El PP, un partido en crisis o una excepción de éxito ante el avance internacional de la derecha alternativa
Un análisis comparativo invitaría a no ser tan negativos sobre el desempeño del PP en este ciclo electoral y sobre su futuro en las generales.
La derecha conservadora tradicional en Europa se encuentra en los últimos años en una posición de equilibrio precario. Aunque sigue siendo la fuerza más influyente en las instituciones de la Unión Europea, se enfrenta a una crisis de identidad profunda ante el empuje de las fuerzas radicales y un panorama geopolítico desafiante y complejo.
El Partido Popular Europeo sigue siendo el grupo más numeroso en el Parlamento Europeo (con 188 escaños tras las elecciones de 2024), pero ya no solo pacta, como hacía tradicionalmente, con la socialdemocracia europea y los liberales de Renew, sino que su papel actual es más de puente o de pivote, lo que permite que las mayorías se desplacen hacia la derecha en temas concretos. Por este motivo ya no resulta extraño la colaboración del PPE con los Conservadores y Reformistas (ECR) liderados por Giorgia Meloni, para sacar adelante, por ejemplo, leyes de inmigración y seguridad. Es decir: dentro de las instituciones europeas la línea roja o cordón sanitario contra la derecha radical se ha vuelto borrosa.
No hay que olvidar en todo este panorama la irrupción del factor Trump, con su efecto divisivo en la derecha tradicional e, incluso, en la derecha radical, entre atlantistas frente a soberanistas, y no solo en relación a la guerra de Ucrania, sino también en todo el asunto de Groenlandia, por ejemplo. Y, por supuesto, lo que está ocurriendo en Hispanoamérica con la llegada al poder de Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Daniel Noboa en Ecuador, Rodrigo Paz en Bolivia y Nasry Tito Asfura en Honduras.
Si descendemos a nivel nacional, el problema al que se enfrentan las derechas nacionales tradicionales es cómo relacionarse con la derecha radical, extrema derecha o derechas alternativas sin llegar a perder su esencia moderada. En muchos casos, en temas como inmigración o políticas verdes, han adoptado parte de su agenda, algo que ya ha ocurrido a nivel europeo, donde el PPE ha presionado para flexibilizar las normativas agrícolas y endurecer el asilo como forma de no perder al electorado que estaba votando a opciones más radicales.
En definitiva, la derecha conservadora tradicional tiene que gestionar en cada país el indudable "giro a la derecha" que se está produciendo a nivel mundial y su supervivencia dependerá en gran parte de si logra ser vista como la opción de orden y gestión eficiente frente al populismo de soluciones fáciles. En este sentido, y pese a todas las críticas que está recibiendo el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo por los resultados en las autonómicas de Extremadura y Aragón, y por el estancamiento que detectan las encuestas a nivel nacional, de momento su situación con respecto a la situación de otras derechas nacionales en países de nuestro entorno es realmente envidiable.
Francia
En Francia, la derecha conservadora tradicional ha estado representada históricamente por Los Republicanos (LR) y su situación actual es de supervivencia, atrapada en una pinza entre el centrismo de Emmanuel Macron y la derecha radical de Marine Le Pen y Jordan Bardella. Mantienen su fuerza en el control de alcaldías y regiones, lo que les permite tener una estructura que el partido de Macron no tiene y que se pondrá a prueba en las próximas municipales de marzo de 2026.
De cara a las presidenciales de 2027, Los Republicanos carecen de un candidato presidenciable que logre romper el 5-8% en los sondeos de intención de voto. Las últimas encuestas dan a la derecha tradicional francesa una intención de voto que se mueve en una horquilla de entre el 4% y el 9.5%. Enfrente, Agrupación Nacional, con Jordan Bardella o Le Pen, obtendría —según los últimos sondeos de Odoxa, Ifop e Ipsos— entre un 33% y un 37.5% de los votos en la primera vuelta, convirtiéndose en la fuerza con mayor intención de voto. En el ballotage las encuestas de finales de 2025 y principios de 2026 muestran que Bardella podría ganar a cualquier candidato en segunda vuelta, incluido el centrista Édouard Philippe con un 53%-56%. Frente a Mélenchon o Glucksmann, Bardella ganaría con un aplastante 58%-74%, según sea el candidato.
La conclusión es que la derecha tradicional francesa se encuentra en estos momentos en un riesgo cierto de pasokización, es decir: de convertirse en un partido marginal "de cuadros" y, en todo caso, de apoyo legislativo al centro. O de desaparecer completamente.
Alemania
La situación de la derecha tradicional en Alemania —la CDU, Unión Demócrata Cristiana— es una de las más tensas de Europa. Sigue siendo la fuerza principal del país, pero se encuentra en una encrucijada frente a Alternativa para Alemania (AfD).
En febrero de 2025, Friedrich Merz logró recuperar la cancillería con un 28,5% de los votos, pero con un giro conservador respecto a la era de Angela Merkel. Así, ha endurecido el discurso en inmigración y seguridad como forma de taponar la fuga de votos hacia la AfD. Pero al mismo tiempo, se produce la contradicción de que, para mantener el "cordón sanitario" hacia la AfD se ha visto obligado a gobernar en coalición con los socialdemócratas del SPD o Los Verdes.
