
Francesca Albanese es una abogada italiana que lleva casi cuatro años como relatora especial de la ONU para los territorios palestinos, un cargo desde el que ha desarrollado una virulenta campaña antisemita contra Israel que ha llevado incluso a que Estados Unidos haya bloqueado sus bienes en el país en julio del pasado año.
Desde la guerra desatada por la masacre del 7 de octubre de 2023, Albanese ha hablado en repetidas ocasiones de "genocidio israelí" en Gaza, pero ya antes había hecho comentarios como señalar un supuesto "lobby judío" que "esclaviza a América". Su antisemitismo la ha llevado a comparaciones inaceptables como igualar el Holocausto con la expulsión de los árabes de algunos territorios de Israel tras la guerra de 1948, poniendo al mismo nivel seis millones de asesinados y unos 700.000 desplazados; o al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, con Adolf Hitler.
Además de todo esto, se ha mostrado muy complaciente con los grupos terroristas palestinos, incluyendo pedir públicamente que se retire a Hamás de la lista de organizaciones terroristas de la UE; o haber mantenido relaciones de diverso tipo con grupos que promueven la desaparición de Israel. Del mismo modo, jamás le ha exigido a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) que celebre de nuevo elecciones – las últimas tuvieron lugar en 2006 –, que abandone el programa de subvencionar a los terroristas según el número de israelíes que hayan asesinado o que deje de promover el odio en sus escuelas.
"Su permanencia en el cargo es insostenible"
En los últimos días las críticas a Albanese han vuelto a Europa y han elevado su nivel: varios de los países más importantes e influyentes del continente –entre los que por supuesto no está España– han pedido su dimisión tras unas declaraciones que, más allá de su propia gravedad, son la gota que colma un vaso que ya estaba rebosante.
El reproche llega después de que Albanese dijese, en un encuentro organizado por Al Jazeera en Qatar, que Israel era "el enemigo común" de la humanidad, una frase que la propia relatora de la ONU niega haber pronunciado en esos términos pero que, en cualquier caso, no supone una gran novedad en la retórica habitual con la que se expresa.
Uno de los primeros en reaccionar fue el ministro de Exteriores francés, Jean-Noel Barrot, que aseguró que Francia "condena sin reservas las declaraciones escandalosas y reprobables realizadas por la señora Francesca Albanese", señalando la gravedad de que la relatora de la ONU no se dirija "al Gobierno israelí —cuyas políticas pueden ser objeto de crítica—, sino a Israel como pueblo y como nación, lo cual es absolutamente inaceptable".
Pese a que Albanese haya negado haber dicho la frase concreta, Barrot explicó también que este es uno más en la larga lista de "posicionamientos escandalosos" y la ha señalado como "una activista política que incita al discurso de odio, lo que perjudica la causa del pueblo palestino".
Su homólogo alemán, Johann Wadephul, ha sido el siguiente en atacar con dureza a Albanese. El ministro germano aseguraba en su cuenta oficial en X que, pese a que respeta "el sistema de relatores independientes de la ONU", en este caso concreto "la señora Albanese ha realizado numerosas declaraciones inapropiadas en el pasado", que condenaba "sus recientes afirmaciones sobre Israel" y, finalmente, que "su permanencia en el cargo es insostenible".
Incluso desde su propio país se ha criticado con extrema dureza a Albanese, especificando que "las posturas adoptadas en su calidad de Relatora Especial de la ONU no reflejan las del Gobierno italiano". Además, señalaba que "su conducta, sus declaraciones y sus iniciativas no son apropiadas para el cargo que ocupa dentro de una organización dedicada a la paz y la seguridad como las Naciones Unidas".
En definitiva, sin el apoyo de Estados Unidos ni el de las grandes democracias europeas está claro que Albanese sólo puede sostenerse… de la mano de los enemigos de la democracia, con los que, tal y como ha demostrado en muchas ocasiones está más cómoda.

