El nuevo y brutal asesinato de ETA sitúa a los nacionalistas al borde del precipicio, y a los partidos nacionales ante una responsabilidad inexcusable. Con esta nueva barbarie, son los terroristas quienes aprietan las clavijas del PNV y de EA, sitúan a los líderes de estos dos partidos entre la espada y la pared, apagan los contradictorios argumentos de los nacionalistas y dejan en evidencia a un Ibarretxe tan desorientado como patético.
Con este nuevo asesinato, los terroristas ponen al PP y al PSOE ante la única salida posible. Esta consiste en buscar de forma conjunta, y con el refrendo de las urnas, una salida a la crisis vasca. Este nuevo acto criminal debe diluir cualquier intento –especialmente entre los socialistas– de buscar fórmulas de Gobierno de la mano del PNV. Una fórmula experimentada en otros tiempos no muy lejanos, que situó al PSE como la cuarta fuerza política en votos en las anteriores elecciones autonómicas. Algunos socialistas exponen en público algunos reparos para formar un hipotético Gobierno con el PP; estos mismos que se resisten se olvidan de que la alianza durante años con el PNV y con EA en el Gobierno Vasco les llevó, con el paso del tiempo, a una perdida de peso especifico en el Parlamento de Vitoria. Pero, sobre todo, precipitó la desaparición de un mensaje claro y diferenciado. Algunos socialistas tienen miedo de acercarse al PP en el País Vasco y no aceptan, precisamente, que la cercanía a los nacionalistas durante años haya sido el verdadero motivo de muchas de sus desgracias.
La inhumana y asesina actitud de ETA coloca al PP y al PSOE en el camino del entendimiento. No es momento para discusiones mezquinas y pueblerinas. Es el momento de entenderse todos los demócratas para devolver la paz y la libertad a los vascos. Hablamos de pura responsabilidad política.

La responsabilidad de los demócratas
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