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Rajoy esgrime la ley pero no evita su incumplimiento

"Esta Cámara no puede aceptar que se les ceda una competencia intransferible para convocar un referéndum para liquidar la unidad de España".

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Primero, lo que dice la ley. Después, la réplica al relato de la "opresión" para decir alto y claro lo que supondría para Cataluña la ruptura. Y, finalmente, la oferta de diálogo. Todo ello en la sede de la soberanía nacional: sin estridencias, pero con firmeza dialéctica. Las líneas rojas están claras y Mariano Rajoy, ante quienes representan a los españoles, prometió que no se traspasarán. Pero, de momento, sigue quedándose en la advertencia sin especificar cuál es su plan de acción en el peor de los casos.

"No es posible atender a lo que nos solicita el Parlamento de Cataluña, porque no lo permite la Constitución. No lo permite porque, independientemente del uso que se le quiera dar, se trata de una competencia indelegable", pronunció el jefe del Ejecutivo. Un discurso destinado a todos los españoles, pero en especial a los catalanes. Durante su primera parte de su intervención puso negro sobre blanco en lo que respecta a las leyes: "El Estado debería conservar siempre la titularidad de sus competencias para no dejar a los ciudadanos, a sus derechos y a su igualdad desguarnecidos; o, si lo prefieren, para no privar al Estado de su principal razón de ser".

Rajoy conoce bien el marco jurídico. A él se refirió en constantes ocasiones en 2005 para rechazar el plan Ibarretxe en una locución memorable a ojos de los suyos, y a él volvió el día en el que el ausente Artur Mas llevó al Congreso de los Diputados su amenaza de ruptura. "La titularidad de las competencias exclusivas es indelegable", insistió. Esto es, "si este Parlamento tuviera la potestad de transferir la titularidad de todas las competencias exclusivas, estas Cortes tendrían la potestad de liquidar la Constitución y el Estado mismo sin el concurso ni la aprobación del conjunto de los españoles".

Lo que se pretende con el referéndum, dijo sin medias tintas Rajoy, "es proclamar una soberanía que no existe porque nuestra Constitución no la reconoce". Y añadió: "No existen soberanía regionales, ni provinciales, ni locales. Ni existen, ni se pueden crear, ni se pueden admitir, al menos con esta Constitución". El presidente recordó que "no estamos hablando solamente de Cataluña. Hablamos de España entera, de los intereses y del futuro de España, y de quién está facultad para tomar las decisiones que le afectan".

Cada palabra estaba estudiada. "Un discurso de altura", según sus asesores, ante una amenaza real. Atrás quedaron otras épocas en las que desde el Ejecutivo se decía que Mas presionaba para conseguir más fondos de las arcas estatales. "Esto es un pulso", y Rajoy espera ganar. Si Mas da el paso y convoca formalmente la consulta -tras crear una ley a tal efecto-, el Gobierno acudirá al Tribunal Constitucional. Ésa será la verdadera prueba de fuego a ojos del gabinete: a partir de entonces, todos tendrán que retratarse.

Rajoy no usó el debate para citar las herramientas que la Constitución le otorga: no habló de suspensión de autonomía en ningún momento y tampoco llamó al orden a la Generalidad por las sentencias que ya incumple, por ejemplo en materia lingüística. Se limitó a poner el límite en la ley: "Ni este Gobierno, ni las Cortes Generales, ni el Parlamento de Cataluña pueden legítimamente privar de manera unilateral al conjunto del pueblo español, único titular de la soberanía, de su derecho a decidir sobre el futuro colectivo", resumió.

El PP: "No ha habido partido"

El jefe del gabinete se vino arriba con el paso de su intervención, que duró unos 40 minutos, y acabó por levantar a los suyos de sus escaños durante varios minutos. Desde el PP también se agradeció "el sentido de estado" de Alfredo Pérez Rubalcaba "hasta que habló del federalismo". Moncloa confirmó contactos con Rajoy hasta el domingo, y admitió que el jefe de la oposición estuvo "a la altura de las circunstancias".

Del debate queda claro que el plan de Mas es una "amenaza" y Rajoy se compromete a no aceptarlo, sin aclarar cuál es su hoja de ruta. "No es algo que podamos resolver el señor Mas, aunque hubiera venido hoy, y yo con un café. Aunque tomáramos 500, seguiría fallando lo que no tenemos: la potestad que la Constitución nos niega", puso como ejemplo. Llamó la atención que el presidente no hiciera más sangre ante el plantón del líder catalán. "No ha habido partido", se quejaron por parte de las filas populares, evidenciando el bajo nivel de los representantes de la Cámara regional.

