Menú

Il dubbio è mobile

En el caso de la familia Sánchez, Pedro, Begoña y David, los tres han tenido un afán extraordinario por ascender en la escala del mérito intelectual.

En el caso de la familia Sánchez, Pedro, Begoña y David, los tres han tenido un afán extraordinario por ascender en la escala del mérito intelectual.
El hermano del presidente del gobierno David Sánchez y Miguel Ángel Gallardo, ex líder del PSOE extremeño, durante el juicio por la contratación del primero en la Diputación de Badajoz. | EFE/ Ballesteros POOL

La verdad es que no salgo de mi asombro con este hermanísimo, otro en nuestra historia reciente, del que se sabe más bien poco y lo poco que se sabe se sabe muy poco. Como soy un pionero en esto de los hermanísimos –investigué durante años a Juan Guerra desde 1990 como puede acreditarse en la hemeroteca de El Mundo -, debo reconocer que el nuevo caso, ahora en pleno juicio, no es ni picaresca. Es como una paparrucha gigantesca de la que pocos saben algo.

Juan Guerra al menos era simpático y sabía. Me reuní con él bastantes veces. Había aprovechado su momento de cercanía al poder para desarrollar un dominio propio en el PSOE, sobre todo el andaluz, y en su circunstancia, la Junta de Andalucía. No presumía de intelectualidad porque su universidad fueron la calle y los recovecos del poder inmenso de aquel partido. Era más que nada una especie de pretoriano de su hermano que pretendía mantener el espanto jacobino que aquel irradiaba. Y, bueno, algo de dinero por aquí y por allí, pero nada relevante, visto lo hoy visto.

Pero en el caso de la familia Sánchez, Pedro, Begoña y David, se observa un primer carácter pasmoso. Los tres han tenido y tienen un afán extraordinario, por lo fatigoso y complejo de esconder, por ascender en la escala del mérito intelectual, por parecer lo que no se es, por simular que su bagaje cultural es superior a la media y que ello legitima para hacer bellaquerías sin cesar.

Pedro, ya se sabe, fue el primer descubierto por la trola de su tesis doctoral. Luego vino su esposa que, sin pasar del Bachillerato, logró ser encumbrada borrascosamente a directora de una Cátedra en la Complutense. Y ahora viene este hermanísimo, sentado en el banquillo desde el pasado jueves, y nos deja a todos con la duda a cuestas, móvil, voluble, cambiante e incesante.

Acostumbrados como ya estamos a sospechar y habituados desde la expansión del método Alinsky de los progres a ser ridiculizados y ridiculizar antes que argumentar o razonar como exige la democracia cabal, nadie nos podrá negar el mismo derecho a divertir y a divertirnos un poco con la biografía de este hermanísimo que no es otra cosa que una gran duda que se cierne sobre toda su peripecia vital.

Además de lo de su compañera oriental y un bebé que rueda por quién sabe dónde y de sus domicilios, entonces oculto en Moncloa, hoy acá escondido, antes acullá o no junto a la plaza de Elvas donde se celebraron corridas de toros desde 1511, conviene, para no incurrir en esfuerzos inútiles, centrarnos en la curiosa trayectoria musical que ha transitado, no desde niño, sino ya talludito.

Verán, es que lo normal de alguien que quiere ser director de orquesta es que, dada la dificultad que encierra el aprendizaje del lenguaje musical, comience desde muy niño. Lo que se sabe es que hizo el Bachillerato con los jesuitas en Maine (Estados Unidos), se licenció en Económicas y Empresariales en el ICADE de Madrid y a los 24 años comenzó sus estudios musicales en San Petersburgo en el Conservatorio Rimsky- Kórsakov. No me digan que no es raro que no estudiara música en la España de Falla, de Rodrigo, de Halffter y de tantos otros.

Aunque hay algunos casos de vocación tardía por la música, no es nada frecuente que alguien sin iniciación musical alguna decida comenzar su aprendizaje a esa edad. En su currículum no hay referencia a formación musical previa. Es raro porque la carrera de un músico suele exigir aprender el lenguaje musical y algún instrumento en la infancia, obtener un nivel elevado, casi profesional, durante la adolescencia, alcanzar estudios superiores de música en la primera juventud antes de los 20 años y conseguir no antes de los 25 una especialización decisiva junto con másteres, prácticas y demás. O sea, casi 20 años de esfuerzo. Para ser director de orquesta, hacen falta incluso más años y estudios.

Si comenzó su formación en Rusia a los 24 años, es milagroso que terminara sus estudios y obtuviera sus títulos de Composición, Profesor de Teoría Musical, Dirección Operística y Dirección de Orquesta Sinfónica en sólo ocho años a los que hay que añadir un año más de especialización y prácticas.

Ahora que la Inteligencia Artificial está de moda por la Encíclica de León XIV, más bien un tedioso ensayo que una carta a los fieles, me decidí a consultarla con este motivo del increíble caso de David Azagra. Y su respuesta ha sido que sí, que hay cosas raras en esta trayectoria y que son las siguientes:

  • Haber empezado tan tarde.
  • No disponer de formación musical previa documentada.
  • Contar en su currículum varias titulaciones musicales muy exigentes.
  • No conocerse detalladamente su cronología académica.
  • Encontrarse serias dudas sobre los diplomas originales (los obtenidos en Rusia) y su velocísima homologación, inhabitual, en España.
  • Hallarse desproporción entre su currículum oficial y el desempeño profesional real.

Il dubbio è mobile. No puedo contener el movimiento imparable de mis dudas. Ahora que una de las acusaciones ha exigido los documentos originales de su titulación en Rusia –y qué sólo he encontrado un testigo de su cualificación, Nacho Duato– me urge que este juicio me despeje la duda que ya anida en mi interior. ¿No estaremos ante otra patraña de dimensiones incluso cómicas, no? El libro de familia invita a la sospecha, desde luego.

Lo de este nuevo y extraño hermanísimo, bien distinto de un Juan Guerra, tipo popular sin pretensiones de nobleza académica, mueve a la desconfianza. Le presumiré la inocencia porque debo hacerlo, pero la duda va y viene por mi cabeza. Me digo: "¿Será posible que también haya en esto un enjuague de bemoles?". Y me respondo: "Sería el acabose." Por si acaso, estaré atento porque el vaso está lleno y solo precisa una gota más para desencadenar el desastre.

Temas

En España

    Servicios

    • Oro Libertad
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida