De la playa a la M-30: por qué hay gaviotas en Madrid
Las gaviotas reidoras llegan a Madrid para pasar el invierno en busca de comida, agua y tranquilidad.
Madrid no tiene mar ni playa. Ya lo cantaban Los Refrescos. Y, sin embargo, basta con levantar la vista sobre la M-30, pasear por Madrid Río o detenerse en la Casa de Campo para descubrir algo que, hace no tanto, parecía impensable: las gaviotas sobrevuelan la capital como si siempre hubieran estado ahí.
Se trata de la gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus), una especie común en Europa que cada invierno abandona las regiones del norte y centro del continente para buscar climas más suaves. Y en ese mapa de destinos, Madrid se ha convertido en una parada habitual.
No vienen por casualidad. Buscan tres cosas muy concretas: comida, agua y tranquilidad. Y todo ello lo han encontrado en la capital. Embalses, ríos urbanos y lagunas artificiales funcionan como "dormitorios" improvisados. Lugares como la Casa de Campo o el entorno del Manzanares cumplen perfectamente esa función. A eso se suma una abundancia de alimento fácil —especialmente en vertederos— que convierte la capital en un auténtico buffet libre para estas aves .
La gaviota reidora: preparada para viajes largos
La gaviota reidora es un ave perfectamente equipada para sobrevivir lejos del mar. Mide entre 34 y 39 centímetros, con una envergadura cercana al metro. Es de color blanco, con las alas grises y las puntas negras. Son fáciles de distinguir porque en primavera y verano lucen un plumaje color chocolate en la cabeza, mientras que en invierno, solo una mancha oscura detrás del ojo.
Su peculiar nombre se debe a su peculiar vocalización. Emite un sonido agudo, repetitivo y algo estridente que recuerda a una especie de risa, lo que ha dado lugar a su nombre común.
En cuanto a su forma de vida, es una auténtica todoterreno: se alimenta de peces, insectos, gusanos… y también restos orgánicos en entornos urbanos. Y anidan en humedales como lagunas o marismas, con puestas de unos tres huevos entre abril y julio. Es decir, no crían en Madrid: la ciudad es, por ahora, solo su refugio invernal.
¿Las nuevas palomas?
Es cierto que estas gaviotas comen basura, pero no tienen la misma relación con el ser humano que las palomas: no buscan activamente a las personas (solo se acercan si hay comida), no forman colonias urbanas permanentes en edificios y no hay evidencia de que generen problemas graves de plagas.
Tampoco suponen un riesgo importante para la fauna: no depredan habitualmente otras aves en la ciudad y su impacto es limitado. Lo habitual es que se vuelvan algo más agresivas en época de cría, algo que tampoco supone un trastorno ya que sólo permanecen en la ciudad durante el invierno.
Sin embargo, el principal problema potencial sería el comportamiento humano: darles de comer puede alterar sus hábitos y hacerlas dependientes. No hay que subestimar la sorprendente capacidad de la fauna silvestre para adaptarse y colonizar espacios humanos.
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