La puerta abierta "de par en par" para aquellos que no estén conformes con el actual estado de las cosas es la de tratar de reformar la Constitución. Otra cosa es que el PP se sume. "Esto es lo que dice la ley. Yo como presidente del Gobierno estoy obligado a cumplir la ley, no me pidan que deje de hacerlo", afirmó Rajoy. "Ustedes también están obligados a ello", avisó a los representantes catalanes, en la que fue una de las pocas advertencias directas.

Las mentiras de Mas

Su intervención, destacó, podría haber concluido con el relato de lo que dice la Constitución. Pero sólo ocupó la mitad de su discurso. "Quiero ir más allá", recalcó. "No es verdad que en Cataluña se sufra una opresión insoportable. No es verdad que se persiga la lengua catalana o que se asfixie su cultura. No es verdad que se pongan trabas al desarrollo económico, ni que se torpedee el bienestar", sentenció, generando la ovación de la bancada del PP.

Rajoy se afanó en dar réplica a las mentiras de quienes pretenden romper el país. "Yo no puedo compartir una hipotética historia de agravios, no puedo asumir su relato de opresión. Sinceramente no puedo aceptarlo porque no es verdad", afirmó. "Yo veo las cosas de otra manera, veo esos siglos de historia en común", que no dudó en explicar ante la Cámara.

"Perdónenme la vanidad, pero tal vez yo creo en Cataluña más que ustedes. Al menos yo no me siento en la necesidad de demostrar a cada paso que Cataluña existe. Me consta que existe, que es uno de los puntales de nuestra patria, que no se entiende España sin ella del mismo modo que resultaría incomprensible Cataluña sin el resto de España", aclaró un Rajoy muy semejante al que dio réplica a Ibarretxe en el 2005, cuando era líder de la oposición.

"Amo a Cataluña, como a las demás comunidades", llegó a afirmar. Todas las regiones tienen "derecho a decir" a través de las urnas, eligiendo a sus representantes. Pero recalcó: "Votar es democrático, sí. La democracia no se entiende sin las urnas, sí. Pero no bastan las urnas para que un acto sea democrático. ¿Qué es lo que falta? El respeto a la ley". Y dio un titular redondo: "No hay democracia sin ley":

Otra pata del discurso de Rajoy fue para decir bien alto los inconvenientes de la ruptura. "Cuando alguien habla en serio expone las ventajas y los inconvenientes. Nada hemos escuchado nunca de los segundos". Sin duda, los enviados de Mas a las Cortes nada dijeron. "Ni siquiera citan la evidencia de que Cataluña sería más pobre, que saldría de Europa sine díe, del euro, de la ONU, de los tratados internacionales", destacó. Y preguntó a los que pretenden la secesión: "¿Han explicado ustedes a los catalanes que perderían todos los derechos que les corresponden en España como ciudadanos españoles?".

Mantiene la vía del diálogo

"Se les escucha y se les entiende muy bien, pero no se les puede reconocer lo que no tienen. No tienen razón", fue el demoledor diagnóstico de Rajoy. Pero esto no significa que rompa los puentes. Ni mucho menos. La Generalidad tiene del presidente "la más absoluta disposición al diálogo, siempre, como es obvio, dentro de los límites" del texto de 1978. "Hay muchas cosas sobre las que dialogar, muchos problemas reales que se están viendo pospuestos por atender a los insolubles", denunció. En la víspera, declaró que no vislumbra "otra cosa" que lograr una solución dialogada.

El Ejecutivo quiere negociar y abordar el modelo de financiación, pero es pesimista. Mas no se mueve aunque actores clave del mundo empresarial y político -incluidos cargos de CiU- llaman a Moncloa pidiendo ayuda. Durante su intervención, por varias veces, Rajoy acotó el diálogo a los marcos legales: "Esta Cámara no puede aceptar que se le ceda una competencia intransferible para convocar un referéndum que tiene como objeto liquidar el régimen constitucional y la unidad de España".

Para el final, el presidente se guardó las referencias al consenso y a la concordia. Esto es, echó la vista atrás para rememorar la Transición. "No es posible alabar aquel consenso y, al mismo tiempo, negar su fruto principal. Sería tan contradictorio como aplaudir la causa y rechazar el efecto", aseveró. Y aún dejó grabado en el diario de sesiones: "No fueron disquisiciones sobre la esencia de la nación lo que nos unió y nos une a los españoles, sino la voluntad de compartir la vida e imaginar, juntos, un futuro mejor". Mas no estaba escuchándole en la Cámara y Rajoy, cuando bajaba del atril, ya sabía que la crisis no se cierra pese al portazo del Congreso. Ni tan siquiera tomó la palabra en la réplica. "¿Y qué pasará mañana?", se le preguntó a sus asesores. "Pregunten a Mas", fue la respuesta.

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