molesto (le "sabe mal" dijo) por tener que "oír comentarios diciendo que lo del Aquarius fue una acción de marketing". Aunque, con el paso de los años todos hemos sido conscientes de que Sánchez todo, absolutamente todo lo que hace, es puro marketing.
Sánchez asegura en su libro que "quisieron evitar que la llegada se convirtiera en un show". "No es lo mismo ser portada en la prensa internacional por estas razones que por casos de corrupción o una crisis como la de Cataluña. ¿Marketing? Que se lo digan a los 630 migrantes del Aquarius" señalaba lanzando una directa a Rajoy.
Concluye Sánchez que el caso del Aquarius "ha cambiado" la política europea. "La decisión me hizo sentir reconfortado con la política, por la capacidad de cambio que nos ofrece a quienes tenemos responsabilidades". Qué afirmación más presuntuosa y más alejada de la realidad: acogiendo a los 630 del Aquarius había cambiado el solo la política europea sobre inmigración. Y nada más sentarse en Moncloa.
Después del Aquarius se repitieron circunstancias parecidas de rescate de inmigrantes por el buque español Open Arms, y ciudades como Barcelona, Palma o Algeciras acogieron a inmigrantes durante esos meses.
Primer cambio de criterio
En noviembre, sin embargo, se produjo el primer cambio de criterio del presidente del Gobierno, meses después de presentarse como el faro moral de Europa en materia de inmigración, dispuesto a liderar un cambio profundo que fuera un aldabonazo en las cancillerías europeas.
Cinco meses después del acogimiento de los 630 del Aquarius en junio de 2018, el Gobierno cambió de criterio, el primero de sus muchos "cambios de opinión" que ha fijado en la opinión pública la idea de que Sánchez es un presidente sin principios, que miente o cambia de opinión siempre que sea bueno para sus intereses.
El cambio de criterio consistió en pasar a considerar a Libia —país donde se producen numerosos abusos documentados contra la población inmigrante— un "puerto seguro" donde desembarcar a 12 personas rescatadas por el pesquero Nuestra Madre Loreto, de Alicante, que llevaban diez días en alta mar. Las ONG se negaron al desembarco en Libia, lo que permitió a José Luis Ábalos, ministro de Fomento, justificar el bloqueo del Open Arms en el puerto de Barcelona. Esta decisión del Gobierno español recibió los elogios del líder ultraderechista Matteo Salvini. Días después, la decisión se repitió con el buque Aita Mari, del País Vasco.
En apenas seis meses pasó de considerarse faro moral de la UE en materia de inmigración a recibir elogios de un ultraderechista destacado de lo que, con el tiempo y por necesidades muy personales, pasó a convertirse en el enemigo a batir en Europa. Otro gran propósito de este presidente pastor de ovejas, que se presenta ante Europa como el que consiguió parar a la derecha y la ultraderecha el 23-J. Obviando u olvidando a que lo hizo sumando a la investidura los diputados de un partido, Junts, de derechas y xenófobo, además de golpista.
El asalto a la valla de Melilla
Con el paso de los meses, y los años, Sánchez y su Gobierno demostraron no tener ninguna política concreta en materia inmigratoria, más allá del buenismo que lleva a ignorar el problema.
Un buenismo acompañado de inmovilismo que lo único que ha conseguido es agravar la crisis año a año, y con episodios tan tremendos como el asalto de la valla de Melilla de 2.000 inmigrantes que acabó en junio de 2022 con la muerte de decenas de ellos. Las terribles imágenes dieron la vuelta al mundo y provocó una crisis entre los miembros del Gobierno.
Pese a que la izquierda trató de culpar a la Guardia Civil, lo cierto es que esta cumplió con las órdenes y sentencias para las "devoluciones en caliente". Además, el asalto a la valla se materializó con violencia evidente y un total de 54 guardia civiles heridos.
Pero para violenta la actuación desde el lado marroquí (más de 40 inmigrantes resultaron muertos). Increíblemente, el héroe del Aquarius, el líder de una nueva política centrada en los derechos humanos, felicitó en primera instancia a la policía marroquí por su buen hacer en la contención del asalto.
Habíamos pasado de acoger a los inmigrantes del Aquarius dando ejemplo de lo que tenía que hacer Europa, a considerar a Libia un "puerto seguro" para devolverlos y, finalmente, a felicitar a Marruecos por emplearse a fondo contra los que querían saltar la valla de Melilla, provocando una auténtica masacre.
Durante 2023 y 2024 la cosa no ha hecho sino empeorar, como veremos en la próxima entrega, con un Sánchez al que sólo parece importarle que el problema migratorio provoque tensiones en la oposición, especialmente al PP.





