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Quién vigila a los vigilantes

La absurda payasada de las sanciones contra Austria a causa del populista Haider y el pacto “contra natura” con los democristianos, terminó como empezó: entre carcajadas y carantoñas. El presidente francés y su primer ministro salen del episodio como el gallón de Morón, sin plumas y cacareando. Haider no puede con la risa y se adorna con las plumas de los galos. Y la Unión Europea, para disimular, sugiere que se vigile a los austríacos como si fueran delincuentes en potencia y estuvieran en libertad condicional.

Nunca la UE había atravesado una etapa tan crítica: con un presidente de la Comisión sin liderazgo ni ideas, un Consejo de ministros presidido por una Francia crepuscular y una “siniestrosis” generalizada a causa de un euro ingresado en la UVI y un petróleo cada vez más caro, el barco borracho de la Unión avanza dando tumbos. Paradigma de este caos ha sido la historia de las sanciones contra Austria que ni se aplicaron ni podrán aplicarse en el futuro.

Con innegable sentido del humor, la vicecanciller austriaca y dirigente del FPÖ, Sussane Riess-Passer acaba de poner el dedo en la llaga preguntando quién vigilará a los vigilantes que los vigilan.

El próximo episodio de la catástrofe anunciada se producirá el 28 de este mes en el referéndum sobre la integración en la unión monetaria que se celebrará en Dinamarca y en el que, según todas las encuestas, el “no” saldrá victorioso. ¡Lo que le faltaba al euro! El bando de los euroescépticos (daneses y de otras latitudes) ha salido fortalecido con la historia de las sanciones. Felicidades, Monsieur Chirac.

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