La visita del Papa
Ha llegado la hora de aplicar la 'algorética' en las instituciones, limpiar el fango de la Moncloa y resetear por completo nuestra nación.
La visita del Papa a Madrid es un hito histórico. Una cita que sitúa a nuestra región en el centro del mundo y que coincide con un momento clave para reflexionar sobre hacia dónde caminamos. Madrid es hoy el faro de esa tecnología al servicio del ciudadano, una región abierta y libre que demuestra que el progreso científico solo tiene sentido si respeta la condición humana.
El desarrollo de la inteligencia artificial es un reto para la humanidad y debemos poner a las máquinas para servir a las personas. El Santo Padre lo ha advertido en su encíclica al exigir una 'algorética', un límite moral para que la innovación defienda la dignidad humana y no el control asfixiante de los gobiernos. Las máquinas no tienen corazón, pero cuando se ponen al servicio de la libertad se vuelven invencibles.
Madrid aplica esa máxima cada día. Digitalizar es hacer política útil para salvar vidas y devolver la esperanza a las familias. Lo vemos en los hospitales públicos, donde la inteligencia artificial cruza datos masivos para diagnosticar enfermedades raras en tiempo récord. Lo vemos en los montes, donde predice incendios forestales con precisión quirúrgica antes de que el fuego lo destruya todo. Innovar es, ante todo, una forma de servir mejor al ciudadano. El tiempo es sagrado y la Administración tiene la obligación de ser eficiente, transparente y profundamente humana.
Lo que no debemos permitir es el uso patético, mezquino e inmoral que Pedro Sánchez hace de la tecnología. Mientras Madrid levanta un escudo ético para proteger a sus ciudadanos, el sanchismo ha convertido la innovación en una herramienta de censura para perseguir la disidencia.
Es un insulto a la inteligencia que hace un año Pedro Sánchez presentara un Plan Estatal de Lucha contra la Corrupción y que no se haya utilizado para detectar los once casos de corrupción que asolan al Gobierno central, los 46 imputados, los más de 350 delitos y la petición de más de 1.000 años de cárcel que cercan a las siglas del PSOE.
Han preferido arrastrar la dignidad de las instituciones y utilizar los recursos tecnológicos del Estado para monitorizar, señalar y amedrentar a periodistas, medios y creadores de opinión que se niegan a someterse al régimen más corrupto de la historia de Europa.
Ese es el verdadero peligro que denuncia la encíclica: la tecnología despojada de alma y rendida al servicio de la autocracia. Pero el socialismo quiere obviar que la inteligencia artificial tiene una virtud implacable que les aterra y es su intolerancia absoluta con la opacidad.
Por mucho que el socialismo corra para delinquir y tapar sus vergüenzas, la innovación aplicada a la Justicia va a dar a los jueces las herramientas necesarias para desarmar la impunidad.
El nivel de descomposición democrática del Gobierno central ha superado los límites tolerables de cualquier democracia homologada. Ha llegado la hora de aplicar la 'algorética' en las instituciones, limpiar el fango de la Moncloa y resetear por completo nuestra nación.
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