La presunta implicación del primer ministro ruso, Mijail Kasiánov, en los casos de corrupción, al parecer, no extraña a nadie en Rusia, no produce escándalos, ni crisis del gobierno. Hay varias razones que explican la indiferencia de la opinión pública rusa ante la información de este tipo.
Primero: Los rusos están muy acostumbrados a que practicamente todos los funcionarios públicos, especialmente los dirigentes, son corruptos.
Segundo: Los últimos diez años, los rusos viven en un caos económico donde prácticamente no hay fronteras entre la política y los negocios sucios y limpios, entre una gestión honesta y una estafa, tanto al nivel nacional como internacional. A veces, esta confusión es premeditada, y otras se debe a la simple incompetencia de las autoridades.
A todo esto se puede añadir que Kasiánov es un hombre del presidente, Vladímir Putin, que se enfrenta últimamente con los llamados oligarcas. Estos nuevos multimillonarios deben su fortuna precisamente a la corrupción, la incompetencia del poder y el caos que reinan en el país. Son dueños de los principales medios de comunicación. Y no es de extrañar que utilicen cualquier pretexto para atacar al presidente y a sus hombres.

Rusia entre corrupción, incompetencia y caos
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