Menú

Siempre tocándonos los envases

¿Vas a protestar por diez céntimos? Por supuesto. Y por uno también, si el que lo roba es este Gobierno. Y voy a acordarme de Von der Leyen cada día.

¿Vas a protestar por diez céntimos? Por supuesto. Y por uno también, si el que lo roba es este Gobierno. Y voy a acordarme de Von der Leyen cada día.
EUROPA PRESS

Di una verdad incómoda que ponga a todo el mundo de mal humor: las bolsas de plástico reciclado son malísimas, apestan a cadáver sintético, se rompen fácilmente y no salvan el planeta. Y un consejo: nunca quieras saber qué fueron antes de ser bolsas de supermercado, hay un montón de cosas horribles hechas con plástico esperando melancólicamente en la fila del reciclaje. Pero supongo que todo el mundo tiene derecho a guardar en secreto un pasado turbio, algo así como una lejana militancia en el PSOE de Sánchez. Incluidas las bolsas.

El reciclaje de plásticos es la enésima pseudociencia de la izquierda para calmar conciencias alteradas por el feliz consumo que desata la economía libre y el sistema capitalista, el más eficaz que conocemos para minimizar la pobreza. Pero tal reciclaje es mucho menos relevante de lo que nos dice la publicidad del Gobierno, que también pagamos nosotros: como el proceso es caro y los envases con compuestos deteriorados no sirven para nada, en el mundo tan solo se recicla con éxito en torno al 9% de los plásticos desechados.

Si he de ser sincero, molesto e irritante, el reciclaje, en fin, solo sirve para subir artificialmente los precios de los productos, para coaccionar al ciudadano con severas multas, para erradicar las malvadas pajitas de los bares y, a partir de agosto, también para encarecer la lista de la compra en España. Y es que el Gobierno, en nombre de la UE, ha decidido secuestrar parte de tu dinero y devolvértelo solo en el caso de que hagas lo que ellos te piden: es decir, llevar tu botellita de plástico vacía en la manita hasta el puñetero lugar donde la compraste, si lo recuerdas. Da gracias que no te hacen ir de rodillas y con dos libros gordos de oraciones a la Pachamama en las palmas de las manos.

¿Vas a protestar por diez miserables céntimos? Por supuesto. Y por uno también, si el que lo roba es este Gobierno ladrón. Y voy a acordarme de Ursula von der Leyen cada día de mi vida, por los tapones, por las malditas ventanas emergentes de las cookies y por la cantidad de trabas y pequeñas extorsiones que sufrimos los ciudadanos a manos de nuestros políticos locales, excusándose en que se trata de una normativa de Bruselas. La misma excusa que ha dejado desangelado el centro histórico de localidades de toda España, sin coches y también sin vida, sin los pequeños comercios y bares. Y la misma que da alas una y otra vez a la voracidad infinita de la Hacienda del Gobierno de Sánchez, que estamos pagando tú y yo todos los impuestos, azules, verdes y amarillos, que durante años no han pagado los cabecillas de la banda.

Ahora, para salvar el planeta otra vez, los españolitos hemos de pagar esos diez céntimos de más por cada producto envasado, o un euro, si compramos diez unidades. Como te cuento, el Estado opresor te perdona la vida si devuelves el envase, y promete –ya lo veremos- que tal vez, si te portas bien, te devolverá el dinero embargado.

Al planeta le dará igual toda esta historia. Y, por supuesto, el precio de evitar el apocalipsis ambiental lo pagaremos en exclusiva los europeos, que somos el 5,4% de la población mundial. El 94,6% de los ciudadanos del mundo no tienen obligación de entregar en depósito los diez céntimos por envase, tampoco deben devolverlos a la tienda si no les apetece; mientras que a los comerciantes de ese 94,6%, por su parte, nadie les fuerza a comprar e instalar máquinas que intercambien envases por dinero –ya sabes quién las va a pagar; próximamente en el precio de tu cesta de la compra—. Ese 94,6% de ciudadanos del mundo también pueden elegir sus propios coches, no tienen horripilantes molinillos en sus huertas, logran beber de una botella sin cortarse la nariz con el tapón, toman cócteles con dos pajitas –¡qué lujo!-, nadie les hace pagar una inexistente e incalculable "huella de carbono", y en general, son razonablemente felices en lo que a persecución climática se refiere.

¿Cuándo los votantes de la UE dirán "basta"? Probablemente el día en que los grandes partidos europeos decidan contarnos la verdad sobre las políticas ambientales inútiles, y dejen de ser cómplices, o incluso impulsores, de esta inmensa tomadura de pelo.

Yo estoy muy a favor de que, quien lo necesite, calme su conciencia ambiental. Debe ser imposible conciliar el sueño pensando que estás arrojando ácido sulfúrico sobre la selva verde del Amazonas. Sin embargo, ya hay extraordinarias campañas de recogida de basura en las playas, de limpieza de montes, y hasta de colecta de envases de plástico. Por algo que se me escape, no les gustan. De todas las alternativas posibles, siempre tienen que elegir la que más nos molesta a ti y a mí, que gozamos de extraordinaria conciencia ambiental, y por supuesto la que más cara nos sale.

Nos está saliendo carísimo fingir que salvamos el planeta, que además goza de una salud envidiable, al menos si la comparamos con la mía.

En Libre Mercado

    Servicios

    • Oro Libertad
    • Inversión
    • Securitas