Colabora

Los 80 años de la negra historia de catástrofes ferroviarias en España

El accidente ferroviario de Adamuz vuelve a poner en el foco la seguridad de la red ferroviaria española tras años de incidentes recurrentes.

Accidente de tren Alvia en Angrois (Santiago de Compostela). | Europa Press

La alta velocidad española vive su jornada más negra en la última década. El descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad a la altura de Adamuz (Córdoba) ha dejado, según las primeras cifras oficiales, un balance desolador de al menos 39 fallecidos. Se trata del siniestro más grave ocurrido en nuestras vías desde la tragedia del Alvia en Angrois en 2013, que segó la vida de 80 personas.

El accidente en tierras cordobesas rompe la seguridad de la que presume el sistema ferroviario y reabre el debate sobre el mantenimiento y la gestión de las infraestructuras en un momento crítico para el transporte nacional.

Una década de incidentes

Desde que el 24 de julio de 2013 un tren que cubría la ruta Madrid-Ferrol descarrilara en las inmediaciones de Santiago de Compostela, la red ferroviaria no había registrado una cifra de víctimas tan elevada. Sin embargo, sí se habían registrado otros accidentes de Renfe y Adif.

En O Porriño (2016), cuatro muertos al descarrilar el tren Vigo-Oporto. En Vacarisses (2018), un fallecido en la R4 de Rodalies, sumando además 44 heridos. En Castelldefels (2010)12 personas fallecidas tras ser arrolladas por un Alaris.

A estos se suman accidentes más recientes, como el choque frontal en la R4 en 2019 donde murió una joven maquinista, o el siniestro de San Baudilio de Llobregat en 2022, que dejó un fallecido y 85 heridos tras la colisión de un tren de pasajeros.

Un sistema bajo sospecha

La tragedia de Adamuz en la que al menos 39 personas han muerto y 73 han resultado heridas, 24 de ellas de gravedad se suma a una lista negra que atraviesa la historia democrática de España. Imposible olvidar el choque frontal en Chinchilla (Albacete) en 2003, donde murieron 19 personas, o el drama de los pasos a nivel, como el de Lorca en 2001, donde fallecieron 12 personas, o el de Juneda (Lérida) en 1988, que acabó con la vida de 15 personas, entre ellas diez niños.

Aunque España presume de tener una de las redes de alta velocidad más extensas del mundo, siniestros como el de hoy en Adamuz obligan a realizar un análisis profundo sobre la inversión real en seguridad y mantenimiento frente a las grandes campañas de propaganda institucional.

Las cifras oficiales del siglo XX ya dejaron cicatrices imborrables, como los 78 muertos en el choque de 1944 en la ruta Madrid-Galicia o los 77 fallecidos en la línea Cádiz-Sevilla en 1972. La tragedia de este domingo demuestra que, pese al avance tecnológico, el riesgo cero no existe y la responsabilidad política en la gestión de las vías vuelve a estar, inevitablemente, sobre la mesa.

Temas

Ver los comentarios Ocultar los comentarios

Portada

Suscríbete a nuestro boletín diario