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Dos lenguajes

No faltaba nadie. En la manifestación que se ha vivido en Madrid, a favor de la paz y en contra de ETA, estaban todos. En esta ocasión no hablamos de líderes políticos ni sociales. Ni siquiera hablamos de los miles de ciudadanos que se han manifestado contra el terrorismo. En esta ocasión hay que mencionar a los que han estado sin estar. Nos referimos a las víctimas, una larga lista que se acerca tristemente al millar. Ellos también han estado presentes en las calles de Madrid.

El silencio, el respeto y el recuerdo imborrable han conseguido que las víctimas se sitúen en la primera línea de la manifestación. Y esto ha ocurrido en vísperas de que muchas familias, precisamente, acudan a los cementerios a recordar a aquellos que sin quererlo -sin saberlo- se encontraron un día con el coche bomba o con el tiro en la nuca. Muchos que, de forma prematura, nos dejaron por la sinrazón etarra.

En Madrid han estado todos porque siempre estarán en la memoria. Han estado las víctimas pidiendo paz y coherencia a políticos y ciudadanos.

Han estado todos –decía- pero no es verdad. Han faltado los de siempre. Han faltado aquellos que tenían que estar pero que ya se han alejado. Ha faltado el nacionalismo vasco: la página más triste de la historia reciente de España. Ellos ya no hablan el mismo lenguaje, el lenguaje de la calle y de las víctimas. Y lo que es peor, los demás ya no les entendemos.

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