Los norteamericanos miran atónitos el espectáculo de los debates ante tribunales de diversa jurisdicción, con juicios que se multiplican y sentencias ininteligibles.
Hace ya tiempo que la gente tiene poca confianza en el sistema legal del país que produce indemnizaciones ridículas de miles de millones de dólares a unos y absuelve a personas evidentemente culpables de crímenes horribles. Pero si los recelos se dirigían a los abogados, ahora se ampliarán a los jueces que se esconden tras los adjetivos para no mojarse y emiten sentencias que no resuelven nada.
El martes, un juez dictaminó que se respete un plazo…que se puede revisar, con la recomendación de evitar "arbitrariedades". Este miércoles, otro juez renunció a intervenir en la validez del sistema de recuento, pero advirtió a los responsables que actúen con "justicia" y la única sentencia decisiva, del Tribunal Supremo de la Florida, vino de unos letrados demócratas…presididos por uno de los miembros del colegio electoral de la Florida, comprometido con Gore.
Lo que la gran disputa habrá conseguido es que la gente tome conciencia de los problemas del sistema jurídico del país: junto a los abogados que incitan a los posibles clientes a pedir indemnizaciones de las que ellos cobran la mitad, están los jueces elegidos por los líderes políticos y tan pusilánimes a la hora de enfrentarse a sus patronos políticos que sus sentencias son inútiles o inaplicables. Igual que Salomón, la justicia la han de aplicar los interesados y, como en Delfos, es imposible entender lo que dicen. Es como una perfecta conspiración de juristas en que las sentencias de unos justifican los honorarios de sus intérpretes.

De Delfos a Salomón
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