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Ciudadanos, PP, PSC y España en Cataluña

Las razones que han llevado al éxito de unos... y al fracaso de otros en las elecciones catalanas.

(Barcelona)
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Ciudadanos, PP, PSC y España en Cataluña
Inés Arrimadas y Albert Rivera, en el cierre de campaña | EFE

Puede que el gran secreto del éxito electoral de Ciudadanos haya sido hablar de España en Cataluña sin complejos ni cálculos abstrusos, sin medias tintas, sin manías ni mandangas. El dúo formado por Albert Rivera e Inés Arrimadas no ha necesitado envolverse en la bandera como Pedro Sánchez y Miquel Iceta, a quienes, por otro lado, les sienta la rojigualda como a un santo dos pistolas. Sin más discurso que una España federal (entelequia en la que persiste el socialismo desde los tiempos en que Maragall pintaba algo en el partido), el PSOE es en Cataluña una franquicia en descomposición desde el mismo día en que a Zapatero se le ocurrió bendecir el Estatuto que muñiría un tripartito enfrascado en ser mas pujolista que el gran estafador moral y fiscal.

El Perú ya venía tocado y se jodió del todo cuando el exalcalde y entonces president se envainó el 3% a cambio de sacar adelante un Estatuto infumable que no resiste la lectura crítica de un estudiante de Derecho en prácticas. Pero no se trataba de salvar sólo la tramitación del Estatut. Constaba también la certeza de que el 3% era una práctica tan extendida en Cataluña que, de continuar por ahí, Maragall acababa con CiU, con su propio partido y con los medios de comunicación dedicados a tapar la basura y reciclarla en detritos como ese "Espanya ens roba" que subyace en el inconsciente de los catalanes apegados a TV3 y a La Vanguardia.

Un titular de 'La Vanguardia'

El titular de ese diario este 28-S refleja bien a las claras que el grande de España Godó es un vasallo traidor o no se entera de nada mientras le hacen el periódico los componentes del soviet periodístico separatista que copa la mancheta. "El sí se impone" ha sido el resumen vanguardil del trompazo de la candidatura que patrocinaba, los Juntos por el sí.

De vuelta al caso de los socialistas, la bandera les ha servido de bien poco. Ellos mismos consideran que el verdadero puntazo de su campaña fue el candidato bailongo. El "tren" llamaba Iceta a su estilo de desparrame mitinero. Sólido argumento para mandar a Iceta de animador de cruceros de medio pelo. Alegan que sólo han perdido cuatro diputados en relación a 2012. Dos años antes, el PSC obtuvo 28 escaños. Que sigan bailando.

En el caso del PP, lo mejor que se puede decir es que al menos no están contentos con sus 11 diputados. Venían de 19, uno más de los conseguidos en 2010. Como es costumbre en la formación conservadora, vuelan las sillas y salen a relucir las facas. Los dirigentes del partido en Cataluña hace tiempo que llegaron a la conclusión de que en Moncloa pesan más las opiniones y conjeturas de ese pedazo de lumbrera que es Duran que las peticiones de socorro y medios procedentes de la sede pepera catalana.

El desprecio de Génova y Moncloa con quienes sostienen el partido en Cataluña es monumental. Y el desconcierto en Barcelona es tal que la formación se entrega a chapuzas de imagen como la de llamarse "Partit Popular Català". Han conseguido que no les digan fachas, sino "fatxes". Todo un logro debido a los complejos de sus cuadros, las órdenes de Madrid y las referencias políticas que se manejan en territorio catalán. Dicen que la palabra España asusta a sus votantes cuando, en realidad, les asusta más a ellos que a nadie, con la salvedad de Alberto Fernández, que sacó a pasear la bandera ante las narices de Mas, Colau y Pisarello, un separatista de Tucumán, como sor Caram.

El giro catalanista del PP "català"

No hace tantos años, con Josep Piqué nombrado por Aznar presidente del partido en Cataluña, que se intentó un "giro catalanista", probablemente una de las mayores estupideces cometidas por el "Partit Popular" para darle gusto al mandarín Pujol y romper el cordón sanitario impuesto por el resto de las formaciones, el llamado "Pacte del Tinell". No consiguieron más que la pura desnaturalización y abrir la ventana de oportunidad de la que nació Ciudadanos no hace ni diez años. Denunciaban la falta de libertades, la imposición del catalán en todos los órdenes, la inmersión y el adoctrinamiento escolar, el ambiente putrefacto de la política catalana, la mafia de las adjudicaciones públicas y el odio a España y los insultos a los españoles en toda clase de tribunas. La pasividad del PP, la inopia del PSC y la oposición frontal y si ambages ante el totalitarismo nacionalista ha convertido a C's en la referencia española y constitucionalista en la ciénaga catalana.

Todo esto ha ocurrido en un entorno electoral donde no rige la premisa de una persona, un voto. Conseguir un diputado en la Barcelona industrial, en la franja litoral, en la conurbación condal cuesta muchos más votos que en la Cataluña interior que desembarca cada "Onze de Setembre" en la capital. Esta rareza electoral explica que el 52% de los votantes tenga menos escaños que el 48%. Lo que no tiene explicación, salvo a la luz de la psiquiatría, es que los panchos, Romeva, Junqueras y Mas, digan que no sólo han ganado en escaños sino también en votos.

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