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Tras la gripe aviar, llega la enfermedad de Newcastle: nueva amenaza para el precio del pollo y los huevos

En las últimas semanas se han notificado brotes en Valencia, Mallorca y Alemania.

En las últimas semanas se han notificado brotes en Valencia, Mallorca y Alemania.
Corral de pollos en Mallorca. | Flickr/CC/Fernando Sa Rapita

El sector avícola europeo vuelve a vivir semanas de máxima incertidumbre porque a la gripe aviar, que en los últimos años ha obligado al sacrificio de millones de aves en toda Europa, se suma ahora la reaparición de la enfermedad de Newcastle, con brotes detectados en Alemania y, aquí en España, en Valencia y Mallorca. La situación amenaza con complicarse todavía más para muchas explotaciones que todavía no se han recuperado del golpe anterior y que podría encarecer aún más el precio del pollo y los huevos.

En Alemania, las autoridades confirmaron el pasado 20 de febrero el primer brote de Newcastle en aves de corral en tres décadas. El foco se localizó en una granja de pavos de engorde en Brandeburgo, donde se detectó un aumento anormal de la mortalidad en un lote de animales jóvenes. Tras la confirmación, se procedió al vaciado sanitario de la explotación y se activaron las investigaciones para determinar el origen del virus. El mensaje de las autoridades fue claro: revisar la vacunación y reforzar la bioseguridad para evitar que el problema se extienda.

En España, el Ministerio de Agricultura confirmó a comienzos de año al menos tres nuevos focos en granjas de pollos de engorde en Llutxent (Valencia), vinculados a un brote previo declarado en diciembre. Las medidas adoptadas han sido las habituales en este tipo de crisis: sacrificio de las aves, inmovilización de explotaciones, zonas de protección y vigilancia y controles exhaustivos en decenas de granjas del entorno. En Mallorca, los servicios veterinarios también han reforzado la vigilancia ante la detección de casos en aves salvajes, con el objetivo de evitar que el virus se propague a otras explotaciones de la isla.

Pero más allá del impacto sanitario, la preocupación en el sector es económica. Cada brote supone un coste directo para los productores: animales sacrificados, semanas —o meses— de inactividad, gastos en limpieza y desinfección y pérdidas de ingresos difíciles de asumir para explotaciones medianas y pequeñas. Todo ello en un momento en el que muchas granjas aún arrastran las consecuencias de la gripe aviar: menor producción, inversiones forzosas en medidas de seguridad y una gran incertidumbre sobre el futuro.

A este escenario se suma un efecto que ya nota el consumidor: la subida del precio de los huevos. La reducción del número de aves en producción, junto con el aumento de los costes de alimentación, energía y bioseguridad, ha presionado al alza los precios en los últimos meses. El temor ahora es que la aparición de nuevos brotes de Newcastle agrave todavía más la situación y termine trasladándose de nuevo al bolsillo de los ciudadanos.

Sin riesgo para los humanos

Las autoridades sanitarias recuerdan que el riesgo para la población general es muy bajo. El virus afecta casi exclusivamente a las aves y no se considera peligroso para el consumo de carne de pollo, pavo o huevos correctamente cocinados. En casos muy puntuales, personas con contacto directo y continuado con aves infectadas (trabajadores de granjas o de mataderos) pueden desarrollar una leve conjuntivitis o irritación ocular, que suele remitir sin complicaciones en pocos días.

Mientras tanto, las autoridades insisten en que la prevención es la mejor herramienta: vacunación al día, control estricto de accesos a las granjas y vigilancia constante ante cualquier aumento de mortalidad o bajada de rendimiento.

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