En cuanto a las perspectivas que dibujan los sondeos en 2026, puede afirmarse que la AfD ha pasado de ser un partido que recogía el voto protesta a convertirse en segunda fuerza e, incluso a poder mirar de tú a tú a la CDU. Los sondeos de enero y febrero de 2026 muestran que, en plena crisis económica y estancamiento industrial, la AfD empata con la CDU en un 26% de intención de voto a nivel nacional. Además, en los estados federados de la antigua Alemania Oriental, la AfD es la fuerza dominante, y son casi ingobernables sin su concurso.
Este año Alemania se enfrenta a cinco importantes elecciones regionales en las que Merz ha declarado la guerra a la AfD, a la que califica de "degradación para Alemania". Pero dentro de la propia CDU, especialmente a nivel local, piden mayor pragmatismo a la hora de relacionarse con la segunda fuerza política del país, considerando antidemocrático el bloqueo sistemático de la AfD que, además, solo contribuye a su crecimiento.
Nada está escrito aún, pero las tendencias nacionales y globales podrían convertir a la derecha radical en la primera fuerza en Alemania por primera vez, por encima de los dos grandes partidos del sistema: la CDU y el SPD.
Reino Unido
Fuera de la Unión Europea, en el Reino Unido el Partido Conservador —Tories— atraviesa también una crisis existencial sin precedentes. Su estrepitosa derrota de 2024 no le hizo perder solo el poder, sino que su hueco en cuanto a las preferencias electorales ha sido ocupado por el partido de Nigel Farage, Reform UK.
Desde 2024 el Partido Conservador británico está liderado por Kemi Badenoch, quien representa el ala más ideológica y thatcherista, centrando su discurso en la identidad, la libertad de expresión y la crítica al wokismo, como forma de recuperar al votante conservador que se ha pasado al partido de Farage. Por este motivo también han adoptado posturas más duras en inmigración y soberanía, aunque las encuestas muestran por ahora que la estrategia no está funcionando.
Las encuestas de principios de 2026 —Ipsos, YouGov— muestran un panorama realmente preocupante para los Tories: por primera vez en la historia moderna, los sondeos sitúan a Reform UK como la fuerza dominante de la derecha, con un 31% de intención de voto, mientras que los Conservadores han caído a un histórico 19-21%, que por el sistema electoral británico podrían quedar relegados a tercera o cuarta fuerza en unas generales.
La gran esperanza de Reform UK estaría tanto en el desplome de los Tories, que las encuestas dan por descontado, como en el desgaste del Primer Ministro Keir Starmer, cuya popularidad está en niveles mínimos. El descontento con Starmer no se estaría canalizando hacia el Partido Conservador, sino a favor de Nigel Farage por la derecha y de Los Verdes por la izquierda.
Los comicios locales de 2026 van a ser un desafío para el Partido Conservador. De perder la mayoría de sus concejales frente a Reform UK, podría producirse una fusión de ambos partidos bajo la batuta de Farage.
Italia
En Italia, la derecha tradicional ha sido ya fagocitada por Fratelli d'Italia (Hermanos de Italia) de Giorgia Meloni, pero con un matiz que la hace peculiar y único: la derecha radical de Meloni al llegar al poder se ha movido hacia el centro institucional para gobernar.
Lo que en los medios se define como la melonización de la derecha en Italia, por oposición a la orbanización (por el húngaro Viktor Orban), ha consistido en que Hermanos de Italia se ha convertido, al mismo tiempo, en la derecha radical y la derecha tradicional, con una situación a principios de 2026 de casi hegemonía total, si exceptuamos la lucha por la supervivencia de lo que queda del berlusconismo.
Hermanos de Italia domina las encuestas en febrero de 2026 con un sólido 29%-31% de intención de voto. Mientras tanto, Forza Italia, el partido que fundó Silvio Berlusconi, ha conseguido estabilizarse bajo el liderazgo de Antonio Tajani (ministro de Exteriores de Meloni) que se mueve en las encuestas en torno a un 8-10%, pero que funciona más como un satélite de Meloni que como alternativa en la derecha. El otro socio, La Liga de Matteo Salvini, vive momentos críticos en 2026, con una intención de voto en los sondeos de entre un 7% y un 8%. Salvini intenta recuperar terreno radicalizándose aún más, pero no parece que la estrategia le esté dando resultado.
¿Está tan mal el PP?
Visto lo visto en la relación de fuerzas entre la derecha tradicional y la derecha radical/alternativa en Francia, Alemania, Reino Unido e Italia, hay que concluir que, de momento, los resultados que está obteniendo el Partido Popular en este ciclo electoral autonómico —teniendo en cuenta la fuerza con la que sube Vox—, y los resultados que auguran las encuestas de cara a las próximas generales, cuando Pedro Sánchez se decida a convocarlas, no son ni mucho menos tan negativos como describen la mayoría de analistas de los medios de comunicación. Ya quisieran Los Republicanos, la CDU, el Partido Conservador británico o Forza Italia estar en el entorno del 33-34% en intención de voto como está el Partido Popular en España.
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