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Un experto inmobiliario señala al Gobierno por la vivienda: "No he escuchado a la ministra ni una frase medio decente"

La oferta de alquiler en Barcelona se desploma un 27% en cinco meses tras el decreto de la Generalidad contra los contratos de temporada.

La crisis de la vivienda en Barcelona ha dejado de ser un problema crónico para convertirse en un colapso inducido. Los datos recientes publicados por la Cámara de la Propiedad Urbana de Barcelona no admiten interpretaciones optimistas: en apenas cinco meses, el stock de pisos disponibles para alquilar en la Ciudad Condal se ha desplomado un 27%. Esta "evaporación" de más de 4.600 inmuebles entre septiembre de 2025 y febrero de 2026 es el síntoma de un mercado que ha entrado en estado de pánico ante la inseguridad jurídica y el intervencionismo asfixiante.

El análisis, que monitoriza portales de referencia como Idealista, Fotocasa y Habitaclia, revela un patrón de huida generalizada. Es especialmente sangrante el caso de Idealista, donde la oferta ha caído un 38%, pasando de casi 5.000 viviendas a poco más de 3.000. Este descenso no es fruto del azar, sino una respuesta directa a la entrada en vigor, el pasado 29 de diciembre, del decreto de la Generalidad que regula el alquiler de temporada.

Durante el último año, el alquiler de temporada funcionó como una válvula de escape necesaria frente al control de precios en los contratos de larga duración. Sin embargo, al cerrar esta última puerta y someterla también a topes estrictos, la administración catalana ha terminado por cegar la salida al mercado. El resultado era previsible: ante la imposibilidad de gestionar sus inmuebles de forma rentable o segura, muchos propietarios han optado por retirar sus pisos del escaparate. Unos han puesto el cartel de "se vende" y otros, simplemente, han decidido esperar a que amaine la tormenta legislativa.

La paradoja es cruel para el ciudadano. Mientras la narrativa política insiste en que estas medidas protegen al inquilino, la realidad matemática dicta lo contrario. Con un 27% menos de oferta, la competencia por cada piso disponible se vuelve feroz, endureciendo los filtros de selección y dejando fuera a los colectivos más vulnerables.

Barcelona se enfrenta a un escenario sombrío. Si el intervencionismo sigue ignorando los incentivos de la propiedad y la realidad del mercado, el alquiler pasará de ser un bien escaso a ser un privilegio inexistente. La vivienda no se garantiza por decreto; se garantiza fomentando un entorno donde sea seguro y razonable poner un piso en el mercado. Hoy, en Barcelona, esa confianza ha saltado por los aires.

Así las cosas, en Con Ánimo de Lucro hemos querido profundizar en las posibles soluciones que se podrían aplicar frente a la actual crisis de la vivienda que vive nuestro país. De este modo, hemos contado con el experto inmobiliario Jon Goitia, que detalla cómo la intervención pública ha dinamitado el mercado inmobiliario.

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