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'Gritos antes del silencio': el terrible documental que narra cómo Hamás violó, mutiló y asesinó a cientos de israelíes

Con una factura técnicamente perfecta y muchos testimonios, Gritos antes del silencio narra con una enorme dureza los crímeres sexuales de Hamás.

Con una factura técnicamente perfecta y muchos testimonios, Gritos antes del silencio narra con una enorme dureza los crímeres sexuales de Hamás.

Mujeres y hombres que sobrevivieron al 7 de octubre, chicas que han pasado más de cincuenta días secuestradas por Hamás en lo más profundo de Gaza, militares, miembros de los equipos de voluntarios que acudieron a las zonas del desastre, expertas de los comités oficiales que están estudiando los hechos y recabando la información sobre lo ocurrido…

Son los testimonios con los que se ha montado Gritos antes del silencio, el escalofriante documental que narra, con un terrorífico nivel de detalle que hasta ahora no se había conocido, los abusos sexuales y la violencia extrema a la que los terroristas palestinos sometieron a cientos de mujeres y niñas israelíes. Primero y sobre todo durante el 7 de octubre, después durante meses a muchas de las rehenes que fueron secuestradas y que en muchos casos siguen sometidas y humilladas por sus secuestradores.

El documental ha sido realizado por una productora israelí de renombre, responsable por ejemplo de la primera temporada de la exitosa Fauda, cuenta con una factura técnica impecable y con una presentadora de lujo: Sheryl Sandberg, que fue directora de operaciones de Facebook y es una empresaria muy respetada en Estados Unidos e Israel.

En primera persona

Pero lo más importante son los terribles testimonios que incluye: durante casi una hora supervivientes del 7 de octubre, mujeres que han sido secuestradas por Hamás y han sufrido abusos y violaciones durante su cautiverio o miembros de los primeros equipos de rescate que llegaron a las escenas de los crímenes explican en el estudio o en los propios escenarios donde ocurrió todo las salvajes atrocidades que hacen de la masacre de Hamás un crimen único en la historia no sólo por su magnitud –1.200 personas fueron asesinadas y unas 240 secuestradas– sino por un nivel de crueldad que sólo se recuerda en casos de asesinos psicópatas.

Las dos voces y los dos rostros más presentes son los de Agam Goldstein Almog y Amit Soussana, dos jóvenes que cuentan en primera persona su experiencia después de estar más de 50 días secuestradas por Hamás. De hecho empieza con Agam recorriendo su casa destrozada en un kibutz del sur de Israel y contando como vio a su padre ser asesinado por los terroristas: "Entraron y dispararon directamente a papá, le vi dando su último aliento. Un segundo antes estaba sentado ahí y no me despedí de él ni lo abracé o besé".

Después nos cuenta cómo fue abusada durante su cautiverio en Gaza, un relato que todavía es más duro y detallado cuando Amit explica como su secuestrador, un tal "Mohamed" la violó a punta de pistola tras obligarla a darse un baño:

Me forzó y recuerdo que todo ese tiempo pensaba "está bien Amit, sabías que iba a pasar y está pasando, puedes soportarlo, tienes que sobrevivir, tu madre y tu familia te están esperando". Me concentré en eso en lugar de en lo que realmente estaba pasando.

Eso era lo peor, que dependía completamente de él, dependía completamente del tipo que acababa de violarme. Me sentía culpable, me daba asco a mí misma.

Testigos de lo que ocurrió

El segundo tipo de testimonios de Gritos antes del silencio es el de los testigos que sobrevivieron al 7 de octubre y, escondidos de los terroristas o mientras huían, presenciaron los actos horribles que sufrieron muchísimas mujeres y también los hombres.

El principal foco de todo aquel horror fue el festival Nova, en el que más de 360 jóvenes fueron asesinados. Una chica llamada Tali Binner explica lo que escuchó desde su escondite:

Después de una hora en el tráiler – se refiere en realidad a una caravana en la que se escondió– empecé a escuchar a mujeres gritando. Escuché a una chica que estuvo gritando mucho tiempo, decía: "¡Por favor, no, no, no, para, para, para, no, no, no". Alguien estaba abusando de ella"

"¿Cómo lo sabes?", le pregunta la presentadora.

Sé cómo sonaba, sé cómo suena, no hay forma de que una mujer grite tan fuerte durante tanto tiempo si no es para pedir ayuda porque alguien le está haciendo algo sexual. Cuando escuchaba a alguien gritar y luego silencio sabía que era porque probablemente le habían disparado, pero cuando escuchas ese caos por 15 o 20 minutos sabes que algo mucho peor está pasando justo allá.

Elad Avraham, un supervisor de seguridad del festival Nova cuenta que lo que vio era "una locura". Una de sus frases es terrible: "Había orejas cortadas, vi una mano y 100 metros más allá encontré a la persona. ¿Cómo llegó su mano 100 metros más allá?. Alguien la cogió y jugó con ella".

Raz Cohen, otro de los jóvenes que logró sobrevivir narra, casi sin poder acabar las frases, como fue testigo directo de cómo los terroristas que violaban a una chica la apuñalaron y siguieron violándola.

Las chicas de los árboles

Finalmente, el tercer bloque que testimonios es el de aquellos que llegaron a los escenarios de la masacre. Uno de los voluntarios de ZAKA –la organización israelí que se dedica a recuperar cuerpos de fallecidos en catástrofes naturales o atentados– explica que entraron a una casa y descubrieron el cuerpo de una mujer en la cama: "Estaba completamente desnuda, no pudimos identificarla por el rostro y tenía clavos en sus órganos sexuales. No sólo clavos, plásticos, cosas de metal…".

Quizá el relato más terrible es el que hace, desde el mismo escenario de los hechos y entre lágrimas, Rami Davidian, uno de los primeros voluntarios que llegó al Festival Nova:

Estos árboles. Vi a chicas amarradas con sus manos atrás en cada uno de estos árboles. Alguien las asesinó, las violó y las abusó aquí, en estos árboles. Tenían las piernas abiertas. Cualquiera que viese eso sabía inmediatamente que fueron abusadas. Alguien las desvistió, alguien las violó, metieron todo tipo de cosas en sus órganos sexuales, tablas de madera, varas de metal. Más de treinta chicas fueron asesinadas y violadas aquí".

Rami cuenta que cerró las piernas de las chicas y las cubrió "para que nadie más viera lo que yo vi, nadie puede ver ese tipo de cosas", dice antes de romper en un llanto que no le permite seguir hablando.

En el último tramo de la película algunos expertos explican que el tipo y la extensión de los crímenes muestran que no fue algo casual o que simplemente acabó ocurriendo, sino que era algo planificado, instigado y sistemático.

Pero pese a ello y pese a las múltiples evidencias –"tenemos 200.000 imágenes recolectadas y más de 2000 testimonios", dice la vicepresidente del comité de la ONU para la eliminación de la discriminación contra las mujeres– en la mayor parte del mundo está intentando negarse, obviarse o menospreciar.

Lo resume Tali Binner y sus palabras merecen ser escuchadas y recordadas.

Decidí hablar de esto sólo cuando supe que hay gente intentando decir que no pasó. Decidí que necesitaba hablar por las mujeres, necesito hablar porque no me perdonaría no me perdonaría seguir viendo a personas que dicen que esas cosas no pasaron cuando yo sé que sí pasaron

Esperemos que Gritos antes del silencio y la dolorosa experiencia que supone ver sus sesenta minutos de metraje sirvan en alguna medida para evitar ese olvido.

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