Aquella gran lección que nos impartió Suárez, la de que la división del nacionalismo catalán siempre redunda en beneficio de España, la ha olvidado ahora Rajoy.
Habrá que reconocer al PNV su habilidad para pactar con todo el mundo: con ETA en Estella, con Bildu y Podemos en Navarra, con el PSE en Vitoria y con el PP en Madrid. ¿Alguien da más?
Ha muerto el mejor analista político de España. La nación está de luto. Estoy delante de su cadáver. Ha muerto el último Quijote de un país a la deriva.
Curiosamente, todos estos hechos, mucho más merecedores de una dimisión que las peripecias de Cifuentes, son actos dirigidos a menoscabar el buen nombre de nuestros jueces.
Ni la total expulsión de los proetarras de las instituciones ni la detención de los etarras prófugos nos permitiría hablar de fin definitivo de la banda terrorista.
¿Merece ese pueblo la democracia y la libertad? Yo sigo empeñada en que sí, pero, aunque mi corazón aprueba ese sí, mi mente lo desaprueba con una rotundidad que me deja con espasmos y cefaleas.