PSOE y Vox: ni reyes ni Papas
Solo aquellas personas que son baluarte de la dignidad humana merecen ser escuchadas y el papa León XIV es una de ellas.
En mi cartera, junto con el DNI, el abono del Consorcio de Transportes de Madrid –un regalo para los jubilados–, la tarjeta de El Corte Inglés y una de débito, llevo la estampita de la Virgen del Pilar que me dio hace tiempo un buen amigo guardia civil. Mi mujer tiene una de santa Teresa de Jesús, de san Juan de la Cruz y otra de san Judas Tadeo que le regaló hace poco mi hermana... que también guarda las suyas, pero no alarguemos esto. Como españoles, somos culturalmente católicos y también, como muchos de mis compatriotas, de izquierdas. Aunque ahora, para intentar evitar que España se vaya por el desagüe –que puede ser el del frente plurinacional o el de la ultraderecha– algunos decidamos votar al PP. En mi caso, como diría Felipe González, sin acritud.
Viene a cuento lo anterior porque les confieso que la visita del Santo Padre a Madrid ha confirmado mi convicción de que solo aquellas personas que son baluarte de la dignidad humana merecen ser escuchadas y el papa León XIV es una de ellas. Quizá a la que más atención hay que prestar. Sus palabras dicen verdad y reconfortan el espíritu, tengas o no el don de la fe. Frente a tanto politiqueo, sectarismo, división y codicia. Frente a tantos dirigentes –y su corte de personajillos– cuyo principal y único propósito es rellenar con palabrería las cabezas vacías de los que necesitan odiar para sentirse vivos. Obligados a aumentar la dosis para asegurar la clientela.
Muros ideológicos y xenófobos que crecen gracias a una adicción destructiva. Una que te fríe el cerebro. Lo llaman redes sociales. Corporaciones de narcomagnates tecnológicos propagan un ruido persistente que anula e intoxica nuestra mente –esos cientos de personas con las que te cruzas en la calle, en el metro, incapaces de levantar la mirada del móvil–. La casta de los elegidos disfruta con sus efectos, como lo hacen los narcos con sus drogas. Para enfrentarse a ese ruido el Santo Padre pidió silencio. Respondía a una joven en el acto de la plaza de Lima del pasado 6 de junio: "¿Qué considera que nos ayudaría a reconocer la voz de Dios entre otras muchas voces?", le preguntó.
Al escuchar al Papa recordé lo dicho por una señora con la que a veces coincido cuando saco a mis perritas. Hablábamos de la pena que da ver a tantos enganchados al móvil, aislados, obnubilados. Tienes que pararte para que no te acometan. "Se está perdiendo nuestra conversación interior. No somos capaces de escucharnos", afirmó. Y algo así fue lo que le respondió León XIV a la joven. "Para reconocer la voz de Dios puede ayudarnos ante todo el silencio. Cuando buscamos el silencio decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer… En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece". Ideologías de las que "se sirven con frecuencia hombres turbulentos y astutos para torcer el juicio de la verdad" (Rerum Novarum, mayo 1891). Ideologías, por definición divisivas, sobre cuyos efectos el Santo Padre alertó en el discurso pronunciado en el Palacio Real. "Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada". Un llamamiento que no atenderán los profesionales del odio: "Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad".
Complejidad que se les escapa a los populistas de izquierda y derecha. Maestros de la simplicidad y el engaño. Se le escapa a Abascal que el año pasado cogió la linde, esta se acabó, pero el burro sigue. El 12 de octubre de 2025, el jefe de VOX da plantón al Rey porque "estos actos son utilizados por Sánchez para blanquear un Gobierno corrupto y peligroso". Ahora, en la visita del Papa, dice que "es bastante vergonzoso recibirle con un Gobierno chapoteando en corrupción y mafia". No se esfuerza mucho. El Papa "blanquea" a Sánchez. Ni reyes ni Papas. Por su parte, el presidente del Gobierno, una vez "blanqueado", cogió el Falcon y se fue a un festival de música en Barcelona. Ese libelo de El Plural –portavoz oficioso del PSOE– resumió la posición socialista: "Las víctimas de abusos de la Iglesia afean a Felipe VI su discurso ante el Papa: 'Muy desafortunado'". Al igual que los voxeros, el PSOE ni reyes ni Papas. Por cierto, en la retransmisión de RTVE no pasaban cinco minutos sin pronunciar la palabra "abusos en la Iglesia".
Sorprende que León XIV visite un centro de Cáritas y no el Valle de los Caídos. Vaya en su descargo –menuda presunción la mía– que el pasado 22 de mayo autorizó la promulgación de seis decretos del Dicasterio para las Causas de los Santos por los que serán beatificados 80 mártires de la Guerra Civil española. "Algunos arrojados al mar con las manos y los pies atados… 67 eran sacerdotes, 3 religiosos carmelitas, 3 seminaristas y 7 laicos".
Y me pregunto, ¿qué necesidad hay de darle la tarde del domingo al Santo Padre, después del palizón de la vigilia y la misa en Cibeles? Qué necesidad, repito, de llevarle al Palacio de los Deportes para escuchar a mi admirado Antonio Banderas diciendo cursiladas y a esos dos orates del absurdo que son Pepe Álvarez y Unai Sordo. Sea usted obispo de Roma para esto. "Sed humanos", nos pide Prevost para recordarnos que él lo es.
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