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El Papa felicita a un grupo de peruanos en Roma por la llegada al poder del comunista Castillo

Francisco I ha aprovechado el Ángelus en la plaza de San Pedro para felicitar a Perú por la llegada al poder de los comunistas.

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Francisco I ha aprovechado el Ángelus en la plaza de San Pedro para felicitar a Perú por la llegada al poder de los comunistas.
El Papa Francisco saluda a los fieles este domingo. | EFE

El Papa Francisco ha felicitado a un grupo de peruanos que han asistido a la Plaza de San Pedro del Vaticano para escuchar el Ángelus después de el comunista Pedro Castillo haya tomado posesión del cargo este miércoles como presidente del Perú. Un acto en el que, por cierto, insultó gravemente a España, el país gacias al cual el cristianismo llegó a Iberoamérica.

"Veo algunas banderas peruanas, saludo a los peruanos, tienen un nuevo presidente, que el Señor bendiga a vuestro país, siempre", ha dicho Francisco asomado desde la ventana del palacio apostólico del Vaticano.

Un Papa muy amable con la extrema izquierda

Las excelentes relaciones de Bergoglio con las dictaduras de izquierdas en Iberoamérica han sido un motivo permanente de polémica durante su papado, llegando a provocar momentos esperpénticos como cuando Evo Morales le regaló un Cristo con la hoz y el martillo que el Papa aceptó.

En otras ocasiones la cosa ha sido menos graciosa y más terrorífica, como en la inclasificable visita que hizo a Cuba en la que se reunió con los más destacados gerifaltes de la dictadura e incluso visitó en su casa a un Fidel Castro ya retirado, pero se negó a mantener reuniones con la disidencia, a pesar de que su propia visita provocó un aumento de la represión.

Y es que la represión a los más débiles no parece importar mucho a un Sumo Pontífice que les dedica muchos discursos, pero que no hace ni el más mínimo gesto real en favor de los oprimidos, más bien al contrario como evidenció que recibiera en Roma a Nicolás Maduro durante una oleada de violencia de la dictadura chavista, a la que siempre ha prestado un apoyo o, cuanto menos, un silencio completamente cómplice.

Con estos precedentes, no es de extrañar si Francisco I contempla con buenos ojos la llegada al poder de los comunistas peruanos y podemos estar bastante seguros de que cuando empiecen los abusos y la represión mirará hacia otro lado.

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