Menú

Democrático Irán

¿Quién más demócrata que el Todopoderoso? En Irán no hay más Constitución que la coránica ley del Dios Único y Misericordioso. Lógico. Porque, ¿qué humano podría mejorar los mandatos del Infinito, de Aquel en cuya perfección no es siquiera imaginable mácula u olvido? No hay lugar a la política allá donde la teología –y, más profundo aún, la creencia en el solo Dios– impera.

En Irán, doy un ejemplo, una señora osa hacer de sus genitales uso no conjugado con los muy sacros genitales de su esposo. ¿Qué manda el Altísimo? Que la lapiden. ¿Quién osaría discutir tan elevado designio?

El espectáculo es público. Alguna que otra vez se ha practicado –según los informes de las tan descreídas organizaciones defensoras de derechos humanos– en estadios. La sacrílega es enterrada hasta los hombros. El poseedor del genital ofendido lanza el primer pedrusco e invita a colegas y familiares a participar en la juerga. La fiesta continúa hasta que de la cabeza de la réproba no queda más que una fina papilla. Dios, entonces, el Altísimo a cuya misericordia todo se halla encomendado, acoge la oblación y se relame en ella. El honor del propietario del genital humillado resplandece de nuevo, como recién pasadito por el lavavajillas del espíritu. ¡Alá es grande!

En Irán impera la sagrada teología. Todo sujeto lo bastante loco para pensar que puede su voluntad política suplir a la de Dios, proponiendo elecciones o cualquier otro procedimiento de suplantación de lo divino por lo humano, ha de pagarlo con la vida. Es justo que así sea. Justo que muerda el polvo un escritor –Rushdie como cualquier otro– que ose competir con el Autor del Libro, el Único.

En Irán nadie ha obligado a Ana Botella a ponerse un chador. Fantástico. Su santo esposo ha sabido valorar el gesto. Irán avanza vertiginosamente hacia la democracia, Aznar dixit

0
comentarios

Servicios

  • Radarbot
  • Curso
  • Inversión
  • Securitas
  • Buena Vida
  • Reloj