
La candidata del PP, María Guardiola, reconocía a su llegada a la Asamblea de Extremadura que llegaba sin acuerdo cerrado con Vox, pero con "confianza" en que "las cosas pueden salir bien" y en que, "al final", la formación de Santiago Abascal escuche a los extremeños. Y, antes de subir a la tribuna para pronunciar su discurso de investidura, insistió en que era "una tarde para construir".
Durante 50 minutos de alocución, Guardiola dibujó una Extremadura que —asegura— ha mejorado en empleo, exportaciones y servicios públicos en los dos últimos años. También defendió su gestión económica basada en bajadas de impuestos y apoyo a empresas y autónomos, reivindicó inversiones en sanidad, educación y dependencia, prometió más vivienda y políticas de natalidad.
Además, exigió una financiación "justa" frente a lo que considera cesiones del Gobierno central al separatismo, defendió la continuidad de Almaraz y endureció el tono en inmigración reclamando orden y liderazgo; todo ello envuelto en una apelación constante a la estabilidad, al respeto al resultado electoral y a la necesidad de dejar atrás el bloqueo para que "Extremadura siga avanzando".
Guiños a Vox: "No hay un muro entre nosotros"
El discurso tuvo un tono general muy institucional, aunque hubo varias partes que pueden interpretarse como un guiño a Vox, empezando por un reconocimiento explícito de Guardiola: "Llegué a la presidencia de la Junta de Extremadura con el apoyo de Vox. Sé que hoy no lo tengo. Pero nadie puede negar que juntos impulsamos medidas que han funcionado. Y no voy a regodearme en la diferencia, sino a centrarme en lo que nos une". Y añadió: "Hay muchas cosas en las que coincidimos… Pero no somos incompatibles. No hay un muro entre nosotros."
Otro de los bloques más nítidos fue el dedicado a la inmigración, a la que se refirió como una oportunidad "si se gestiona con rigor" y como problema "si no hay liderazgo ni un modelo serio". También criticó los "cupos" y cargó contra el Gobierno de Pedro Sánchez, que "ha convertido la irregularidad en la vía más cómoda" y "ha ignorado la seguridad de nuestras fronteras".
La defensa del sector primario fue especialmente combativa: denunció que las exigencias del Pacto Verde ponen en riesgo la rentabilidad de los agricultores y criticó la entrada de productos de Mercosur sin "reciprocidad", aunque no exigió la derogación total del acuerdo de libre comercio. Y sobre Almaraz, Guardiola expresó una defensa sin matices de la continuidad de la central, otro de los puntos de acuerdo con Vox: "La energía nuclear no es el pasado, es el presente y el futuro".
Los escollos: feminismo y antipolítica
Aunque Guardiola anunció una futura Ley de Apoyo a las Familias para el Fomento de la Natalidad, con especial atención a familias numerosas y dependientes, encaja con un marco cultural que Vox suele priorizar, también realizó una defensa explícita de las políticas contra la violencia de género desarrolladas en la comunidad, uno de sus grandes puntos diferenciales con la formación de Abascal. Así, Guardiola presumió de la creación de cuatro Centros de Atención Integral a Víctimas de Violencia Sexual y de la conversión de casi 750 farmacias y botiquines rurales en "Espacios de Confianza para víctimas de violencia machista".
Además, antes de acabar, Guardiola dejó un último recado: "Y también tenemos que combatir la antipolítica, la que se alimenta del ruido y del desprecio. Se combate con interés general, con diálogo, con acercamiento de posturas y con humildad. Con discrepancias leales y acuerdos transparentes. Con una idea sencilla: aquí se viene a trabajar para los extremeños, no a reventar caminos y pactos".


