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Correa y la paranoia chavista

El presidente de Ecuador ya comienza a calentar las elecciones del 17-F y fiel al estilo chavista denuncia intentos de golpe de Estado en su contra.

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El presidente de Ecuador ya comienza a calentar las elecciones del 17-F y fiel al estilo chavista denuncia intentos de golpe de Estado en su contra.
Rafael Correa. | EFE

Sus amigos bolivarianos lo hicieron en su momento y Rafael Correa no ha querido ser menos. A poco más de dos meses para las presidenciales en las que optará a la reelección, el presidente de Ecuador ya comienza a preparar el terreno y a calentar el ambiente. Para eso, nada mejor que denunciar un plan de la oposición para dar un golpe de Estado boicoteando los resultados.

En una entrevista a la cadena TeleSur, el ecuatoriano dijo que "buscarán (los opositores) repetir el golpe de Estado que llevaron a cabo en Venezuela y rompernos en lo moral y en lo familiar". Esto, dijo, porque "tratarán de deslegitimar el resultado electoral" y para eso "ya hablan de fraude electoral". Para Correa, el plan está claro: "No escatimarán esfuerzos en calumniarnos, desestabilizarnos y rompernos porque saben que en las urnas no nos ganarán".

Además de eso, Correa ya parece estar en campaña. Denuncia que la oposición no aceptará el resultado y ahora incluso comienza a desacreditar ya a sus rivales. El blanco, esta vez, ha sido Guillermo Lasso, un hombre ligado a la banca de su país que llegó a ser superministro de Economía en el gobierno de Jamil Mahuad, y asesor y embajador de Lucio Gutiérrez. Correa recordó que como presidente del Banco de Guayaquil fue uno de los responsables de la crisis de 1999: "Después de quebrarnos, los bancos intentan volver al poder. Es una desfachatez".

Apuntó también que "los bancos quebraron e incautaron los depósitos de los ecuatorianos en lo que fue la mayor confiscación de bienes privados de la historia, una acción llevada a cabo por un Gobierno que proclamaba a los cuatro vientos la propiedad privada". Ahora dijo, "el Banco Central les dio crédito y triplicó la emisión monetaria, bajando el precio del sucre, que después eliminó, lo que supuso una transferencia de 2.000 millones de dólares a las entidades financieras". "De esta forma –agregó– bajó también el valor de los ahorros de los ecuatorianos y quedó una enorme deuda, parecida a la que tienen ahora los países europeos, con lo que los ciudadanos pagaron la irresponsabilidad de la banca".

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