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Diego González

Sánchez, el traidor

Sánchez no ha abandonado sus vacaciones de lujo pagadas por todos. "Otra crisis resuelta por Pedro Sánchez", tuiteó el chimpancé de Transportes.

Pedro Sanchez llegando al encuentro de la OTAN celebrado en Ankara el pasado julio. | Cordon Press / Muhammed Abdullah Kurtar, Pool Photo via AP

Hubo una época en la que julio y agosto eran meses sin noticias, donde lo más relevante eran el posado veraniego de Ana Obregón o las partidas de dominó de Aznar en Quintanilla de Onésimo. La sequía noticiosa estival era tan flagrante que se publicaban titulares como "Una mujer sufre un mareo en su domicilio". Para romper esa dinámica hacían falta atentados terroristas o accidentes aéreos. Hasta que llegó Sánchez.

La satrapía marroquí invadió Ceuta con decenas de miles de inmigrantes hace ya tres semanas. Sánchez no ha abandonado sus vacaciones de lujo pagadas por todos. "Otra crisis resuelta por Pedro Sánchez", tuiteó el chimpancé de Transportes al día siguiente de la invasión. En estas tres semanas el PSOE ha sido incapaz no ya de resolver la crisis, sino siquiera de señalar al culpable: Marruecos. Miles de inmigrantes siguen acampados en playas, calles y parques de Ceuta, mientras los ceutíes pasan terror y salimos a una violación por día. Y el feminismo institucional, ni está ni se le espera.

Hay un nombre para lo que está haciendo este Gobierno y es traición, en el sentido tradicional del término pero seguramente en su significado penal también. "Será condenado a penas de doce a veinte años el español que facilite al enemigo la entrada en España o la toma de una plaza". Sánchez no sólo ha facilitado al enemigo la toma de Ceuta, sino que se ha negado en repetidas ocasiones a mencionar siquiera a ese enemigo. ¿Por qué? Por lo que le debe el PSOE a Marruecos, por eso.

En un mundo ideal el final del sanchismo no debería ser solo la salida del poder de un corrupto y de su familia también corrupta, sino la entrada en prisión de un Gobierno de traidores. Un Gobierno que mientras sus ciudadanos pasan miedo y sufren bajo la invasión de una potencia extranjera se dedica a cerrar playas en exclusiva para los amigos y familiares del presidente. Es un nivel de corrupción moral centroafricano, que en Europa no se veía desde el fusilamiento de los Ceausescu, otra pareja de sinvergüenzas a los que les escribían las tesis y les regalaban las cátedras en las universidades públicas.

Echar a Sánchez siempre fue una cuestión política, ética y moral, ahora ya es una cuestión de Estado. Cuando un país abiertamente enemigo tiene tan obviamente cooptados a nuestros mandatarios hasta el punto de que se permite invadirnos sin que seamos capaces de protestar, es necesaria no sólo su salida del poder, sino una depuración histórica, una purga de sicarios de Marruecos que impida que algo así pueda no ya volver a suceder, sino volver a plantearse. Nos va en ello la soberanía.

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