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De maruja en maruja

A una reina del marujeo encargó Planeta su best-seller de la temporada. Se forraron ambos, el editor y la mal presunta firmante. Al final el negocio se fue al garete. La pasta acabará en el bolso de otra maruja más internacional y con mejor oficio: una tal Danielle Steel, creo que se llama, que aún debe andar alucinando con eso de que en los confines de África los plagios se hagan mediante fotocopia –o scanner, que es más moderno y ahorra una pasta en mecanógrafa–, sin la molestia siquiera de cambiar una coma o un adjetivo. La maruja era ágrafa, como bien corresponde a una reinona de la tele. Así que hubo que ponerle un negro con el alma no demasiado blanca. Más bien desalmado, el negro. Supongo que se sintió mal pagado y decidió arruinar a la negrera: ¡la lucha de clases es la lucha de clases, digan lo que digan Fukuyama y las porteras!

Corrige el tiro, ahora, Planeta con su suculento premio-fraude de todos los años. De nuevo, una maruja. Y es que los estudios de mercado no mienten. Las novelas, para que la señora foca del tercero se las compre, deben estar escritas: a) por humanos de sexo femenino, b) que, además, tengan un rostro identificable, ya sea en prensa o –muchísimo mejor– en tele; c) debe ser la autora, de preferencia, ilustre funcionaria de grupo de presión político-mediático que cante, de inmediato, la obra maestra; si el altavoz es el Bobelia de Polanco, miel sobre hojuelas.

Aún no superado el susto de la maruja analfabestia, Lara apuesta sus cincuenta kilos a una maruja con letras. Una pizpireta reina del marujeo ilustrado suple a una mustia reina rosa del marujeo televisivo. A lo mejor, hasta se toman la molestia, esta vez, de ponerle un corrector profesional, por si las moscas.

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