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Madrid

Félix Bolaños, el hombre que mató a Iván Redondo

Serio, discreto y fiel. Bolaños emerge en el nuevo esquema de poder de Moncloa. Y el partido lo celebra. "Calvo está feliz. Hemos ganado".

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Serio, discreto y fiel. Bolaños emerge en el nuevo esquema de poder de Moncloa. Y el partido lo celebra. "Calvo está feliz. Hemos ganado".
El nuevo ministro de Presidencia y Relación con las Cortes, Félix Bolaños. | EFE

"Félix Bolaños acabará con Iván Redondo pero todavía no lo sabe". La frase de una fuente socialista hace más de un mes se enmarcaba en el contexto de la batalla soterrada que se lleva librando entre Moncloa y Ferraz desde el inicio de la legislatura. La pugna por atraer al presidente Pedro Sánchez a su campo magnético ha protagonizado el enfrentamiento político de mayor envergadura de los últimos meses y el campo de batalla no era otro que el mismísimo gabinete del presidente en el palacio de la Moncloa.

En el núcleo duro del gabinete, nunca hubo un solo hombre sino dos. El primero, el mediático Iván Redondo, siempre presto a la batalla del relato, a la filtración y a la vanidosa portada informativa, sobre todo, en su propio beneficio. El segundo, Félix Bolaños, hombre silencioso cuya principal arma política frente a la filtración ha sido la discreción. Bolaños siempre ha sido el "hombre del partido", la némesis de Redondo en Moncloa, el del trabajo callado y silencioso frente a los golpes de efecto mediáticos.

Su derrocamiento de Ferraz

A diferencia de Redondo, Bolaños sí es militante del PSOE-M, y desde 2014 acompaña a Sánchez en Ferraz, primero como miembro de la Comisión de Ética y Garantías, donde demostró a Sánchez su fidelidad dos años después con el aparataje jurídico que intentó evitar su derrocamiento como secretario general del PSOE. Al presidente le gustó su "trabajo fino de jurista" pero sobre todo sus formas discretas y poco presuntuosas y le confió la secretaría general de Presidencia en 2018. Sánchez siempre le ha confiado asuntos de primera magnitud confiando en el éxito de sus labores en la sombra, empezando por el armazón jurídico de la exhumación de Francisco Franco del Valle de los Caídos. Bolaños no sólo fue quien redactó el complejo decreto de exhumación, sino que fue el interlocutor con la familia Franco, con quienes viajó en el helicóptero oficial que trasladó los restos del dictador.

La exhumación de Franco

No contó ni una palabra de lo que se habló en ese Superpuma de las Fuerzas Armadas que se desplazó desde el Valle de los Caídos al cementerio de Mingorrubio, a diferencia de la otra representante del Ejecutivo, la entonces ministra de Justicia, Dolores Delgado. Félix Bolaños respondió a los centenares de periodistas con una frase muy suya: "Entiéndeme, no puedo hablar", pero desde entonces su ascenso fue fulgurante.

Y ahí "empezó el problema". Los celos de Redondo dejaban claro que "no cabían dos gallos en el mismo corral" y el intento del gurú de Sánchez por limitar el poder de Bolaños y arrinconar al partido en la toma de decisiones del Gobierno ha sido constante y creciente. Gestos sutiles con lecturas entre líneas como el mensaje que mandó Redondo en la noche electoral catalana cuando, atrincherado en Barcelona en la última semana de campaña, acaparó la señal audiovisual del PSC y mandó citar en los agradecimientos a su número dos, Francisco Salazar. Una forma de decir: "Éste, y no Félix, es mi segundo hombre en Moncloa".

La traición del CGPJ

Hasta el punto de llegar a la traición. Ocurrió en la negociación de la renovación de los órganos constitucionales, entre ellos el CGPJ. "Iván mando a Félix a negociar con Teo para quemarlo", explican desde el PSOE. Y cuando Bolaños confiaba en el éxito de una negociación inminente, Redondo intervino en la misma filtrando dos nombres inaceptables para el PP e impensables por él mismo: los de Victoria Rosell y José Ricardo de Prada que a Bolaños le habían prometido que estarían fuera de la lista del PSOE. Cuando, constatado el fracaso, compareció Sánchez al día siguiente en Moncloa para presionar a Pablo Casado con la renovación, Iván Redondo exhibía una sonrisa pletórica que acompasaba con los exuberantes cerezos en flor de la puesta en escena de Moncloa (ideada por Redondo). En contraste, un derrotado Bolaños recibía dos palmaditas en la espalda de Redondo y huía de las reclamaciones de los periodistas: "Entendedme, no puedo hablar".

Desde entonces, todo han sido fricciones: la moción de censura en Murcia, el diseño de la campaña electoral madrileña, la asunción del fracaso electoral… cada acontecimiento político ha sido una ocasión de señalamiento de unos y otros: "La moción fue de Ábalos…", decían unos, "negoció Salazar", contraatacaban los otros. La tensión máxima llegó tras el 4M cuando la vicepresidenta, Carmen Calvo, la vicesecretaria general, Adriana Lastra, y el secretario de Organización, José Luis Ábalos, filtraban sus reproches hacia Redondo a quien atribuían la campaña "errática" del PSOE y los bandazos estratégicos que se llevaron por delante a Ángel Gabilondo y José Manuel Franco. A puerta cerrada en la Ejecutiva, Sánchez apretó las mandíbulas y frenó el debate blindando a Iván Redondo de la critica interna. Ábalos, Calvo y Lastra descartaron el "ajuste de cuentas" pero exhibían el júbilo por haber constatado el fracaso del todopoderoso consejero áulico de Pedro Sánchez.

El líder socialista logró aplacar la rebelión, pero tomó nota. Dicen que su ridículo en la cumbre de la OTAN por el paseíllo con Biden ha sido determinante en la caída del jefe de gabinete, que se atribuyó previamente el triunfo de haber logrado un encuentro bilateral que negoció personalmente con su homólogo en la Casa Blanca. Madrid y EEUU. Una conexión inesperada que "abrió la veda a tirar a Redondo por el barranco".

Redondo cae y, con él, algún sacrificio en forma de bajas coyunturales: Ábalos y Calvo. Salen de Moncloa pero "seguirán siendo el núcleo duro en el PSOE" y "Carmen está feliz". La Moncloa estará custodiada por Félix Bolaños, "nuestro hombre". Sin pronunciar una palabra, la némesis de Redondo en Moncloa emerge entre las sombras como nuevo Ministro de la Presidencia. Sin contrapesos ni perfiles políticos antagónicos. "Ha ganado el partido", explican las mismas fuentes que auguraron que sería Bolaños quien acabaría con la leyenda de Iván Redondo. "Aunque todavía no lo sepa", añadían. Y quizás aún no lo sepa. Como ocurre al final de la película de John Ford, El hombre que mató a Liberty Valance, "esto es el Oeste, amigo. Cuando se descubre la realidad de la Leyenda, publicamos la Leyenda". Y frente a la leyenda de Redondo, Bolaños ha demostrado ser la realidad.

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