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El exterminio de las ideas

La dimisión de los últimos concejales que le quedaban al PSE en Zumárraga nos vuelve a situar otro día más en la penosa situación de la sociedad civil, de los ciudadanos de a pie en el País Vasco. Es un ejemplo de la prohibición real que existe: no hay libertad de pensamiento, no hay libertad de expresión. Nos volvemos a encontrar de bruces con la dictadura de las ideas; con la aniquilación de todo lo ajeno, de aquello que no coincide con los principios de los dictadores. La dimisión de todos los concejales socialistas en esta localidad guipuzcoana es un ejemplo más de la dictadura del miedo a ETA. Una dictadura que se está desarrollando con el beneplácito interesado del nacionalismo, y que está provocando el exterminio de las ideas.

El camino que el nacionalismo vasco ha emprendido en esta última legislatura tiene como único destino el precipicio. Es una obviedad de la que es difícil no darse cuenta. Los dirigentes del nacionalismo vasco han abandonado los principios que durante años han mantenido desde el Gobierno de Vitoria. Y han entrado en una complicidad con el entorno radical que está conduciendo a la sociedad vasca al descontrol y al desconcierto. Una sociedad en la que el debate gira en torno a la seguridad y a los escoltas, es una sociedad que tiene de raíz una profunda enfermedad. Una enfermedad que todavía ofrece remedio, pero que puede convertirse en incurable si no se aplican los tratamientos adecuados. Y esa enfermedad, por supuesto, no tiene como culpables a los afectados, centenares de miembros del PP y del PSOE. Los responsables están en las filas del nacionalismo que se ha acercado al radicalismo más peligroso, con un instinto de mera supervivencia, sin calibrar el daño que está haciendo a toda una sociedad.

En el País Vasco hay miedo, se vive con miedo, se siente el miedo, se palpa el miedo. Se ha convertido en algo cotidiano la vida anclada a la intranquilidad y al desasosiego. Se ha perdido la alegría, la ilusión, la sonrisa de cada ciudadano. Se convive con la tensión en casa, en el trabajo, por la calle, debajo del coche.

Un miedo permanente que, además, viene acompañado por el exterminio de las ideas. Esta prohibido pensar de otra manera que el régimen establecido. Nadie habla de cuestiones opinables. Todo el mundo duda del vecino, del compañero de trabajo, del amigo de toda la vida. Es la sociedad del miedo. Se acaba con las ideas. Se aniquila la personalidad.

Lo ocurrido en Zumárraga es una muestra más de la necesidad que tiene la sociedad vasca de salir de esta crítica situación. Una salida que tiene fecha: el 13 de mayo.

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