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Los ‘indignados’ convierten Sol en un poblado chabolista

A medio camino entre un poblado chabolista y una casa okupada. Esto es en lo que se ha convertido la centenaria Puerta del Sol.

FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA
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La Puerta del Sol se ha convertido en apenas tres días en lo más parecido a un poblado chabolista. Un revoltijo de tiendas de campaña, colchones, mantas y lonas atadas a las farolas que hacen las veces de zonas comunes. La zona ocupada es la central, la que circunda a la estatua de Carlos III. En torno a ella, que ha quedado totalmente inaccesible excepto para los "gimnastas" que sean capaces de alzarse sobre el entramado que sujeta las lonas, se ha establecido el asentamiento informal e ilegal.

Los manifestantes se han organizado al estilo de las casas okupadas. Han formado lo que ellos denominan "comisiones", para atender y coordinar cada una de las necesidades de la acampada. De este modo, mientras unos se dedican a la cocina, otros cubren la parte de los residuos, otros la enfermería y, los más, la "comisión" de comunicación, que consiste esencialmente en pintar carteles.

Durante el día la actividad del campamento de Sol es frenética. Cada acampado sabe perfectamente lo que hacer. Por si tiene dudas y remolonea hay un mostrador atendido por dos personas en el que se informa de las tareas por hacer y del programa del día. Hoy, por ejemplo, había asamblea general por la mañana, a la que todos estaban invitados a participar.

Aparte de la asamblea, los acampados podían ponerse con la basura o con la comida. En esta última zona había un incesante tráfico de gente. "Todo es voluntario", asegura una manifestante, "hay una serie de necesidades, y cada uno aporta lo que quiere, desde dinero en efectivo para mantener la acampada y comprar suministros hasta productos en especie o trabajo". El campamento sigue las pautas de la autogestión, un principio que rige en la mayor parte de las casas okupadas.

Con todo, la asamblea era el plato fuerte de la mañana. Entre 500 y 1.000 personas han acudido a su llamada, unos sentados sobre el suelo y otros en pie. Las asambleas funcionan como los primeros soviets, un individuo la coordina marcando los temas y va pasando la palabra a los asistentes, que dicen lo que les viene en gana. El auditorio vota entonces con las manos alzadas, pero no hay recuento, es una simple aclamación un tanto curiosa: se levantan los dos brazos y se agitan mostrando las palmas de las manos. Si el interviniente dice algo que gusta mucho a la asamblea a su discurso le sigue una cerrada aclamación y muchas manos, si es al contrario reina el silencio.

El programa "indignado"

Los acampados han estado reunidos varias horas hablando sobre lo divino y lo humano. "No se trata sólo de discutir, sino de tomar decisiones", me apunta uno de los congregados, "al final votamos democráticamente". La asamblea de hoy ha dado mucho de sí. El primero de sus objetivos es cambiar de arriba a abajo la ley electoral. No quieren saber nada de la Ley D’hondt, no quieren que los partidos puedan acceder a financiación que no sea pública, no quieren monarquía, no quieren Ley de Extranjería ni empresas de trabajo temporal.

Lo que quieren, y lo han dejado ver con sucesivas aclamaciones, es más políticas sociales, una reforma fiscal que favorezca a las "rentas más bajas", una nueva ley del suelo que facilite un alquiler universal y barato y, sobre todo, quieren que el sueldo mínimo suba hasta los 900 euros, que, ya puestos podrían haber redondeado en los célebres 1.000 euros de los mileuristas.

El movimiento ha vuelto a cambiarse de nombre, ahora se llama "Toma la plaza". Tienen ya listo el sitio web, en el que, hasta el momento han podido colgar el manifiesto fundacional y poco más. A partir de ahora esta página web será la de referencia para informarse de lo que va decidiéndose en las asambleas de Sol.

"Si lo hago yo me sacan a palos"

No todo el mundo está de acuerdo con lo que sucede en la plaza. Muchos paseantes observan atónitos en lo que se ha convertido la otrora elegante y cosmopolita Puerta del Sol. "Mira, yo sí que estoy indignado, pero por lo que ven mis ojos, ¡qué cochambre!" comenta en voz baja un viandante anónimo. "Y la policía no hace nada, esto no hay quien lo entienda, si yo acampo aquí con mi familia ya verías lo que tardan los municipales en sacarme a palos", dice otro junto a la pastelería La Mallorquina, lo suficientemente lejos de la acampada como para que ninguno de los "indignados" le oiga.

Lo cierto es que el aspecto de la plaza es lamentable. Las cuerdas sostienen ropa tendida, la parte central, lugar donde se ha instalado la cocina, huele a guisote "que echa para atrás", en palabras de una joven que trabaja en uno de los comercios de la plaza. Hay perros por todas partes, colchones, mantas, apenas queda un centímetro cuadrado libre de carteles con consignas, y el empapelamiento promete no remitir a poco que uno se pare en la "comisión" de comunicación y vea con sus propios ojos el ritmo del departamento de cartelería.

La parte más sensible de la acampada, los saneamientos, ha quedado relativamente cubierta con la colocación de dos WC químicos de tipo portátil por parte de una empresa que los ha cedido a los manifestantes. Lo que no hay son duchas. "Bueno, yo me acerco a mi casa, me pego un duchazo y luego vuelvo" dice uno de los manifestantes, "eso de que somos perroflautas antihigiénicos es una mentira difundida por los medios de la derecha", concluye.

Con o sin duchazo, lo cierto es que el campamento no brilla por su higiene. Dos barrenderos que "no se quieren meter en líos", me confirman que esta madrugada han tenido que recoger cantidades ingentes de latas de cerveza que tapizaban la plaza después de la manifestación de ayer por la tarde. Los manifestantes, por su parte, han creado un espacio para la basura. "Nuestra idea es predicar con el ejemplo reciclando los residuos" afirma uno de los que regentan el espacio.

La acampada prosigue, y lo hará, como mínimo, hasta el próximo domingo. Los "indignados" insisten que no les quedaba otro remedio: "queremos decirle a la ciudadanía que no estamos aquí por gusto, sino para conseguir un cambio que beneficie a todos".

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