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Normalizar el CESID

El ministro de Defensa que consiga normalizar el CESID habrá alcanzado aprobar, desde luego, el examen más complicado de este Ministerio en la joven democracia española.

El Servicio de Inteligencia, posiblemente por sus objetivos, tiene ese toque oscuro que conlleva el siempre poco concreto trabajo de los “espías”. Quizá por ello no es momento para remover el pasado con el único placer de constatar una historia más cercana a la tristeza que al orgullo. Es momento, eso sí, de construir un nuevo CESID en todos sus términos.

El primer requisito imprescindible será desgajar del Ejercito toda la estructura de Inteligencia; o lo que es lo mismo, romper con una estructura heredada de la época franquista. No es suficiente con nombrar un director que sea civil, no es suficiente con encalar la fachada. Hay que remover los cimientos para construir un edificio radicalmente distinto.

Además, como segunda gran cuestión, habría que preservar al CESID de los divertimentos de algunos que, durante años, han jugado y siguen jugando a “espías”. Un juego que se ha podido observar en los Ministerios, en las Embajadas, en los medios de comunicación: una larga lista de lugares inverosímiles donde se realizaba un trabajo orientado al servicio político del Gobierno de turno, más que al trabajo serio de la seguridad nacional.

Cuántos libros de batallas y batallitas se podrían escribir de “agentes” del CESID metidos a detectives privados. Cuánto dinero público se ha malgastado y cuántas horas de trabajo se han infrautilizado orientadas exclusivamente a espionajes caseros.

Ya es hora de que el CESID deje de lado estos trabajos inauditos. Ya es hora de que a los ciudadanos españoles corrientes y molientes no se nos pase por la cabeza ni la más remota posibilidad de ser espiados por caprichos personales o políticos.

Una rémora, una costumbre llena de viejos “tics” que, sin duda, se los tiene que tomar en serio el ministro de Defensa, Federico Trillo, si realmente quiere acometer en serio la reforma del CESID. Un trabajo duro y difícil que no ha tenido un buen preámbulo cuando el propio ministro juguetea con un jeroglífico para dar el nombre del nuevo director. El CESID no está para adivinanzas, suficiente tiene con lo que tiene.

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