
Como ya he escrito anteriormente, en la contabilidad nacional la revisión es un hecho normal que sucede durante un período de alrededor de entre tres y cuatro años, que comienza con el avance del PIB en contabilidad nacional trimestral, continúa con los principales resultados, le sigue la publicación de los principales agregados de la contabilidad nacional, y así sucesivamente hasta que el dato se asienta y se pueden construir de manera perfecta el marco input-output del ejercicio en cuestión, al cabo, como digo, de alrededor de cuatro años. Por tanto, nada que objetar a que se produzcan revisiones al respecto, que es normal.
Ahora bien, lo que empieza a no ser normal es que dichas revisiones sean habitualmente de una intensidad importante, que sean permanentes, que siempre sean en el mismo sentido y que terminen cuadrando las rúbricas que suben y bajan pero que mantiene invariable el dato final.
Curiosamente, ahora que languidece la aportación del sector exterior, los datos parecen dar una sustitución perfecta de la merma en la aportación en el sector exterior con el aumento de la demanda nacional, con datos muy sorprendentes del consumo de los hogares y de la formación bruta de capital fijo cuando la tendencia de todos los indicadores es bajista, no alcista, especialmente en la inversión.
Así, sorprende la modificación al alza de la inversión (formación bruta de capital fijo) interanual, del entorno de 8-9 décimas, que es lo mismo que revisar a la baja el gasto público interanual, en una nueva revisión extraordinaria que haría pensar que se reclasifican componentes del crecimiento para que la inversión tenga más peso en dicho crecimiento que el gasto. Un movimiento muy extraño y heterodoxo, como si de un juego de suma cero se tratase.
De esa manera, es relevante observar que el gasto público interanual de las AAPP se mantiene elevadísimo, creciendo un 4,0%, pese a que realiza una rebaja asombrosa a la baja en todos los trimestres de 2024, que compensa con una revisión extraordinaria al alza en tasa interanual de la inversión, que pasa de crecer un 3,6% en el avance a hacerlo un 4,5% en la revisión, exactamente las mismas nueve décimas que revisa a la baja en el gasto público, muy sorprendente, como antes decía.

Todo el año 2024 lo revisa de la misma manera: prácticamente, toda la merma interanual del gasto lo incrementa del mismo modo en la inversión.
Gasto a la baja…

…e inversión al alza.

Las modificaciones son prácticamente idénticas:

La estadística es una ciencia esencial para poder tomar decisiones en el día a día y ver los efectos que éstas producen, sus posibles desviaciones y correcciones a realizar. Especialmente importante son todas las estadísticas oficiales que miden la actividad económica y el mercado de trabajo.
Por eso, es vital que los organismos estadísticos sean completamente pulcros e independientes en su labor, de manea que no se produzcan filtraciones, en primer lugar, y, en segundo lugar, que los datos obedezcan al máximo rigor técnico. Es decir, puede haber equivocaciones, pero no manipulación si lo que se quiere es contar con una estadística fiable y comparable en el contexto nacional e internacional.
Las revisiones de algunos de sus indicadores son normales y habituales, como he dicho antes, conforme se va contando con una información más fina que permite ajustar dichos indicadores, para que estos últimos den la imagen más real de la evolución de la magnitud medida. De esta manera, en la contabilidad nacional la revisión es un hecho normal que sucede durante un período de alrededor de entre tres y cuatro años, que comienza con el avance del PIB en contabilidad nacional trimestral, continúa con los principales resultados, le sigue la publicación de los principales agregados de la contabilidad nacional, y así sucesivamente hasta que el dato se asienta y se pueden construir de manera perfecta el marco input-output del ejercicio en cuestión, al cabo, como digo, de alrededor de cuatro años.
Por tanto, insisto, nada que objetar a que se produzcan revisiones al respecto, que es normal. Ahora bien, esas revisiones buscan mejorar el dato conforme se cuenta con un mayor número de indicadores para poder ajustarlo, pero la revisión es una mejora del dato, hacia arriba o hacia abajo, en términos de exactitud, pero sobre la base de un dato inicial calculado también de manera muy escrupulosa y técnica y que, por tanto, estará siempre bastante cerca del dato definitivo. Es decir, es normal que, por ejemplo, en el dato del PIB que arroja la contabilidad nacional, pueda producirse una modificación al alza o a la baja, de unas décimas, difícilmente más allá del medio punto, muy complicado que llegue al punto, pero, desde luego, de esa magnitud máxima. Una revisión mayor supondría o que el dato inicial estaba pésimamente calculado o que la revisión puede adolecer de criterios técnicos. En ambos casos, el problema sería grave: en el primero, de pericia técnica; en el segundo, de independencia.
El INE es un organismo muy serio y no puede dejar que haya ni una sombra de duda sobre los datos que ofrece. Nos jugamos el prestigio estadístico de casi dos siglos -desde el primer antecedente del INE, la Comisión de Estadística del Reino, creada bajo el reinado de Isabel II, el tres de noviembre del 1856- y el rigor de las cifras, y el Gobierno debe comprender que la independencia estadística es sagrada y que no se debe producir ni intromisión ni pérdida de comparación -como por ejemplo ha sucedido en el paro registrado al no conseguir todavía el Ministerio de Trabajo publicar cuántos fijos discontinuos están en período de inactividad y no engrosan las listas del paro registrado-.
El INE debe mantener su sagrada y esencial independencia y el Gobierno no puede tener la tentación de tratar de convertirlo en "su" CIS estadístico. Estoy seguro de que el INE, sus directivos y profesionales velarán por el mantenimiento de esa independencia, pero no está de más advertir de los riesgos que cambios abruptos y no explicados en los indicadores, llegando al juego de suma cero en la revisión de dos de sus componentes, como vemos aquí entre el gasto público y la inversión, pueden tener para el prestigio, la credibilidad y la confianza en los organismos estadísticos.
Confío en que la independencia estadística de estos casi dos siglos se mantenga y que cualquier cambio que se produzca se explique detalladamente, con toda base técnica y que permita la comparación homogénea de las series. Seguro que así será, porque lo contrario sería gravísimo.
