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Cuidado con los teléfonos

El propio Martín Villa, en cuya época se creó el Cesid, ha reconocido en ocasiones que el Centro Superior de Información para la Defensa nació para realizar actividades que estaban en el filo de la navaja, bordeando siempre la ley. Este viernes el Supremo ha confirmado que Manglano se cortó con la navaja o por lo menos que, como responsable del Cesid, vulneró la legalidad al autorizar las escuchas telefónicas ilegales.

La confirmación de la condena no ha supuesto para Manglano ninguna consecuencia práctica porque está ya en la reserva. Sin embargo, la sentencia del Supremo es un lunar negro en su brillante historial militar.

El viernes el Supremo ha argumentado que no se puede, en aras de la seguridad nacional, vulnerar derechos fundamentales como es el derecho que tiene una persona a hablar por teléfono sin ser escuchada. Sobre todo cuando el contenido de las conversaciones y las personas afectadas no presentaban sospecha alguna de actuación delictiva.

A partir del viernes también hay que recordar la asignatura pendiente del Gobierno. En el juicio de las escuchas quedó muy claro que El Cesid después del año 91 siguió grabando conversaciones telefónicas sin autorización judicial. Lo insinuó, en una de las sesiones, el coronel Enrique Conde, responsable de la dimisión de Transmisiones. ¿El Gobierno ha regularizado de alguna manera los Servicios secretos? ¿Podríamos asegurar que no se siguen grabando y almacenando sistemáticamente las conversaciones telefónicas?

Como siempre suele ocurrir, sobre todo en los procesos judiciales, aquí son los débiles los que salen peor parados. La sentencia de las escuchas no afecta para nada ni a Manglano ni a Perote, pero sí ha perjudicado a los cinco miembros del Cesid que también fueron condenados. Cuatro de ellos son militares y la sentencia les ha acarreado el pase automático a la situación de retirado; al ser jóvenes, les ha quedado una pensión muy pequeña. Y ellos ni pusieron la navaja ni marcaron el filo. Hoy como ayer, tendremos que controlar lo que contamos por teléfono. En los 80 eran muy pocos los que disponían de teléfono móvil. En 2001, hay en circulación 23 millones de aparatos.

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