
Odio ir a comprar ropa. Soy un tío, no un constructo de varón empujado por el ambiente sociocultural hacia la condición de macho, un tío-tío, y tengo dentro lo peor de la especie. No pregunto direcciones a desconocidos aunque tarde 10 horas más en llegar a mi destino, acumulo miles de latas de cerveza a mis pies cuando veo fútbol, y tengo para mí que cada minuto que consumo metido en uno de esos asfixiantes probadores de ropa, con luz de quirófano y música disco a toda caña, disminuye un 10% mi heterosexualidad.
Todo lo que está establecido que ha de hacerse en la misión de comprar ropa me crispa: comerse un atasco, aparcar en un centro comercial, entrar en tiendas posmodernas desangeladas, buscar algo adecuado, responder preguntas extrañas de un dependiente, probarme varias versiones, escuchar el veredicto de los presentes –sean conocidos o no–, hacer dos horas de cola en la caja, y finalmente dejarme el sueldo del mes. Me pongo amarillo solo de pensarlo. Por eso estoy tan agradecido a Pedro Sánchez y, más aún, a su nueva firma de moda Begorio & Sanchino.
Ahora todo es más sencillo. No hay ni que elegir, porque son modelos únicos. La calidad, camaradas, no está reñida con el antifascismo y otras nobles causas. Gracias a Sánchez ahora lucho muy fuerte contra la ultraderecha con toda mi ropa, y ya no tengo que perder la paciencia en los grandes almacenes.
El Gobierno se ha gastado más de 14 millones de euros en comerse una letra en una sudadera, esa que reza "Dmocracia", y pocos me parecen. Marina Rivers y Sara Fructuoso han sido las primeras en salir ante su parroquia digital, en acción totalmente desinteresada y en pro de la noble causa sanchista, vestidas con los modelitos con mensaje, que son del color del pantalón de un profesor de Matemáticas de la EGB de los años 80, de esos que pican. Al instante, los jóvenes, que tan descarrilados andaban, han decidido pasarse de Vox al PSOE y han agotado las existencias de sudaderas y camisetas. Por suerte aún he podido hacerme con algunas prendas y accesorios de la célebre firma naciente Begorio & Sanchino.
Mi compra preferida son unos calzoncillos que ponen "Yo con Begoña", coincidiendo el "yo" con la parte abultada de la orografía de mi masculina masculinidad; estoy pensando en utilizarlos como traje de baño este verano para llevar la justicia y la lucha contra la bulocracia a las bellas y concurridas playas españolas. También me he hecho con una sudadera negra de la Colección Soto del Real, con el símbolo del PSOE en neón rosado junto a la silueta de una sobrina de Ábalos en verde. Y, por último, una camiseta con la cara de perfil de Pedro Sánchez, y con la leyenda reivindicativa "La verdad os hará viles".
He adquirido además unos calcetines dispares, a rayas color barrote de celda, con las caras de los fundadores de la firma, Begoña y Pedro; una réplica de las gafas de Bolaños que viene con la nariz de Mortadelo de regalo, un disfraz de Albares, rojo y con el ombligo al aire, diseñado también por Ibáñez; y un antifaz inspirado en los Golfos Apandadores como el que utiliza María Jesús Montero el 20 de cada mes para salir a hacer sus labores en bolsillo ajeno.
Begorio & Sanchino, sin embargo, son solo una parte de un proyecto más amplio. ¡Aquí hay pasta para todos! ¡Alegría! La campaña España en libertad. 50 años, junto al Gordo mencionado, incluye otras pedreas de suculenta consideración. Es el caso del curso de verano De la censura al algoritmo, coordinado por Infolibre bajo el liderazgo de Jesús Maraña y Pepa Bueno –no se podía saber–, la conferencia del climatólogo Eric Klinenberg Calor y palacios del pueblo, en clara alusión al de La Mareta, y mi favorito, el espectáculo Democracia total, en el que, según leo, Los Voluble mezclarán "el humor, la sátira, la música electrónica, el flamenco y el apropiacionismo de archivos audiovisuales". Suena bien, pero en la mezcla echo en falta un poco de ajo negro, El libro gordo de Pedrete, dos desfibriladores, un puñado de papeletas electorales del Partido Cannábico, una peli de Tarantino, y cebolla caramelizada.
Confieso, en fin, que ha llamado también mi atención el neologismo ideado por Los Voluble, porque no puede resultar más adecuado para definir toda esta campaña: el apropiacionismo, el apropiacionismo de fondos públicos por parte del Gobierno para hacer sus cosas de progres.
