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Vivir es ver volver

Has vuelto a casa es el título de un libro de relatos de Kirsty Gunn, autora de dos novelas, Lluvia y El recuerdo , que han tenido éxito editorial, sobre todo la primera.

La primera impresión que se tiene al leer este libro es la de extrañeza, como si uno no esperara encontrarse en un mundo tan uniformemente amenazador y tan sórdido. Personajes siempre atrapados en un pasado cuya indagación constituye la materia del relato. Ese desentrañar las raíces del mal atrapa al lector, pero no sirve de consuelo. Las cosas son como son, y nadie escapa a ellas “¿Alguien puede evitar volver a casa?”, dice uno de los personajes, condenado, como los demás, a ese viaje hacia atrás que nada resuelve.

Se es infeliz desde siempre, desde antes. La infancia, aquello con lo que los personajes topan en sus recuerdos, arroja una luz sombría. Frente al mito de la felicidad infantil, los niños de Kirsty Gunn saben que la amenaza ya está en sus juegos, en la belleza del paisaje, en las personas que los quieren. La vida se hace añicos desde el comienzo.

No son todos los relatos –para ser justos– iguales en calidad, aunque sólo alguno pueda considerarse flojo. Tal vez, los más sorprendentes sean los dos primeros, agrupados bajo el título “Ligera de equipaje”. La comunidad de personajes y la continuidad en el tiempo quedan alterados por el cambio de perspectiva. En el primer episodio, una mujer ha roto con un matrimonio opresivo, ha tomado a sus tres hijos y ha emprendido un viaje –el viaje de todos los relatos– a la casa de su infancia. “Puedes hacer lo que quieras con tu vida”, son las luminosas palabras que suenan en sus oídos, como en los de tantas heroínas desde que la Nora ibseniana diera su famoso portazo. En el segundo episodio, aparece aquello que el telón velaba en Casa de muñecas . No estamos ante una materialización de ideas, sino ante lo que parece un grave desequilibrio mental. La liberación como un sarcasmo que arrastra a los niños a la desgracia. La mayor, Mary Susan, que comprende ya para siempre, sabe que lo único que queda es el silencio: no hacer preguntas, no contestarlas. Cerrar a cal y canto las puertas y ventanas de la casa.

El mérito de Kirsty Gunn estriba en haber encontrado el tono con que traducir este universo sin caer en la grandilocuencia. Lo terrible (la muerte de la madre, el descubrimiento de la homosexualidad del padre, la minusvalía mental de una hermanita) se hace apenas explícito, y sólo en la medida en que lo exige el cañamazo de la trama. El resto es una superposición de tiempos y voces que se ofrece como un misterio en cada relato. “Hay algo, y no está demasiado lejos”, dice uno de los protagonistas. Las palabras son como los recodos del paisaje omnipresente en el libro, hermosas, desnudas e inevitables. Como la vuelta a casa.


Kirsty Gunn, Has vuelto a casa , Alianza Editorial, Madrid, 2000.

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