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Tráfico de armas y narcóticos

Luis Fernando da Costa, más conocido en Brasil por su apodo, Fernandinho “Beira Mar”, es en estas fechas uno de los delincuentes más buscados por la policía federal de este país; hombre de unos 30 años, nacido en una favela (barrio de emergencia) de Río de Janeiro, se elevó en el crimen organizado hasta controlar buena parte del tráfico de armas y narcóticos de esa ciudad.

En 1997 “escapó” de una cárcel de máxima seguridad en el estado de Minas Gerais, recapturado en 2000, escapó por segunda vez. La organización de Beira Mar se extiende por Río de Janeiro, pero opera también en Paraguay, Perú, Jordania y Surinam, traficando tanto con armas como con cocaína.

Mientras tanto, el 11 de Febrero pasado, sin ningún aviso, una docena de helicópteros del ejército colombiano aterrizaban simultáneamente en un área selvática a unos 500 kilómetros al este de Bogotá, conocida como Barranco Mina, muy cercana al curso del río Guaviare, dando comienzo así a un puente aéreo que pondría en el terreno mas de 3.000 soldados. El objetivo de la operación Gato Negro era golpear el centro de las finanzas y la logística de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).

La importancia de la zona había ido creciendo en los últimos años, hasta el punto de convertirse en la fuente de casi el 80% de los ingresos de las FARC provenientes del narcotráfico. Durante 1997 se hizo cargo del frente 16 de la guerrilla un personaje ascendente en la conducción de los terroristas conocido como “el Negro Acacio” (Tomas Medina Caracas) quien pasó a ejecutar la idea de montar una base segura para el negocio de la cocaína en un punto geográfico que además permite controlar el llamado “corredor Orinoco”, punto de entrada de los cargamentos de armas.

En poco tiempo, el Negro Acacio se había convertido en el hombre clave de las FARC en sus relaciones internacionales con el narcotráfico, y simultáneamente manejaba buena parte del abastecimiento de armamentos livianos para la guerrilla. Los informes consignan que de las pistas de aterrizaje bajo su control se registra un promedio de unos 80 vuelos mensuales de aeronaves provenientes de Surinam, Venezuela, Brasil, Perú y Paraguay.

La operación montada por las FARC no se limita al cobro de impuestos a los narcotraficantes como ellos afirmaron reiteradamente. El 4 de Marzo pasado, fuerzas del ejército capturaron un enorme laboratorio con una capacidad de producción de entre 3 y 5 toneladas de cocaína al mes y abundante documentación.

Las tropas llevan destruidos hasta ahora más de 30 laboratorios “básicos” (donde se procesa la hoja para convertirla en pasta) y al menos 9 de los conocidos como “chongos”, capaces de refinar la pasta base en cocaína en polvo de un 99 por ciento de pureza. Las FARC compran las hojas de coca de los campesinos cultivadores (incluso proveen el financiamiento necesario para producirla) y la convierten en pasta base, para luego llevarla a procesar a “chongos” propios o de terceros; finalmente venden la cocaína a los traficantes quienes vuelan a Surinam, Perú o Brasil.

En este punto es donde aparece un brasileño inicialmente identificado como Don Álvaro por los lugareños; un hombre que se desplaza acompañado por una docena de guardaespaldas de las FARC y socio privilegiado del Negro Acacio, a quien proveyó en los últimos tiempos de no menos de 600 rifles y unas 2.500 pistolas a cambio de cocaína.

Don Álvaro resultó no ser otro que Luis Fernando da Costa, “Fernandinho Beira Mar” operando con aviones y helicópteros desde las pistas controladas por el frente 16. Hoy Beira Mar y el Negro Acacio tratan de eludir el cerco tendido por las tropas, mientras que el liderazgo de las FARC afirma que la organización nada tiene que ver con el narcotráfico.

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