
Los riesgos derivados de la situación en el Golfo Pérsico, trascienden la escalada bélica y su afectación a los mercados. El conflicto y su duración amenazan con desatar una reacción en cadena que termine golpeando uno de los principales problemas que enfrenta occidente: la inflación.
Aunque son abrumadora mayoría los analistas que dan por cerrado el capítulo de los precios, después de que éstos se estabilicen en el entorno del 2% tanto en Europa (el 2,2 en el caso de la subyacente) como en EEUU (por encima del 2,4%), lo cierto es que los bancos centrales mantienen en la recamara la bala de una nueva subida de tipos de interés ante el riesgo de que el capítulo de los precios vuelva a darnos un susto.
El deterioro de la moneda es una realidad implacable que, como gota malaya, va erosionando nuestro poder adquisitivo dentro de nuestros propios bolsillos. El problema es que los eventos que hemos vivido en las últimas dos décadas no invitan a ser optimistas respecto a si esa gota malaya se va a volver grifo abierto, o si, en cambio, conseguiremos cortarlo de manera más o menos efectiva.
El precio del oro, por encima de los 5.400 dólares la onza, es una de las señales de aviso fundamentales respecto a la desconfianza que hay en las grandes divisas: el dólar y el euro. 10 años con tipos 0 o negativos tanto en Europa como en EEUU -estrategia seguida por los bancos centrales para tratar de salir de la crisis financiera que derivó de la crusis subprime- disparó la masa monetaria a disposición en EEUU y en Europa y eso, en sí mismo, es inflación.
¿Puede esta guerra desatar la tormenta inflacionaria?
Muchos analistas hacen números en estos momentos para tratar de averiguar hasta qué punto nos podemos encontrar ante importantes riesgos inflacionarios.
En Libre Mercado nos hemos puesto en contacto con Joel Grau, inversor, consultor marítimo y profesor de shipping en Deusto, un especialista precisamente en el análisis del mercado del shipping, el comercio vía marítima, cuya afectación es clave para entender las dinámicas que están sucediendo en estos días.
Grau advierte de que el estrecho de Ormuz no está oficialmente cerrado, aunque, con poco tráfico, lo que ha sucedido es que la mayoría de los barcos que circulan por el estrecho están en puerto o en zonas de anclaje hasta que se aclaren situaciones clave para ellos y que pasa por los seguros mutualizados con los que trabajan.
En el momento en que comenzaron los ataques, "las pólizas de los barcos entraron en stand by" y retiraron las coberturas, lo que hizo que los barcos se pararan. En situación de guerra, las aseguradoras, que están mutualizadas por los propios armadores, tienen que reconsiderar las coberturas que ofrecen a los operadores y establecer los sobrecostes en los que van a tener que incurrir para gozar de las coberturas deseadas. Estos sobre costes, en muchos casos, suponen subidas de más del 50%. "Cuando eres un fletador no te vas a arriesgar a que te hundan una embarcación", decía Grau, por eso "hasta que no esté todo bien asegurado, no van a continuar".
Pero es que del estrecho de Ormuz no sólo sale una quinta parte del Oil and Gas que se consume en el mundo, sino que también se opera con un tercio de las materias primas necesarias para el mercado de fertilizantes, lo que afectaría directamente a las explotaciones agrarias de medio mundo. "Esto puede avanzar un problema de suministros de amonios y ureas, que afectaría a las rentabilidades de las cosechas a nivel global y, evidentemente, también tendría un efecto directo sobre los precios de las comodities alimenticias", advertía Grau.
Dicho esto, si empezamos a ver subir los precios del crudo, el gas, los fertilizantes y "las cosas de comer", estaríamos ante una batería de catalizadores inflacionarios subiendo súbitamente.
¿Qué probabilidades hay de que se produzca este escenario?
Todo va a depender de la duración de las hostilidades y de lo que se enquiste el conflicto. Si finalmente se resuelve en unos pocos días, las posibilidades de este tipo de escenarios se reduce notablemente. Sin embargo, como se prolongue en el tiempo, parece claro que volveremos a vivir una espiral inflacionaria como la que vivimos entre los años 2021 y 2022.
"No descarto que veamos subidas del gas del 100%", si la situación se prolonga y se produce una retirada de tanqueros importante, decía Grau.
Las tuberías y el mar Rojo
Grau advertía, no obstante que existe una alternativa al transporte de materias primas por mar en el estrecho de Ormuz, y son las tuberías que tanto Arabia Saudí como Emiratos Árabes tienen para evacuar mercancías hacia el mar Rojo. Una capacidad que alcanzaría la mitad de lo que se transporta por mar. Sin embargo, esta alternativa tiene su propio riesgo, que son los piratas hutíes que operan en el mar Rojo y que vinculan su actividad a la defensa del régimen de los ayatolás.
Así, bajo esta lectura, no podemos descartar que este conflicto busque la forma de golpear a la tranquila Europa vía precios.

