
Uno de los nacionalistas catalanes más radicales, el exconsejero de Interior Miquel Buch, ha recurrido a su cuenta de Instagram para denunciar que en un restaurante se han negado a atenderle en catalán. Se trata de un establecimiento histórico, el Café de París, que opera en Barcelona desde 1972 y que ha sido frecuentado por todo tipo de público de alto poder adquisitivo, incluidos políticos nacionalistas y hasta el propio Jordi Pujol, sin que hasta ahora se haya registrado incidente alguno. Y menos por el idioma.
Sin embargo, Buch, exalcalde de Premiá de Mar, conocido por sus modales bruscos, sus aires de superioridad y una actitud avasalladora con subordinados y extraños, ha montado el número delante del restaurante alegando que se han negado a atenderle en catalán y le han anulado la reserva.
Según el medio Crónica Global, el primero en hacerse eco del esperpéntico episodio, en el restaurante niegan todas las acusaciones del político separatista, aducen que su personal es catalán y que Buch reclamó la hoja de reclamaciones, que le fue suministrada, pero no aclaró las razones de su queja.
El Café de París esta emplazado en una de las zonas más distinguidas de Barcelona, en el distrito de Sarriá-San Gervasio, y Buch, un exconsejero de Interior, no tuvo reparo en grabarse delante de la puerta despotricando contra el personal del local mientras otros clientes accedían a su interior.
Buch, que fue quien le puso escolta de los Mossos a Puigdemont a cargo de los presupuestos de la Generalidad, ha podido acogerse a la amnistía para eludir la pena de cuatro años de cárcel que se le impuso por prevaricación y malversación en relación a ese hecho. Buch había contratado en calidad de asesor de la consejería a un escolta desplazado a Bélgica para prestar servicio de guardaespaldas al golpista prófugo.
En medios políticos y periodísticos es considerado uno de los más egregios representantes del estilo "usted no sabe con quién está hablando". Ya en el juicio mostró sus maneras de prepotente haciendo "chistes" sobre que él no controlaba dónde estaban sus subordinados y que el escolta podía estar en Bélgica o en los Sanfermines, que le daba igual mientras cumpliera con sus cometidos.


