Vito Quiles no es el héroe que merecemos, pero sí el que necesitamos
Quiles demuestra una cosa: que desde la derecha se puede hacer guerra de guerrillas contra el poder.
Una jueza ha archivado la denuncia que Sarah Santaolalla le puso a Vito Quiles por acoso y agresión. Después de pasearse con el brazo en cabestrillo por los platós durante semanas, resulta que la justicia no ha encontrado ningún indicio de que en aquel incidente se cometiera algún delito. Podría uno sorprenderse, si no fuera porque existe un vídeo del luctuoso acontecimiento en el que se ve que todo lo que dice la tertuliana del PSOE es un embuste detrás de otro. También el cabestrillo. Tampoco consiguieron encontrar un médico dispuesto a jugarse el número de colegiado para corroborar la trola, así que la propagandista se presentó ante la jueza con un relato con más agujeros que un soldado ruso. En un país normal, un ridículo semejante seguramente acabaría con la comunicadora en la cola del paro o abriéndose un Onlyfans, pero estamos en la Españita de las saunas sostenibles y las chistorras resilientes.
Al hablar de Vito Quiles, la mayor parte de la gente de derechas siente la irrefrenable pulsión de especificar antes que nada lo mal que le cae y lo terrible que le parece todo. "No estoy de acuerdo con él, pero…". Como si hubiera que pedir perdón por opinar contra las subnormalidades de una izquierda echada al monte hace años. La prensa española estaba preocupadísima por una broma de colegio mayor mientras el ministro de Transportes y número dos del Gobierno y del PSOE se lo montaba con prostitutas como los Donuts, de dos en dos. Ese mismo individuo al que la Wifi se le conecta automáticamente en todos los burdeles de la Nacional 340 puso al portero de un puticlub como consejero en Renfe mientras la muy progresista y muy comprometida prensa española se hacía cruces por los mensajes de un grupo de WhatsApp de estudiantes en Logroño. Se entiende perfectamente que cuando un veinteañero con cara de crío que ni siquiera es periodista le hace preguntas incómodas al portavoz del gobierno, los periodistas profesionales se hagan cruces. ¿Cómo osa alguien importunar a su Sanchísima Pedridad? ¿No ven que está salvando el mundo? Así sucede que mientras TVE y los medios del Grupo Prisa le hacen a Sanchez una y otra vez la misma pregunta de cómo puede ser tan guapo y tan carismático y que aún así las encuestas pinten tan mal, un único individuo va a las ruedas de prensa del Congreso a interrogar al poder sobre corrupción, prostitución y sobre la familia del presidente, que aúna las dos cosas.
Opina Juan Soto Ivars que Vito Quiles trabaja inadvertidamente para el PSOE; al Gobierno le viene fenomenal tener un antagonista que le permita azuzar el fantasma de la turboextrema ultraderecha, lo único que Saunamán puede ofrecer ya a su menguante base de fieles, anhelantes de algo a lo que poder aferrarse después de la infinita sucesión de escándalos, imputaciones y condenas del último par de años. Puede que sea cierto, pero Quiles también demuestra una cosa: que desde la derecha se puede hacer guerra de guerrillas contra el poder, especialmente un poder que permanentemente revienta las reglas del juego desde hace más de una década. Hace quince años la izquierda empezó a enviar turbas furiosas a las casas de los políticos de derechas para protestar por las consecuencias inevitables de la gestión del gobierno al que ellos mismos habían votado. Aquellos episodios sistemáticos de acoso contra políticos del PP, UPyD y Ciudadanos y sus familias fueron denominados "Jarabe democrático de los de abajo" por el castrista Iglesias, futuro vicepresidente del gobierno. Sólo dejaron de hacerlo cuando empezaron a sufrirlos ellos mismos. La presunta encubridora de su marido pederasta, Mónica Oltra, fue la primera, allá por 2017, y los Ceaucescu de Galapagar acabaron recibiendo su propia medicina unos años después. Entonces ya no era la voz del pueblo, era fascismo. Como fascismo es Vito Quiles, mientras que la gente que apedrea políticos y apaliza reporteros son calificados alegremente como "antifascistas".
Da igual si a uno le gusta o no que un tipo le ponga un micrófono en la cara a la mujer del presidente del gobierno. Lo que hace es legal. Era legal acosar a Esteban González Pons en su casa con sus hijos dentro, no va a ser legal preguntarle a una tetraimputada por sus presuntos y múltiples delitos. Si lo que hiciera Quiles fuera ilegal ya estaría en la cárcel, pero no lo es. Quiles tiene la delicadeza de no usar mi dinero para sus performances, cosa que no hacen los infinitos parásitos que vomitan propaganda gubernamental 24/7 en Televisión Española, de Intxaurrondo a Fortes, pasando por el novio cincuentón de la veinteañera Santaolalla. Así que si les pica, que se rasquen.
Lo más popular
-
Dile adiós a la celulitis con los mejores masajeadores eléctricos: tecnología avanzada para una piel lisa y firme -
Choque diplomático: Ayuso suspende su viaje a México tras el "boicot" y las "amenazas" de Sheinbaum -
Madrid quiere explotar una energía inagotable en unos viejos pozos para buscar petróleo -
De directiva en Tesla a la viña: el viaje de Alba Abiega para crear el 'mejor tinto de España' -
Peramato y Bolaños ocultan el expediente sobre la continuidad de García Ortiz en la Fiscalía
Ver los comentarios Ocultar los comentarios