
La izquierda vive un momento de desgaste y pérdida de apoyos, a tenor de los resultados electorales en Extremadura y Aragón. De momento, la solución que proponen todos ellos es refundarse (otra vez). El objetivo, frenar el avance de Vox y PP. La estrategia, celebrar muchos actos llenos de parafernalia, pero vacíos de contenido para intentar calmar a todos esos "átomos progresistas que se agregan a una molécula que tiene hambre", en palabras de la líder de Más Madrid, Mónica García. Pero si hay algo que no ha cambiado es que todos pedirán la unidad de las izquierdas desde distintos escenarios, cada uno con su propio micrófono.
El próximo 21 de febrero, Movimiento Sumar, IU, Más Madrid y los comunes celebrarán en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el acto de refundación de la coalición bajo el lema ‘Un paso al frente’. Según explican, el objetivo es iniciar el proceso para construir "una alianza común, compartida y abierta" y tejer un espacio a la izquierda del PSOE "más democrático" y "más sólido".
Tal y como sucedió hace cuatro años en Matadero (Madrid), Sumar ha invitado "a todas las fuerzas políticas de la izquierda plurinacional y transformadora del Estado", aunque no está claro si acudirá la propia Yolanda Díaz.
La cuestión es que, tres días antes, el 18 de febrero, Gabriel Rufián ya habrá ocupado foco y titulares con su propio acto en la sala Galileo Galilei de Madrid, junto a Emilio Delgado, portavoz adjunto de Más Madrid en la Asamblea madrileña. Es decir, uno de los partidos que forma parte del proyecto que pretende refundarse el día 21. El acto también tiene previstas charlas con otros dirigentes como Oskar Matute, de EH Bildu.
Contraprogramación hostil
En Sumar no ha sentado especialmente bien que Rufián se les adelante y que, en plena refundación, se dedique a marcar perfil propio, aunque de puertas afuera se imponga el tono conciliador. Yolanda Díaz ha dado la bienvenida a estas iniciativas: "Todo lo que sirva para ensanchar la esperanza" es "bienvenido". "Todo lo que sume, el acto del 18, el acto del 21, todo lo que ayude, bienvenido sea. Pero insisto, va de la gente, no va de hablar de nosotros y de nosotras".
Rufián, por su parte, asegura que no entiende el revuelo. "Creo que algo hay que hacer y sería negligente no hacerlo. El 'qué' se lo dejo a gente que es muchísimo más inteligente que yo y, sobre todo, que manda más que yo". Eso sí, insiste en que es momento de que las fuerzas "soberanistas, independentistas, nacionalistas y autodeterministas" no dejen que estas coaliciones las lideren "partidos de Madrid". Y subraya que el "derecho de autodeterminación" es "sagrado". Así que Rufián está convencido de que, con tal de que las derechas no toquen poder, un señor de Ciudad Real no tendrá reparos en apoyar el secesionismo o la financiación singular de Cataluña.
Rechazo en la propia izquierda
Los planes de Sumar o Rufián no parecen entusiasmar demasiado a las propias izquierdas y mucho menos a las nacionalistas. EH Bildu ha dejado claro que "Nuestra estrategia no es esa, nuestra estrategia está centrada en Euskal Herria y por ahí vamos a ir". Desde la dirección de ERC recuerdan que en unas generales se presentarán con sus propias siglas y el Bloque Nacionalista Galego (BNG) tampoco está por la labor. De hecho, el propio Rufián admite que su propuesta cuenta con "un 0% de apoyo político", aunque confía en tener más respaldo popular.
Tampoco Podemos está interesado en la propuesta de Rufián y mucho menos en la de Sumar, con una Yolanda Díaz, en su opinión, postrada plenamente ante el proyecto sanchista. En palabras de Belarra, "nosotras queremos poner a la izquierda en pie", y eso no puede hacerse de la mano de Sumar porque precisamente su creación, sostiene Belarra, "comprometió" la existencia de la izquierda alternativa.
En cualquier caso, mientras la extrema izquierda no es capaz de coordinar ni siquiera el calendario de actos, parece convencida de que la fórmula para recuperar a los votantes pasa por una nueva refundación… sin modificar una coma del discurso. Y así, corren el riesgo de repetir su propia historia, como dijo Karl Marx, "una vez como tragedia y la otra como farsa".


