LD (EFE) El minero Eustaquio Picachuri había llegado a la sede del Poder Legislativo boliviano al mediodía, pero no pudo superar el puesto de control de la planta baja del edificio anexo, ubicado detrás del Parlamento, donde los policías encargados de la seguridad le descubrieron los explosivos.
Los guardias no pudieron expulsar a Picachuri y, tras desalojar a los legisladores y al personal administrativo, un grupo especial de la Policía y expertos en explosivos de la Unidad de Bomberos intentaron sin éxito que desistiera de su actitud. La alarma obligó a suspender la sesión en la Cámara de los Diputados, donde en ese momento se efectuaba una interpelación al ministro de Desarrollo Económico, Xavier Nogales.
Uno de los primeros en conversar con Picachuri fue el comandante de la Policía Boliviana, Jairo Sanabria, quien constató que el ex minero llevaba una decena de cartuchos de dinamita debajo de su chamarra y en la mano derecha sostenía un detonador. El ministro de Gobierno (Interior), Alfonso Ferrufino, informó de que el desempleado reclamaba una renta anticipada o la devolución de sus aportes al sistema de jubilación y otra para la viuda de su hermano fallecido hace doce años para subsanar su falta de trabajo desde hace varios años.
