Tras restablecer los principales símbolos del imperio soviético: su himno y su bandera –esta última, por el momento, sólo para el Ejército–, Putin sigue adelante. Ahora se trata de devolver a Rusia el símbolo de la política exterior soviética: su patética amistad con Fidel.
Para asegurarse una buena acogida por el senil dictador, el mandatario ruso arremetió contra Washington por su boicot a la isla. Asimismo, declaró que “no puede perderse el potencial acumulado”, en alusión a los viejos tiempos, cuando Cuba cumplía su función del enclave belicista del Kremlin a pocos kilómetros del litoral estadounidense.
Así que no se trata de un simple viaje de negocios para vender un par de “kaláshnikov”. Con los símbolos reanimados regresa la vieja política. Adiós a los tiempos de Yeltsin. Ya no veremos a Rusia bailando “kalinka” al estilo de un oso amaestrado. No la veremos más apoyando las sanciones internacionales contra Bagdad y Belgrado o escuchando los consejos de Madeleine Albright.
Putin arrasa. Al “amigo” Tony le tiene comido el coco. A Chirac, con toda su “grandeur française”, le tiene en el bolsillo. Madrid le rinde homenaje dictando prisión incondicional a Gusinski. Y el Banco Mundial le abre su caja para más créditos, muy útiles a la hora de financiar la “operación antiterrorista” en Chechenia.
Y el pueblo ruso, entusiasmado con esta operación y la caza de los oligarcas-chorizos, da el máximo apoyo a su política. Según los sondeos, la popularidad de Putin es muy superior a la de sus antecesores y es comparable sólo con la del padre Stalin... ¡Una siniestra comparación!

Visita a Cuba: Putin arrasa
Servicios
- Oro Libertad
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida