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Por el bien de todos, se acabó la siesta

El primer mes del año no ha tenido desperdicio desde el punto de vista político. El arranque nos ha ofrecido entregas para todos los gustos. Para empezar, hemos encontrado un Gobierno desconcertado y sin iniciativa ante sucesivos problemas, que lejos de buscar soluciones se complica la vida cada vez más, con poca coordinación y menos acierto.

En el banco de enfrente, una oposición lenta de reflejos, poco rodada, que cuando se ha querido dar cuenta ha metido todo en el mismo saco. Ha creído que las “vacas locas”, el submarino Tireless y las polémicas provocadas desde el mundo judicial se pueden medir con el mismo rasero, y se ha equivocado de camino.

Se ha visto un Gobierno lento, adormilado por la mayoría absoluta y que ha tardado en coger el ritmo frente a una oposición sin rodaje, que no ha sabido entender que debe articular una estrategia en ocasiones comedida y en otras apabullante.

Consumido ya el mes de enero, parece un buen momento para la reflexión. Unos y otros deberán aprender la lección de unas semanas poco afortunadas. Pero, sobre todo, no deben perder de vista que los ciudadanos no han de pagar el pato de los errores y las desidias políticas.

La enfermedad de las “vacas locas” ya ha sido utilizada políticamente; ahora, se trata de que Gobierno y oposición busquen fórmulas para preservar la salud de todos. La justicia, uno de los grandes agujeros negros, no puede seguir siendo motivo de disputa mediática por los dos grandes partidos políticos. Nos interesa a todos y, por lo tanto, no puede ser motivo de enfrentamiento.

Por el momento, el espectáculo ha sido pobre. Ahora en febrero, con el curso parlamentario en marcha, esperemos que unos y otros se espabilen. No estamos para siestas.

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