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¿A quién le sobran 18 mil millones de pesos?

Los legisladores del PRI proponen que los estados reciban 18 mil millones de pesos más de lo previsto en el proyecto de presupuesto que presentó el gobierno federal. Pero hasta ahora nadie ha definido de dónde saldría ese dinero, ¿a quién le quitamos? ¿Está usted de acuerdo en que se le den más recursos en el presupuesto federal a los estados? Así formulada es una pregunta inútil porque presupone que tales recursos están disponibles.

En forma esquemática podemos hablar de dos estrategias radicalmente opuestas en la formulación de un presupuesto del gasto público. La primera estrategia, favorita de los políticos, es ¿cuánto deseamos gastar? La respuesta, llevada al extremo, se acerca al infinito. La segunda estrategia es ¿cuánto dinero podemos gastar sin desquiciar al país? Deseos contra límites. Mundo virtual contra mundo real. Recuerdo la propaganda de una tarjeta de crédito bancaria hace años: “todo con el poder de su firma”. ¿Todo?, ¿hay firmas omnipotentes? Es el mundo de los deseos. No hay firmas omnipotentes, ni siquiera la del “Señor Presidente”. Es el mundo real.

Así, genéricamente, suena bien darles más recursos a los estados. Como suena bien destinar más recursos públicos a la educación, la salud, la vivienda, a los niños de la calle, a la seguridad pública, a la comunicación y difusión de propósitos y logros del gobierno, a la creación de más empleos... El problema es que existen los límites. Si los recursos no fuesen escasos, la economía sería una vacilada.

El problema es que Lord Keynes “inventó” un mecanismo aparentemente aceptable para transgredir esos límites. Nació la macroeconomía bajo la premisa de que aquello que es cierto en la vida de individuos, familias y empresas (la restricción presupuestal dura: no se puede gastar lo que no se tiene), no necesariamente es cierto en el mundo de las economías nacionales y soberanas. En la microeconomía se sufre, en la macroeconomía se gasta.

El paradigma keynesiano que podría resumirse en la frase “podemos y eventualmente debemos gastar lo que no se tiene para estimular la demanda y el crecimiento de la economía”, resultó trágicamente falso. Sí hay consecuencias dolorosas para las naciones que gastan lo que no tienen (recurriendo al endeudamiento o a la emisión de dinero) y además somos incapaces de promover la idílica economía nacional equilibrada en pleno empleo, mediante la inyección de gasto público. Por eso los economistas “macro” convencionales dedican la mitad de su tiempo a pronosticar crecimientos, y la otra mitad del tiempo a explicarnos por qué fallaron los pronósticos.

A estas alturas del partido, nadie puede comprobar que “x” volumen de gasto público promueva “y” crecimiento. Ojo, comprobar no es construir un modelo matemático en el que cuadre el pronóstico, sino verificar crudamente el pronóstico con la dura realidad posterior al pronóstico. Lo malo es que generaciones de economistas, primero, y generaciones de políticos y comunicadores, después, fuimos formados de una u otra forma bajo el paradigma keynesiano: “Lo macro es otra cosa”. La trágica ironía es que hoy lamentamos que lo “macro” no se refleje en lo “micro” de todos los días y de los simples mortales.

Volvamos al asunto pedestre y sencillo de los 18 mil millones de pesos adicionales que demandan los legisladores del PRI para los estados. Visto que este proyecto de presupuesto, construido a caballo entre la administración que salió y la que se estrena, tiene límites insalvables, el asunto es encontrar de dónde vamos a sacar el dinero que se pide y no nada más declarar, demagógicamente, que sería lindo tenerlo.

Mis mejores deseos para que encuentren a quién le van a quitar, en las asignaciones del presupuesto, esos 18 mil millones de pesos. Hagan la tarea completa: informen con la misma vehemencia en qué se va a gastar, cómo se va a verificar la eficacia de ese gasto y por qué es mejor destinarlo a los estados que a tal o cual partida. Si lo hacen, felicidades. Para eso los eligieron. Si no pueden hacerlo, no anden de habladores.

© AIPE

El mexicano Ricardo Medina Macías es analista político.

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